Instalar paneles solares a 28.000 km/h: así ha sido la primera caminata en la Estación Espacial en un año
2026-03-20 - 07:50
Los astronautas de la NASA Jessica Meir y Chris Williams concluyeron el 18 de marzo una caminata espacial de siete horas y dos minutos. Después de un año sin actividades extravehiculares por parte de la agencia espacial estadounidense, Meir y Williams completaron sus objetivos principales, que incluían la preparación del canal de alimentación 2A para la futura instalación de paneles solares desplegables. Acorde a la información compartida por la NASA en su blog oficial, este trabajo permitirá proporcionar energía adicional a la Estación Espacial Internacional para dar soporte a los sistemas críticos, de esta manera, se aprovechará la energía solar ininterrumpida en órbita para aumentar la capacidad energética. Además, independientemente de este trabajo, el dúo completó otras tareas adicionales, como la instalación de un cable puente para el sistema de alimentación 2A. De cara a la próxima caminata espacial, los futuros astronautas tendrán que instalar una tapa para la lente de una cámara acoplada al brazo robótico Canadarm2 de la Estación y tomar muestras para detectar microorganismos cerca de la esclusa de aire Quest. Esta caminata espacial coincidió con el 61o aniversario de la primera de la historia La caminata de Meir y Williams coincidió con el 61o aniversario de la primera caminata espacial de la historia. El 18 de marzo de 1965, Alekséi Leónov se convirtió en el primer astronauta en dar un paseo espacial que, tras diez minutos en el vacío, recibió la orden de volver al interior de la nave porque su traje espacial se había inflado demasiado. Las condiciones de la vestimenta provocaron que los guantes se salieran hacia al interior de las mangas y los pies quedaran fuera de las botas, por lo tanto, Leónov no podía tirar de la correa de seguridad que lo unía al interior de la nave. Por cuenta propia, Leónov decidió quitarle aire a su traje porque se había inflado tanto que no cabía por la escotilla. Esto le permitió entrar, pero lo hizo de cabeza cuando debía entrar de pies. Además, una vez dentro del armazón, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para darse la vuelta, teniendo en cuenta que, entre el agotamiento y la falta de aire, su temperatura corporal subió tanto que estuvo a punto de sufrir un golpe de calor. Finalmente, logró entrar y quitarse el casco, pero los problemas no terminaron ahí. Los niveles de oxígeno subieron y esto supuso que la nave se convirtiese en una bomba de relojería ante cualquier chispa. Además, a la hora de volver a la Tierra, el sistema automático falló y Leónov junto Pável Beliáyev tuvieron que aterrizar la nave manualmente, pero como el peso no estaba bien equilibrado, terminaron a 400 kilómetros de distancia de donde los esperaban. Cayeron en una zona de árboles tan espesa que los helicópteros no pudieron sacarlos esa misma noche, pero, a al día siguiente, un equipo de rescate llegó esquiando hasta ellos para rescatarlos por fin.