'Háptica': poética mortalidad de la imagen en Fontcuberta
2026-03-26 - 12:50
La exposición que se despliega en la sede hispalense de la Fundación Unicaja muestra un conjunto de series realizadas durante la última década y media por Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955). A lo largo de su dilatada trayectoria, se ha centrado en estudiar los conflictos inherentes a la imagen fotográfica, así como su capacidad/incapacidad para mantener el frágil equilibrio entre lo tecnológico y lo analógico, entre la invención y la documentación... La muestra resulta relevante por tratar de inducirnos a ver la foto no como dispositivo de intermediación sino como pieza con valor de fisicidad, que descubrimos táctil y plástica, no meramente óptica. De ahí el título, 'Lo háptico', como carácter a rescatar de la imagen, y las cualidades texturales que afloran ahora que el contenido ha desaparecido, resulta intrascendente o ha caído en la amnesia. La fotografía como proceso técnico productor de imágenes quizá no hubiera pasado, tras su alumbramiento, de mera curiosidad anecdótica de no ser por su capacidad para transformarse en factor de conocimiento. Bien como representación veraz de cercanas cotidianidades o lejanos mundos; bien como mecanismo asequible al alcance de cualquiera para reafirmarse en su identidad o perpetuarla en el tiempo. Esta última naturaleza es la que, en el interesante diálogo que sostiene con el comisario, defiende Fontcuberta como «consolación a nuestra finitud: nuestro cuerpo está condenado a desaparecer, pero nuestra imagen nos hará inmortales». Sin embargo, la imagen fotográfica, antaño fedataria de la verdad o, al menos, sostén de certidumbres, ha perdido toda su capacidad indubitable, puesto que hoy resulta imposible discernir la captación directa de una realidad de su manipulación interesada. Ya sabíamos de su estatuto sucedáneo, dimensión que ha mutado hasta transformarse en herramienta delatoria de la inconsistencia de una sociedad que se recrea en lo pasajero, fútil y frívolo. Fontcuberta ha venido indagando en la foto como objeto físico con memoria de su propio acontecer y transitar y no como ente etéreo, soporte inevitable, acrítico y ahistórico de una imagen, la más de las veces, absolutamente prescindible. Y lo ha hecho quizá motivado por el abuso y sobreexposición actual de la imagen secuenciada en pantalla, galería irrefrenable de nimiedades en cuyo vertiginoso carrusel resulta imposible discernir lo importante de lo contingente. El proyecto curatorial exhibe tres series por primera vez en España. 'Élevage de Poussière' (2022-24), captación a través de un microscopio electrónico de los microorganismo que han destruido documentos estatales italianos; 'Acheronta Movebo' (2016), referencia al verso de Virgilio recuperado por Freud que presenta imágenes rescatadas de archivos mineros asturianos, pero heridas por la silicosis que carcome las superficies en forma de polvo de carbón; y 'Dermis' (2018), en el cual retrata la superficie de las imágenes tomadas por Laurent del Museo del Prado a finales del XIX para ser visibilizadas en un grafoscopio. A éstas hay que sumar 'Trauma' (2015-2022), fotografías analógicas deterioradas que han perdido su valor como documento, o 'Gastrópoda' (2009-2016), curiosísima y contextual investigación sobre el efecto en las invitaciones a exposiciones artísticas, acumuladas durante meses en su buzón, al ser devoradas por caracoles.