Gracias... Anto
2026-03-25 - 05:20
Reconocer a quienes nos cuidan. De eso va hoy esta columna. De hacer un parón en medio de tanta noticia apocalíptica y pararnos a reconocer esos gestos, grandes y pequeños, que permiten que, a pesar de todo, a pesar de las guerras, de las estupideces de gobernantes ineptos y narcisistas, la vida continúe. Porque, estoy convencida, el mundo sigue avanzando gracias al esfuerzo individual de cada uno por seguir haciendo su trabajo lo mejor que sabe o que puede. Cuando a esa voluntad de hacer le añades vocación, la fórmula es imbatible. Y brilla con luz propia. Y de eso va hoy esta columna, de dar las gracias a esa gente que le pone luz a la vida, también en los momentos más oscuros. Gente que, como usted y como yo, se levanta muy temprano cada día, a golpe de despertador. Coge el metro y lee en ese trayecto este artículo u otros, y llega con una sonrisa a su puesto de trabajo, tempranito, porque son de los de madrugar, de los de empezar pronto el día. Encienden las luces de la sala donde, en unas horas, varias personas entrarán con la esperanza de que esa sesión sea de las últimas. Hablo de los enfermeros y sanitarios que hacen que las salas de quimio de los hospitales sean lugares donde las sonrisas se impongan al miedo; donde, a pesar de las mascarillas, de las horas enganchados a un gotero por el que va entrando esa medicación que matará al ‘bicho’ saben colar esperanza, sonrisas y ganas de no rendirse. Sí, hablo de ti, Anto, y de tantas como tú. Personas que no hace falta que te conozcan para volcarse contigo, para conseguirte lo mejor, para cogerte del brazo y llevarte de la mano en ese laberinto de pruebas y de esperas. Personas que no pierden la sonrisa, aunque el día haya amanecido gris. Anto podría perfectamente estar ya en su casa y disfrutar de una merecida jubilación, pero ha preferido seguir. Porque sabe que hay gente que, cada 21 días, espera verla en esa sala, que la reciba con una sonrisa, con nuevas historias, que le haga la espera más amena... Y que saque un hueco, incluso, para mandar un mensaje a quienes estamos lejos de esa sala, pendientes de esa amiga, de su ánimo, de su siguiente sesión. Así que, a pesar de que el mundo se empeña en decirnos que es caótico y oscuro, aunque la tentación, grande, sea echarse en manos del pesimismo, hoy toca recordar que ahí fuera hay gente que logra darnos algo tan valioso en estos tiempos: esperanza. Esperanza en que somos mucho mejores de lo que nos intentan imponer. Esperanza en que hay gente maravillosa buscando ayudar. Y, gracias a eso, seguimos.