He probado las Samsung Galaxy XR en MWC: una tecnología impresionante que aún busca su lugar
2026-03-04 - 18:53
En el Mobile World Congress siempre hay algún dispositivo que se convierte en el objeto de todas las miradas. Este año, en el stand de Samsung, ese papel lo tenían las Galaxy XR, el visor de realidad extendida que la compañía ha desarrollado junto a Google y Qualcomm y con el que quiere competir directamente con las Apple Vision Pro. No es un producto que se pueda comprar todavía en España. De hecho, ni siquiera está claro cuándo llegará a Europa. Pero Samsung lo llevó a Barcelona y organizó algunas demos privadas para que la prensa pudiera probarlo con calma, lejos del bullicio del stand. Y ahí es donde tuve ocasión de ponérmelo durante un rato. La experiencia es interesante, incluso sorprendente en algunos aspectos. Pero también deja claro que estamos ante una tecnología que todavía está buscando su sitio. El visor de Samsung para entrar en la era de Android XR Las Galaxy XR son el primer dispositivo basado en Android XR, la plataforma que Google está desarrollando específicamente para dispositivos de realidad extendida. El proyecto —conocido internamente como Project Moohan— es una colaboración a tres bandas: Samsung pone el hardware, Google el sistema operativo y Qualcomm el procesador. En términos técnicos, el dispositivo impresiona. Integra dos pantallas micro-OLED de 3.552 por 3.840 píxeles por ojo, lo que suma unos 27 millones de píxeles en total. Es una barbaridad. La frecuencia de refresco puede llegar a los 90 Hz y el campo de visión alcanza los 109 grados en horizontal. En el interior encontramos el procesador Snapdragon XR2+ Gen 2, acompañado de 16 GB de memoria RAM y 256 GB de almacenamiento. El visor pesa 545 gramos, que no es poco, pero sí es bastante menos que los 800 gramos de las Apple Vision Pro. Parte del truco está en que la batería va fuera: es un módulo externo de unos 302 gramos conectado por cable que permite usar el dispositivo durante unas dos horas —algo más si estás viendo vídeo— y que también se puede utilizar mientras se carga. El sistema incorpora también una cantidad considerable de sensores. Incluye dos cámaras passthrough de alta resolución para ver el entorno, seis cámaras orientadas al seguimiento del espacio, cuatro cámaras dedicadas al seguimiento ocular, además de cinco unidades de medición inercial, un sensor de profundidad y un sensor de parpadeo. También admite reconocimiento de iris para desbloquear el dispositivo o introducir contraseñas. A todo esto se suma un sistema de audio con dos altavoces de doble vía (woofer y tweeter) y seis micrófonos capaces de adaptar la captación de sonido según el uso. En cuanto a conectividad, el visor es compatible con WiFi 7 y Bluetooth 5.4 y también permite capturar fotos y vídeo en 3D gracias a su cámara frontal. Sobre el precio, Samsung sitúa este dispositivo en torno a los 1.799,99 dólares, lo que equivale a unos 1.500 euros al cambio actual. Por ahora solo está disponible en Estados Unidos y Corea del Sur y la compañía no ha concretado todavía cuándo podría llegar a Europa o a España. Lo primero que sorprende: es bastante cómodo Cuando te lo pones por primera vez esperas algo pesado o aparatoso. Pero la sensación fue bastante mejor de lo que imaginaba. Dentro de lo que es un visor de realidad mixta, resulta bastante cómodo. El peso está bien repartido y no tienes la sensación de llevar un ladrillo en la cara. Pero donde realmente se nota el trabajo de Samsung es en la interacción con las manos. El sistema detecta perfectamente la forma de la mano y el movimiento de los dedos. No se limita a reconocer gestos básicos, sino que ‘modela’ la mano en el entorno virtual con bastante fidelidad. Es bastante impresionante verlo funcionar. Además, los gestos son fáciles de entender. No hay una curva de aprendizaje complicada: en pocos minutos ya estás navegando por menús, seleccionando cosas o abriendo aplicaciones. La sensibilidad también está bien ajustada. No es excesivamente sensible —lo que provocaría errores constantes— pero tampoco te obliga a hacer movimientos exagerados. En general, la interacción se siente natural. Eso sí, tiene algo que para mí es un defecto. Como el visor detecta cualquier mano que entre en el campo de visión, si otra persona mete la mano delante de ti también puede interactuar con la experiencia. No es algo grave, pero sí es un detalle que me llamó la atención porque otros sistemas intentan evitarlo identificando al usuario. El visor también incorpora algunos controles físicos. Hay un botón que sirve para activar Gemini por voz y para bloquear o desbloquear el dispositivo, además