Helena Sánchez, médico agredida: «Me cogió la cabeza y me la estampó contra el suelo»
2026-03-10 - 10:33
Era 8 de diciembre, festivo nacional. Helena Sánchez, médico de urgencias, estaba de guardia en su puesto en el hospital comarcal de Puertollano (Ciudad Real). Una jornada como cualquier otra que transcurría con normalidad, con momentos intensos, en los que parar cinco minutos era imposible, y otros más calmados. Pero alrededor de las ocho de la tarde una agresión por parte de un paciente le provocó el peor recuerdo de su experiencia profesional, así como una serie de secuelas que a día de hoy todavía sufre. El paciente, esta médico, ingresó en urgencias por lo que parecía un síndrome de abstinencia. Debía quedarse ahí unas 24 horas para ser derivado al día siguiente a un centro que aplicara el protocolo de Psiquiatría que necesitaba para su atención. Aun así, se le asistió y pasó el día tranquilo, hasta que por la tarde la doctora empezó a notar que su actitud empezaba a ser algo extraña. En un descuido en el que Helena Sánchez fue al baño en una zona para personal, se lo encontró de cara y, sin tener ella tiempo a reaccionar, fue agredida. «No pude mediar palabra. Me pegó un puñetazo en la sien, me estampó contra la pared y me empezó a pegar patadas en el abdomen. Me caí hacia atrás y se abalanzó sobre mí en el suelo. Me cogió la cabeza y me la estampó contra el suelo en tres ocasiones y a la tercera me provocó una herida abierta en la zona parietal. Intenté quitármelo de encima pero él tenía mucha fuerza, más que yo, y me coloqué en posición fetal para intentar protegerme. Antes de perder el conocimiento recuerdo que me arrastró del pie derecho por todo el pasillo hasta meterme en un cuartillo y yo gritaba socorro», recuerda esta médico. Fue un familiar de otro paciente que estaba en urgencias ese día quien acudió a la llamada de auxilio tras escuchar los gritos y consiguió apartar al agresor de la médico. Este, sin embargo, consiguió escapar por una puerta de seguridad que permanecía abierta. «Lo último que recuerdo es estar subida en una camilla con todos mis compañeros alrededor llevándome a hacer un TAC», cuenta. Esta médica es una de las 879 que denunciaron agresiones durante 2025, año de récord de violencia contra los facultativos. Ha expuesto su caso en una jornada sobre agresiones a médicos y otros profesionales sanitarios organizada este martes por la Organización Médica Colegial (OMC). Lejos de descender, en el último año la violencia contra estos profesionales ha aumentado, contabilizando en 16 años cerca de 9.000 agresiones a médicos. «Algo hemos hecho mal o hemos explicado mal cuando las agresiones crecen no solo en las profesiones sanitarias, sino en todas las profesiones con vocación de servir a los demás. ¿Quién va a enseñar a los más pequeños? ¿Quién nos va a proteger de agresiones? ¿Quién nos va a curar si lo que crece es esta lacra de agresiones? Que caiga sobre los que nos agreden todo el peso de la ley», ha sentenciado Tomás Cobo, presidente de la OMC. La mayoría de las agresiones a médicos, concretamente el 63,7%, ha expuesto por su parte José María Rodríguez Vicente, secretario general de la OMC, son a mujeres. Y esta violencia se produce principalmente en atención primaria, la inmensa mayoría durante el horario laboral. El agresor es en la mayoría de los casos un paciente citado, seguido de quien pese a no tener cita acude al centro sanitario y de los familiares que acompañan a los enfermos. Las agresiones son sobre todo verbales, con amenazas, vejaciones, coacciones o insultos. Pero un 20 por ciento son físicas, como la que vivió la doctora Sánchez. Y el 13,5 por ciento, como es su caso, deriva en una baja laboral. La disconformidad con el diagnóstico, las discrepancias sobre bajas o las exigencias sobre recetas son los principales motivos que desencadenan esas agresiones, más en una era en la que las consultas se llenan de pacientes que llegan tras haber consultado al 'doctor Google' o a la Inteligencia Artificial. Helena Sánchez sigue hoy con secuelas, tras tres meses de tratamiento en el que se ha sentido arropada por su colegio de médicos, sus compañeros, y por el Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (Paime), promovido por la OMC, pero no por la gerencia de su hospital. Reclama más seguridad en los centros sanitarios para proteger tanto a los profesionales como a los pacientes. «Las medidas de seguridad no deben de ser un lujo, deben ser algo fundamental. Hace falta seguridad profesional y un botón del pánico, que no está en todos los hospitales», exige. Actualmente la vivencia de la agresión que vivió sigue presente. «Las secuelas psicológicas son las invisibles. Yo pensaba que podía con todo, pero no. Los médicos somos personas, no somos dioses. Han pasado tres meses y estoy en constante hipervigilia, con cualquier movimiento pienso que me están siguiendo, siempre estoy alerta. Y dormir... ya no sé lo que es un sueño reparador», lamenta. Aun así, y pese a revivir esa violencia cada vez que cierra los ojos, en ningún momento se ha planteado abandonar su trabajo, en el que confía reincorporarse lo antes posible: «La Medicina para mí es mi vida, me ha dado lo mejor y ahora también lo peor. Pero nadie me va a quitar esa ilusión».