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India abre su economía a Occidente y ¿rompe filas en el bloque BRICS?

2026-02-08 - 07:55

El pasado lunes por la noche, sin previo aviso, India firmó con Estados Unidos un acuerdo que hasta hace solo unos días parecía imposible. La Casa Blanca anunció una rebaja inmediata de los aranceles sobre productos indios al 18% y la eliminación completa de las penalizaciones impuestas por la compra de petróleo ruso. A cambio, India se comprometió a reducir progresivamente sus tarifas a cero y a aumentar sus importaciones desde Estados Unidos hasta alcanzar los 500.000 millones de dólares. Siete días antes, Bruselas había cerrado otro pacto con Nueva Delhi. Según el acuerdo, más del 96% de los productos entre ambos bloques quedarán libres de aranceles en los próximos años. La presidenta de la Comisión Europea lo definió como “la madre de todos los acuerdos”. Más que una apertura comercial Ese giro se hace más evidente si se recorre hacia atrás el calendario reciente. En diciembre, el primer ministro indio, Narendra Modi, firmaba en Nueva Delhi una alianza energética de cinco años con el presidente ruso, Vladímir Putin. Días después, participaba en una cumbre trilateral junto al presidente chino, Xi Jinping. Hoy, apenas dos meses después, India está en otra casilla del tablero. El acuerdo con Estados Unidos lo cambia todo. Fue anunciado por Donald Trump en su red social, después de una conversación directa con Modi. Washington fijó una condición precisa. Si India quería beneficiarse de la rebaja arancelaria, debía comprometerse a recortar, y eventualmente eliminar, sus compras de petróleo ruso. Modi evitó el tema. Se limitó a publicar que “los productos fabricados en India ahora tendrán una tarifa reducida del 18%” y agradeció el gesto “en nombre de nuestros 1.400 millones de ciudadanos”. El mensaje no mencionaba a Moscú, pero el cambio ya estaba en marcha. India, uno de los mayores compradores de crudo refinado ruso, empezó a redefinir su red de suministros. Estados Unidos confirmó que aumentará sus exportaciones energéticas hacia el país asiático. También dejó abierta la posibilidad de incorporar petróleo venezolano. Para la Casa Blanca, se trata de algo más que comercio. “Modi ha aceptado comenzar a comprar mucho más de Estados Unidos y potencialmente también de Venezuela. Esto ayudará a poner fin al conflicto”, escribió Trump. Se refería, sin citarlo, al esfuerzo por recortar los ingresos energéticos del Kremlin. No es el único movimiento que apunta en esa dirección. Apenas 72 horas después del anuncio, el Gobierno indio aprobó un paquete de incentivos fiscales hasta 2047 para empresas extranjeras que instalen infraestructuras digitales en el país. Google y Microsoft ya han confirmado nuevos centros de datos en Bangalore y Hyderabad. India, Rusia y China El pacto con Bruselas se cerró tras 19 años de negociaciones intermitentes. El firmado con Estados Unidos llega en el momento en que India acaba de superar a Japón como cuarta economía del mundo y acelera hacia el tercer puesto, hoy en manos de Alemania. Las señales hacia fuera se acumulan. Pero dentro del bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), la tensión empieza a notarse. No porque India esté abandonando el grupo, sino porque deja al descubierto el hecho de que el bloque BRICS nunca ha funcionado como una alianza estratégica coherente, sino como una plataforma flexible de intereses cruzados. En Moscú, los términos del pacto sellado en diciembre ya están bajo revisión. Incluía cooperación energética, integración de sistemas de pago y un posible tratado de libre comercio con la Unión Económica Euroasiática. Ninguna de esas vías ha avanzado. Para Rusia, el giro indio tiene un coste tangible. En el último año y medio, India había pasado a comprar entre 1,5 y 2 millones de barriles diarios de crudo ruso, convirtiéndose en su principal cliente marítimo y en un socio clave para sortear las sanciones occidentales. A precios descontados, esas compras suponían entre 45.000 y 50.000 millones de dólares anuales en ingresos para Moscú y un pilar central de su estrategia energética post-Europa. En Pekín, el movimiento de India también obliga a recalcular. China había propuesto una industrialización conjunta en Asia con India como socio clave frente a las barreras comerciales de Occidente. Ese planteamiento se apoya en que China es el principal proveedor industrial de India, con intercambios bilaterales que superan los 130.000 millones de dólares anuales. El acercamiento de Nueva Delhi a Estados Unidos y la Unión Europea no rompe esa relación, pero sí podría alterar el diseño puesto que India pasa a competir con China por atraer inversión, tecnología y acceso preferente a los mercados occidentales. Ahora, todos esos equilibrios parecen tocados. Con sus últimos dos acuerdos, India parece que ha optado por jugar sola. “India no se está alineando con nadie”, señalan desde AXA IM. “Está trazando su propio eje de intereses, aprovechando que Estados Unidos busca aliados frente a China y que Europa quiere diversificarse sin depender de Washington”. Ambos movimientos ya empiezan a reflejarse en los precios. El índice Nifty 50, que venía de caer tras un presupuesto considerado conservador, ha subido un 3,5% en la semana. La rupia, que había marcado recientemente mínimos históricos frente al dólar, ha recuperado más de un 2%. Para Mark Matthews, jefe de análisis en Asia de Julius Baer, “el estancamiento del acuerdo con Estados Unidos era el principal freno para el mercado”. Su resolución, dice, “marca un punto de inflexión estructural” y “un catalizador para revertir las salidas de capital extranjero”. La firma mantiene su recomendación de sobreponderar India y proyecta un crecimiento del 18% en los beneficios corporativos del país para el próximo ejercicio fiscal. Todo, en un contexto donde las decisiones de Nueva Delhi ya no solo alteran balances. También las alianzas geopolíticas.

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