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Higinio Rivero: así es el primer español que desafía la historia paralímpica entre el agua y la nieve

2026-02-16 - 22:05

En la alta montaña, el silencio no es ausencia de sonido, sino una presencia que lo envuelve todo, una página en blanco donde el esfuerzo humano escribe su propia epopeya. Allí, donde el oxígeno se vuelve un lujo y el frío muerde la piel, la figura de un hombre se desliza con una determinación que desafía las leyes de la inercia. Es Higinio Rivero, un deportista que ha aprendido a leer el mundo a través del esfuerzo físico extremo, ya sea sintiendo el pulso del agua bajo su piragua o el deslizamiento incierto de los esquís sobre la costra helada de la pista. Su vida no es una sucesión de eventos fortuitos, sino una reconquista constante de los espacios que el azar intentó arrebatarle. Cruzar esa frontera invisible entre los Juegos de verano y los de invierno requiere algo más que una condición física de élite; exige una mente capaz de resetearse, de entender que la resistencia en el canal de agua puede transformarse en precisión quirúrgica bajo una nevada. Higinio no es solo un deportista que cambia de disciplina; es un pionero que está abriendo una brecha en el deporte español, demostrando que la discapacidad no es un compartimento estanco, sino un punto de partida para la reinvención constante. De la roca al canal: el origen de un atleta resiliente Para entender quién es Higinio Rivero, hay que retroceder hasta el momento en que su vida cambió de plano. Instructor de vuelo, amante de la montaña y la bicicleta, un accidente en 2013, mientras escalaba, le obligó a reconfigurar su relación con el entorno físico al adquirir una discapacidad por lesión medular. Lejos de abandonar el deporte, encontró en el piragüismo una vía de escape y, posteriormente, una profesión de alto rendimiento que le llevó a participar en los Juegos Paralímpicos de Tokio y París, y a cosechar medallas en campeonatos internacionales. Sin embargo, el piragüismo es una disciplina que exige una entrega absoluta que, con el tiempo, puede llegar a desgastar incluso al más apasionado. "Estaba un poco desenamorado y busqué una manera de intentar motivarme otra vez con el piragüismo", confiesa Higinio al recordar cómo empezó a interesarse por los deportes de invierno. Tras años de éxito en el agua, el esquí ha sido el vehículo para su reencuentro más íntimo. "Realmente, o sea, sí que es algo que me rondaba por la cabeza siempre. Al final, yo vengo de un accidente escalando. La montaña siempre me ha gustado... era una manera de volver a la montaña", confiesa Higinio con la paz de quien ha cerrado un círculo vital que quedó abierto en la pared de roca. Y a la vez que cerraba ese círculo con lo que inicialmente fue planteado como una preparación complementaria para los meses de frío, —evitando así el sufrimiento del agua helada en la piragua—, se embarcó en un nuevo idilio deportivo. "Me empezó a enganchar hasta el punto de que me gustó y me he vuelto a enamorar del piragüismo y estoy enamoradísimo también del biatlón". Pero esta transición no fue inmediata, sino un proceso de redescubrimiento de la montaña desde una perspectiva diferente, utilizando el esquí de fondo como una herramienta de libertad personal: "Me pongo ahí en la nieve, le doy yo a los bastones y voy a donde quiero". El reto del biatlón: el corazón frente a la diana El biatlón es, posiblemente, una de las disciplinas más exigentes y contraintuitivas del panorama deportivo. Combina el esquí de fondo, un ejercicio aeróbico extremo, con el tiro con carabina, que requiere una calma absoluta. Para Higinio, este contraste es la clave de su atractivo: "Me gusta porque se añade un factor más que implica también más entrenamiento y dificultad. A veces el que esquía más rápido no es el que gana". El desafío técnico es mayúsculo, ya que el deportista debe pasar de esquiar al límite de sus fuerzas a tener que disparar con muchísima precisión en cuestión de segundos. Me gusta (el biatlón) porque se añade un factor más que implica más dificultad Entrenar esta dualidad en un país con escasa tradición en la materia ha obligado a Higinio a recurrir a métodos ingeniosos. En su propia casa utiliza un ergómetro de esquí para realizar series de alta intensidad y, acto seguido, se lanza al suelo para practicar el "tiro en seco" con las pulsaciones al máximo. "Apuntas a la diana, a un papel que tenemos, e intentas