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Hogaño, la memoria viva de las tradiciones

2026-02-02 - 07:56

El humo asciende lento, la máscara oculta el rostro y el fuego ilumina lo esencial. No es una escena del pasado ni una estampa rescatada de un archivo antiguo: sucede hoy. Es hogaño. Así mira el mundo Iván Ibáñez , el joven fotógrafo toledano que ha convertido las tradiciones en una forma de presente. Y es que Iván Ibáñez (Toledo, 1997) no fotografía el pasado, lo convoca. Su primera exposición individual llega a su ciudad natal y lo hace en un enclave cargado de simbolismo, las Cuevas de Hércules , como si la piedra antigua acogiera una mirada joven decidida a escuchar lo que aún late en las fiestas y ritos de siempre. Bajo el título Hogaño —palabra en desuso que significa «este año», lo contrario de antaño—, Ibáñez propone un viaje al presente de las fiestas ancestrales. No hay nostalgia ni recreación folclórica, hay actualidad. Sus imágenes en blanco y negro fijan lo que ocurre hoy, pero pertenece a un tiempo más largo, casi circular, donde los gestos se repiten y la comunidad se reconoce. El blanco y negro no es un recurso estético gratuito. «Es para no distraer», explica el autor a ABC. Para que el ojo vaya directo a la esencia, a lo atemporal. Sin color, las máscaras cobran más peso, el humo del fuego es más denso y los cuerpos que danzan parecen los mismos de hace siglos. La fotografía se convierte así en un acto de depuración, de quitar para ver mejor que Ibáñez comparte por primera vez en público. La exposición se articula siguiendo el calendario festivo, como si el año marcara también el pulso del relato. Desfilan botargas y máscaras, danzantes, procesiones y rituales del fuego. De hecho, la última imagen, como de si de un cierre casi ceremonial se tratara, corresponde a la fiesta de Los Escobazos, en Jarandilla de la Vera (Cáceres) , donde el fuego vuelve a ser lenguaje y celebración compartida. Aunque Castilla-La Mancha ocupa un lugar central, Hogaño se abre a otras comunidades como Castilla y León o Extremadura, subrayando una raíz común e identitaria que atraviesa territorios. Detrás de esta vocación hay una herencia íntima. El interés por las tradiciones le llegó de la mano de su abuelo, natural de Escalona en Toledo, que le hablaba de la vida en el pueblo en los años cuarenta y cincuenta. Con esos relatos, Iván imaginaba escenas, costumbres y silencios. El poso etnográfico estaba ahí antes incluso de la cámara. La fotografía llegó después, pero no fue hasta 2023, durante un viaje a la provincia de León, cuando tomó conciencia de que aquellas imágenes de fiestas ancestrales decían algo más: transmitían y conmovían a quienes las tenían justo delante. Ese mensaje ya ha sido reconocido. Ibáñez obtuvo el segundo premio de fotografía de la Sociedad Española de Antropología y Tradiciones Populares por Tiznaera, una imagen tomada en Navarrevisca (Ávila). Retrata a los Jarramachos, personajes de una tradición carnavalesca que se había perdido y que fue recuperada en 2024. De nuevo, hogaño: lo que vuelve a suceder, lo que se rescata y se vive. En las Cuevas de Hércules, solo hasta el 7 de febrero, las fotografías de este joven toledano de 28 años no se limitan a documentar. Interpelan. Nos recuerdan que las tradiciones no son piezas de museo, sino actos vivos que necesitan ser mirados con respeto y sin ruido. Que siguen ocurriendo, aquí y ahora, y que, mientras alguien las observe con esta honestidad, seguirán teniendo futuro y mensaje.

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