Ignacio
2026-01-27 - 16:10
Todos los argumentos pueden objetarse. Todos los alardes dictados por impulsos sospechosos (y hay unos cuantos: el resentimiento, la vanidad, la esperanza de premio, terreno o ultraterreno, entre otros) cabe cuestionarlos, no importa lo extremos que sean, ni siquiera que terminen con la vida de su autor. Hay algo, sin embargo, que no admite objeción ni cuestionamiento: el gesto de sacrificarse por otro, sin más motivación que procurar el bien de ese otro o impedirle un mal. Eso es lo que convirtió a Ignacio Echeverría en un ser humano inobjetable e incuestionable cuando andaba a otras cosas por las calles de Londres. No disponemos de palabras ni de recompensas para corresponder a lo que hizo por todos. Solo nos cabe... Ver Más