Hogar ¿dulce? hogar en el MUSAC de León
2026-03-19 - 23:40
Tradicionalmente se ha considerado el hogar como un espacio benéfico, seguro y protector, una geografía íntima, un límite simbólico y físico que marcaba la frontera entre la esfera privada y la pública. No hay más que recordar la celebérrima frase 'Hogar, dulce, hogar'. ¿O quizás no es tan dulce, tan acogedor, tan cómplice? Esa parece ser la pregunta que se plantea '¿No hay nada como el hogar?' , la exposición que presenta el MUSAC desde su colección, cuyo título encierra, por cierto, otra frase célebre, como es la de 'No hay lugar como el hogar', que Dorothy-Judy Garland repetía como un mantra salvador en 'El mago de Oz'. Se trata de una propuesta que se enmarca en una línea de trabajo habitual de esta institución, que revisita periódicamente sus propios fondos desde distintas perspectivas, para dar lugar a nuevas lecturas. En esta ocasión, el eje conductor sobre el que se vertebra el proyecto es la sospecha de que el hogar ya no es ese supuestamente idílico refugio sentimental, por lo que plantea repensar desde este tiempo qué significa habitar un lugar y qué supone llamarlo hogar, al presentarse ante nuestros ojos como una noción inestable, moldeada por circunstancias de índole social, experiencias emocionales y expectativas culturales que cambian a gran velocidad. Esta clara esfera de incertidumbre se relaciona de una forma muy directa con el inquietante dibujo de la sociedad actual, signada por la dificultad de encontrar una vivienda digna, por los crecientes e imparables movimientos migratorios, la acuciante precariedad y soledad urbana y la transformación de los tradicionales modelos de familia y convivencia. Con un total de 45 obras de 24 artistas, la muestra invita a reflexionar sobre estos factores dentro del contexto del arte actual, a través de cuestiones como la identidad, la memoria, el espacio doméstico y la construcción simbólica de lo que concebimos como casa para, más que ofrecer respuestas, plantear preguntas sobre la pertenencia, el arraigo y la transformación de los espacios habitados. El recorrido se estructura como una secuencia conceptual de varias capas, que arranca del ámbito del territorio y el lugar para acabar reflexionando sobre el concepto cultural de casa y sus posibilidades de reinvención. Así, en las primeras salas predominan paisajes, ciudades y espacios abandonados. Lugares en los que parece que la arquitectura se ha despojado de quienes la habitan, escenarios silenciosos que, sin embargo, muestran ciertas huellas de sus antiguos ocupantes. Reductos de memoria, identidad y pertenencia quedan depositados en calles, edificios o barrios enteros. El siguiente paso supone dar voz e imagen a los interiores: habitaciones, muebles, objetos cotidianos, pasando del espacio público al privado, y mostrando representaciones de escenarios de gestos mínimos, de rutinas invisibles que conforman y activan la vida diaria. Esta presencia humana es la que desencadena la cuestión primordial: ¿Qué hace que un hogar sea un hogar? Cuestionamiento que lleva entonces a descubrir que este espacio deja de ser un lugar físico para convertirse en una red de relaciones humanas, en la que los afectos, los cuidados, los conflictos, las jerarquías, las migraciones o los roles se transforman en verdaderos actores del relato. Ese desplazamiento conceptual, del territorio al interior y de este a las relaciones, constituye un acierto, ya que sugiere que el hogar no es solo una construcción física sino asimismo una experiencia social y emocional, que se aleja de esa concepción idealizada como refugio para mostrar una dimensión ambivalente que encierra también tensión, desigualdad y conflicto. La diversidad de los artistas reunidos –tanto en origen como en generaciones y lenguajes– genera toda una constelación de miradas, en la que cada obra aporta su perspectiva. No resulta fácil destacar unas sobre otras pero hay ciertas piezas que me han producido una especial emoción-conmoción. Entre otras, el proyecto de Lara Almarcegui, 'Hotel Fuentes de Ebro', para revivir colectivamente un espacio abandonado; el desasosegante vídeo de Shoja Azari, 'A Room with a View' (cada vez que lo veo me produce una oleada emocional de indignación y rabia); la instalación de Carolina Caycedo 'Caminemos junt@s', un ejemplo de acción comunitaria en la que la ropa pasa de ser tejido protector del cuerpo individual a estructura acogedora para el colectivo. También la espectacular e irónica pieza de Diango Hernández 'Living room partido', sugerente metáfora del exilio; la inquietante pareja de Enrique Marty 'Padre y madre', escondiendo tras su aparente calma los posibles demonios familiares; la emotiva intervención de Concha Jerez 'A la búsqueda del oasis Ítaca (En memoria de+98 inmigrantes muertos)'; o el viaje íntimo y 'fractal' de Mateo Maté en 'Viajo para conocer mi geografía'. Además de las obras de la colección, el proyecto incorpora producciones específicas creadas para la cita, que se irán añadiendo durante el año: El colectivo Cestola ha realizado ya un mural, 'Sustento da fogueira', que me ha provocado más sombras que luces, y posteriormente habrá otras intervenciones de Tito Pérez Mora, Sara Alonso y Lara Ruiz.