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Huesos bajo tierra y galletas en el sofá: la ciencia tras el perro que esconde comida

2026-03-17 - 07:03

Si alguna vez ha descubierto croquetas bajo el cojín del sofá o un hueso enterrado en una maceta, no está solo. Esconder comida es una conducta frecuente en los perros y, aunque pueda parecer desconcertante, tiene profundas raíces evolutivas. Según explica la organización británica The Kennel Club, este comportamiento responde a un instinto heredado de sus antepasados salvajes. "El comportamiento de esconder comida es un rasgo fascinante e instintivo que tiene sus raíces en la historia evolutiva del perro", señalan. "Comprenderlo ayuda a interpretar mejor la relación que estos animales mantienen con el alimento". Los perros descienden del lobo, y en estado salvaje estos animales practican lo que se conoce como caching: esconder el excedente de comida para asegurar el suministro en épocas de escasez. Tal y como indica The Kennel Club, "en la naturaleza, los lobos a menudo ocultan el alimento sobrante para garantizar una reserva futura". Se trata de una estrategia adaptativa de supervivencia que, aunque ya no sea necesaria en un hogar con comida asegurada, sigue presente en su carga genética. Además de la previsión ante posibles carencias, ocultar comida está relacionado con la protección de recursos. En una manada, los ejemplares dominantes podían esconder alimento para mantener el control y evitar desafíos. Aunque los perros domésticos no viven en manadas estructuradas de la misma manera, este instinto puede aflorar si perciben competencia o amenaza en torno a su comida, por ejemplo, ante la presencia de otros animales en casa. En algunos casos, el acto de esconder también responde a la necesidad de crear un espacio seguro. Es una conducta especialmente observable en perros adoptados o rescatados que han podido experimentar inseguridad alimentaria. Al ocultar la comida, establecen una sensación de control sobre sus recursos y refuerzan su seguridad en el entorno. Pero no todo es supervivencia o jerarquía. El olfato altamente desarrollado del perro convierte el acto de enterrar y redescubrir alimento en una experiencia sensorial estimulante. Escarbar, esconder y recuperar después puede resultar una actividad mentalmente enriquecedora que transforma la rutina de la comida en un juego. En la naturaleza, los lobos a menudo ocultan el alimento sobrante para garantizar una reserva futura El estrés también puede ser un detonante. Cambios en el hogar, la llegada de un nuevo animal o alteraciones en la rutina pueden provocar que el perro recurra a esta conducta como mecanismo de afrontamiento. Desde The Kennel Club advierten de que, si el hábito persiste y se acompaña de signos de ansiedad, conviene buscar asesoramiento profesional. Asimismo, recuerdan que "ocultar comida también puede atribuirse a cambios hormonales", por lo que en esos casos es recomendable consultar con un veterinario. Para gestionar esta conducta, los expertos aconsejan establecer horarios de alimentación regulares que reduzcan la incertidumbre, ofrecer un espacio tranquilo y seguro para comer y fomentar la estimulación cognitiva durante las comidas. Dispositivos interactivos que dispensan alimento gradualmente pueden ayudar a canalizar el instinto de forma positiva. Lejos de ser un simple capricho, esconder comida es una ventana al pasado evolutivo del perro. Abordarlo con comprensión y empatía, en lugar de corregirlo de forma brusca, contribuye a reforzar el vínculo y a garantizar una convivencia equilibrada con nuestro compañero canino.

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