que estés estable", explica sobre un proceso que busca automatizar el control de la respiración bajo fatiga extrema. A diferencia de la versión olímpica, donde los atletas compiten a pie, en la versión paralímpica existen tres categorías principales: visuales (con guía), de pie y en silla (sitting). Higinio compite en esta última, utilizando una silla especial o "sit-ski" diseñada específicamente para deslizarse sobre la nieve impulsada únicamente por la fuerza de los brazos. Un pionero en una tierra sin nieve La trayectoria de Higinio en el esquí de fondo y el biatlón es la de un náufrago que construye su propia balsa. En España, el esquí de fondo paralímpico carecía de referentes recientes en la categoría de silla, lo que obligó al bilbaíno a buscar información y material fuera de nuestras fronteras. "La primera silla me la pedí yo a Estados Unidos sin saber muy bien... más o menos ya sé cuáles son mis necesidades por mi discapacidad". Esta falta de infraestructura nacional es un obstáculo constante; España solo cuenta con un estadio de esquí de fondo, el de Candanchú, y a menudo las pistas no se preparan adecuadamente para los entrenamientos de fondo, priorizando el esquí alpino por motivos económicos. La realidad del deporte de invierno en España dista mucho de la estampa de postal de las estaciones europeas. Higinio se siente, en muchos aspectos, un pionero en un desierto helado. "No tenemos una cultura de este deporte", lamenta quien se ha visto obligado a viajar a Eslovenia, Italia o Francia para poder tocar nieve de calidad. Durante los meses en los que la nieve escasea en la península, su entrenamiento se traslada al asfalto mediante los roller esquís, un sistema de patines sobre ruedas largos que equiparan el movimiento de los esquís. A pesar de estas limitaciones, su progresión ha sido meteórica, logrando colarse en el "segundo grupo" de la Copa del Mundo y ganándose el respeto de las potencias internacionales que, al principio, le miraban con curiosidad. "Ya te contemplan como un deportista que hay que tener en cuenta", afirma con orgullo. Tres disciplinas, dos mundos y un objetivo Con su participación en Milán Cortina 2026, Higinio Rivero entra en un club selecto de deportistas polivalentes. Es el primer español en alcanzar unos Juegos en tres disciplinas distintas: piragüismo (verano), esquí de fondo y biatlón (ambas de invierno). Este "nomadismo deportivo" no es para él una forma de escapar de la discapacidad, sino una demostración de la capacidad de adaptación humana: "Esa adaptación a un cambio así lo llevamos más fácil porque las personas con discapacidad la entrenamos todos los días sin darnos cuenta". Esa adaptación a un cambio así lo llevamos más fácil porque las personas con discapacidad la entrenamos todos los días sin darnos cuenta Su calendario es una coreografía de transiciones permanentes. Apenas termine su participación en los Juegos de Invierno en marzo, Higinio se tomará un breve descanso de dos semanas antes de volver a concentrarse en Murcia para retomar el piragüismo de cara a los Juegos de Los Ángeles 2028. "Yo no lo dejo. Empiezo la clasificación a Los Ángeles con la prioridad del piragüismo". Compaginar estas disciplinas requiere una estructura de apoyo que Higinio reclama para el futuro del deporte en España, buscando que su papel de pionero sirva para crear una cantera que no tenga que enfrentarse a las mismas carencias que él. El horizonte de Milán y el legado del esfuerzo Para Higinio, el éxito en los próximos Juegos de Invierno no se medirá exclusivamente en medallas, sino en la consolidación de un proyecto digno. Un "Top 10" sería, en sus propias palabras, un buen logro, debido a la falta de días de entrenamiento en nieve respecto a sus rivales. Lo que realmente busca es que el deporte paralímpico de invierno deje de ser visto como una rareza en nuestro país y se valore la complejidad técnica y el nivel de profesionalismo que exige. "Me gustaría ver que lo hemos hecho bien, que no me ha dado vergüenza y que ya se nos contempla". Detrás del deportista hay un mundo de materiales, ceras y sillas que, según él, asemejan esta competición a la "Fórmula Uno" de la nieve, donde cada detalle cuenta para arañar unos segundos al cronómetro. Higinio Rivero está escribiendo un capítulo inédito en la historia del deporte español, uno que habla de la ambición de quien no se conforma con dominar un solo medio.

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