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Hipopótamos con artrosis y tigres con cataratas: los zoos se geriatrizan

2026-02-20 - 03:33

La edad no perdona y, a sus 42 años, el pingüino barbijo Copperfield ha perdido algo de visión y tiene algunos achaques, pero en general se mantiene en forma. Es todo un anciano: dobla la esperanza de vida de su especie (de 15 a 20 años en libertad) y se ha convertido en el ejemplar más longevo de Europa. ¿Su secreto? Una dieta equilibrada, un clima ideal, no tener depredadores y sí muchos cuidados veterinarios: vive en el ecosistema polar de Faunia. Los inquilinos de los zoos están envejeciendo en todo el mundo y copan el espacio que otrora era para ejemplares más jóvenes y sus crías. «Los animales viven más en los zoos y al final lo que ocurre es que hay ejemplares geriátricos», resume Javier Almunia, presidente de la Asociación Ibérica de Zoos y Acuarios (AIZA), que apunta a que es una realidad «consustancial a los zoos y acuarios». Los recintos de toda Europa y Norteamérica están experimentando una evolución similar. Un reciente estudio publicado en 'PNAS' reveló que la proporción de individuos mayores ha aumentado de forma generalizada y continua en los últimos 50 años, a la vez que disminuyen las crías y los adultos en edad reproductiva. Por eso la pirámide poblacional en los zoos está evolucionando hacia una forma romboide: con una base estrecha que soporta una abundante parte superior de individuos mayores. «Está alterando la forma de las pirámides de población de forma parecida a la 'transición demográfica' en humanos», resumen los autores, que apuntan a que el desequilibrio «puede comprometer la sostenibilidad a largo plazo» y «los objetivos de conservación» de los zoológicos. Cooper, como les gusta llamar en Faunia al pingüino barbijo, fue rescatado de un acuario en Orlando tras el paso del huracán Katrina en 2005. Llegó junto a todo su grupo, cuyos individuos ya superan los 30 años. «Están casi en el libro Guinness de los récords», resume el director de conservación del zoo de Madrid y Faunia, Agustín López, que puntualiza que los animales «siempre van a vivir más años en el entorno controlado que supone el zoológico». Sin embargo, no le gusta hablar de geriatrización, como tampoco a José Ignacio Pardo de Santayana, director del zoológico de Santillana del Mar. «No creemos que esta sea la realidad de todos los zoos», apunta. Los animales «siempre han vivido mucho porque los cuidamos muy bien y les proporcionamos todo lo que necesitan desde un punto de vista de nutrición, enriquecimiento ambiental, temperatura, etc», insiste Pardo de Santayana. En Bioparc, ya sea en Fuengirola (Málaga) o en Valencia, ven el envejecimiento con normalidad. También los cuidados geriátricos. Llegaron a tener un tigre que murió a los 22 años. «Una edad superrespetable, el tigre en libertad vive entre 8 y 10 años y es prácticamente imposible que vivan más de 15 años. La vida en la selva, especialmente para un depredador, es difícil», cuenta Jesús Recuero, veterinario de Bioparc Fuengirola. También fue todo un reto logístico afrontar los problemas de movilidad de un grupo de hipopótamos del Nilo que había llegado a los 50 años en el recinto de Valencia. «Cuando hablas de un pequeño animal, de un perro con artrosis, a lo mejor lo coges en brazos y le bajas las escaleras. Pero cuando hablas de un hipopótamo de 3.500 kg con artrosis se necesita una obra de ingeniería mayor», cuenta. La edad avanzada va asociada, también en los animales, a algunos problemas de salud. «Lo que tenemos son operaciones geriátricas: artrosis y artritis, degeneración ósea, cataratas en tigres... eso que en la naturaleza no existe», asegura Almunia. «Lo más frecuente puede ser la artrosis en mamíferos y aves», reconoce Recuero, aunque también las cataratas son habituales. De hecho, en Bioparc han llegado a operar de la vista a lemures, a un puercoespín y a un dragón de Komodo. El cuadro de enfermedades geriátricas frecuentes se completa con degeneraciones renales en felinos y un aumento de la incidencia del cáncer. Fue el caso de la gorila Sara, que a los 45 años desarrolló un tumor de mama que la llevó incluso a visitar oncólogos en busca de un diagnóstico especializado. Sin embargo, la enfermedad se había extendido y solo fueron posibles los cuidados paliativos hasta que se optó por una eutanasia. Hoy todos estos ejemplares ya entrados en años están desplazando la presencia de otros más jóvenes: el espacio en los zoos es finito, según demuestran el estudio publicado en 'PNAS'. Lo corrobora el presidente de Aiza. El envejecimiento ha creado «problemas de espacio» y «repercute en la cría», explica. Hay dos opciones para manejar el hándicap, resume Almunia. La primera es controlar la