de los controles de volumen habituales. Pero la idea está clara: la interacción principal es con las manos, la mirada y la voz. La pantalla es espectacular, pero la inmersión no siempre es perfecta Si hay algo que destaca de este visor es la calidad de su pantalla. Con 27 millones de píxeles micro-OLED, lo que ves delante de los ojos es, literalmente, un pantallón. Todo se ve muy nítido. Los vídeos, los mapas o los entornos virtuales tienen mucho detalle y la sensación de tener una pantalla gigante flotando delante de ti funciona muy bien. Durante la demo probé varias experiencias. En una de ellas podías navegar por Google Maps y viajar virtualmente a distintos lugares. En mi caso me llevaron hasta la Sagrada Familia de Barcelona, donde podías recorrer el entorno como si estuvieras dentro del propio mapa, o incluso entrar en Street View y mirar alrededor. También probé una experiencia en un supermercado virtual en la que ibas llenando el carrito de la compra y otra que te permitía explorar ciudades —por ejemplo, Valencia— mirando en todas direcciones. Y por supuesto pude adentrarme en el cosmos, con lo que estas gafas se ganaron un poquito más mi corazón. Además, el visor permite ver vídeos inmersivos, jugar a videojuegos o ver series en una pantalla virtual gigantesca. La calidad de imagen es realmente buena. Sin embargo, hay un detalle que para mí rompe un poco la sensación de inmersión: el visor deja un pequeño hueco en la parte inferior, cerca de la zona de los pómulos. En una habitación con mucha luz —como la sala donde hicimos la demo— entra claridad por ahí. Y cuando estás dentro de una experiencia completamente envolvente se nota bastante. No es que la pantalla se vea mal, al contrario. Se ve fenomenal. Pero ese hueco inferior genera una sensación de vacío que te recuerda que sigues estando en el mundo real. Mucha potencia... y todavía poco contenido Otra sensación que tuve al probarlo es que el hardware parece ir por delante del contenido disponible. La pantalla tiene una resolución espectacular, pero cuando empiezas a explorar las experiencias te das cuenta de que todavía hay pocas que aprovechen realmente ese nivel de detalle. En la demo había algunos vídeos inmersivos de YouTube en 3D, pero el catálogo todavía es bastante limitado. También puedes acceder a Google Fotos y ver imágenes con efecto de profundidad en tres dimensiones, algo que queda resultón, aunque no estoy segura de que tenga mucha utilidad real más allá de la curiosidad. El visor también integra Gemini, el asistente de inteligencia artificial de Google. Desde el sistema puedes interactuar con él por voz o utilizar funciones de IA como ‘Rodear para buscar’, que permite seleccionar un objeto que ves a tu alrededor y encontrar información sobre él. El rendimiento general del visor es bueno. La navegación por el sistema es rápida y la interacción con los gestos funciona con bastante fluidez. Sin embargo, durante la demo sí noté que al pasar de una experiencia a otra o al cambiar entre pestañas el sistema a veces no terminaba de afinar del todo. No es un problema grave, pero sí se percibe que el software todavía está evolucionando. También hay que tener en cuenta que Android XR es una plataforma muy reciente, así que es probable que el sistema mejore bastante con el tiempo. Conclusión: no es el dispositivo que sustituirá al móvil, pero sí parte del camino Después de probarlo durante un rato, mi sensación es bastante clara. Este tipo de visor no es el dispositivo que va a sustituir al smartphone. Al menos no en su forma actual. No parece muy probable que dentro de unos años vayamos al supermercado o caminemos por la calle con un casco de medio kilo en la cabeza. Pero eso no significa que no tenga sentido. Dispositivos como este forman parte del proceso de innovación con el que las grandes tecnológicas están intentando encontrar cuál será el siguiente gran formato de la informática personal. Cada vez interactuamos más con la tecnología sin tocar una pantalla. Con las manos libres. Con la voz. Con inteligencia artificial que entienda lo que queremos hacer. Yo misma cada vez escribo menos en el móvil y utilizo más los comandos de voz cuando puedo. Es una tendencia sobre la que nadie duda. En ese camino, un visor como este puede parecer excesivo. Pero también es una forma de experimentar, de iterar y de acercarse poco a poco a ese wearable más ligero que algún día podría sustituir al teléfono. Las Galaxy XR probablemente no sean el dispositivo definitivo. Pero sí parecen formar parte del camino que podría llevar hasta él. Y si alguien tiene recursos para explorar esa ruta, es precisamente una compañía como Samsung.