reproducción para que no haya exceso de animales, que es lo que se hace en los zoos españoles. Se segrega por sexo en época de celo o se aplican anticonceptivos y, en momentos muy puntuales, se permite la reproducción siempre que lo dicte el Programa Europeo de Especies en Peligro (EEP), desde donde se gestionan las poblaciones. «Si tienes cebras, que se reproducen una vez al año durante todos los años de su vida fértil, hay que controlarlo porque rápidamente llenarías el recinto, y no hay salida para todos esos animales», ejemplifica Almunia. La segunda opción se da en zoos del norte de Europa. «Hay una política de eutanasia un poco más ecológica para no dejar que los animales se hagan demasiado viejos y tener una población genéticamente activa», cuenta Almunia. Es el llamado 'culling', el sacrificio de ejemplares para control demográfico. En España ese debate es tremendamente controvertido. Algunos zoos consultados por este periódico han declinado directamente entrar en el tema, como el de Barcelona. «Esas prácticas me parecen inadmisibles como filosofía de funcionamiento, tanto la eutanasia como el 'culling' son cosas muy alejadas de nuestra manera de cuidar a los animales. Nunca lo hacemos y no nos gusta que se haga», dice el director del zoo de Santillana. Hace ya más de una década, el sacrificio de Marius , una jirafa sana de dos años en un zoo de Copenhague, desató un debate internacional sobre qué deberían hacer los zoológicos con sus animales excedentes. Cada poco tiempo, algún zoo del norte de Europa se convierte en protagonista de las noticias por alimentar a sus 'bestias' con ejemplares sacrificados. «Hay una pequeña falta de sinceridad en todo esto: si uno tiene tigres, los tienes que alimentar con carne, que viene de vacas, que son animales sanos», dice Almunia. «No es muy diferente sacrificar una cebra u otro tipo de herbívoros para hacer exactamente lo mismo. Existe esta trampa que nos hacemos». Para los autores del estudio en PNAS es necesario abrir un debate general. «Dado que las tendencias observadas no muestran signos de disminuir, es necesario reflexionar sobre la gestión actual de las poblaciones de zoológicos», dicen. Al envejecimiento se suma la crisis de biodiversidad generalizada. «Es fundamental que los zoológicos mantengan poblaciones reproductivamente activas, junto con personal zoológico con experiencia en el cuidado de animales jóvenes. Lo que no necesitamos es un grupo de animales geriátricos y veterinarios preocupados por los cuidados paliativos», decía Andrew Abraham, de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), a raíz de un estudio previo sobre el tema. Para luchar contra los límites a la reproducción y salvaguardar la diversidad genética de las especies, algunos zoos están recurriendo a técnicas de reproducción asistida. En Bioparc forman parte de un programa de criopreservación a nivel europeo. Han enviado testículos y ovarios de tapires, de un tigre, de hienas... Sus genes estarán disponibles para la reproducción en el futuro. Porque aunque hoy pueda no haber espacio para su reproducción, más adelante puede que se necesite para reintroducir la especie o salvaguardarla ante un evento catastrófico. «Tienes animales geriátricos, pero no son todos geriátricos. Si lo manejas bien puedes tener de todo, pero en menor cantidad», resume Almunia. Si hace falta aumentar la tasa de reproducción, el envejecimiento actual supone «solo un retraso de unos pocos años hasta volver a una capacidad máxima de cría», asegura el presidente de la asociación de zoológicos ibéricos. En el envejecimiento de los inquilinos de los zoos hay otra lectura: la sensibilización de la sociedad hacia el envejecimiento. «Un animal viejo puede no resultar tan bonito de contemplar», dice Pardo de Santayana. «Los mayores también tenemos nuestra función en la sociedad humana y la tienen en el mundo animal y el público comprende que sea así y creemos que agradece que les permitamos vivir con nosotros, en el lugar que conocen, hasta el fin de sus días y recibiendo los mismos cuidados de siempre». Recuerda el caso de Adam, el primer macho de orangután que recibieron en el zoo de Santillana: «Llegó ya muy mayor y padeciendo artrosis, pero eso no le impidió reproducirse y darnos la mayor alegría de la historia del zoo: el nacimiento de María quien fue el primer orangután de Sumatra nacido en España y madre de tres hijos: Victoria, Juliana y Silvestre». En Faunia, explica López, se intenta divulgar la edad, las dolencias y los tratamientos a los que se someten sus animales. Hasta que el ejemplar muere. «Es algo natural y es algo que a nivel educativo, desde los niños hasta los adultos, deben saber». Aquí la muerte no se esconde.

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