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Irán tensiona la Cúpula de Hierro con sus bombas de racimo: así funciona este arma prohibida que pone en jaque a los israelíes

2026-03-14 - 07:13

Asegura Israel que desde el inicio de su ofensiva junto a Estados Unidos contra Irán, cerca de la mitad de los misiles iraníes que han caído en su territorio llevaban bombas de racimo. Es la estrategia con la que el ejército iraní intenta poner en jaque a la Cúpula de Hierro israelí y, de momento, con relativo éxito. "Están usando municiones de racimo", declaró el teniente coronel Nadav Shoshani, durante una rueda de prensa, sin dar detalles sobre cuándo y dónde se lanzaron esas bombas. Israel acusa a Irán de haberlas usado en múltiples ocasiones, "lo cual constituye un crimen de guerra cuando se dirige contra civiles", llegó a decir este portavoz militar. Su fabricación y uso está prohibido La Convención de Oslo de 2008, Convención sobre Municiones de Racimo, es un tratado internacional que prohíbe el uso, producción, almacenamiento y transferencia de bombas de racimo. Lo han firmado 111 países. Ni Irán ni Israel figuran entre ellos. De hecho, ambas naciones fabrican este tipo de armas de fragmentación. Efectivamente, Amnistía Internacional ha condenado a ambos países por el uso de esta munición prohibida. Esta ONG asegura que Irán la usó ya durante la guerra de 12 días de junio de 2025, pero acusa a Israel de haber hecho lo mismo en el Líbano en 2006. El artículo 2o de la convención define las municiones de racimo como aquellas diseñadas para dispersar o liberar submuniciones explosivas que pesen menos de 20 kilogramos. La característica de muchas de estas pequeñas bombas es que no detonan al momento de su lanzamiento. Por ello, como denuncia Human Rights Watch, estas municiones pueden permanecer activas durante años, representando un riesgo para civiles. Cómo son las bombas de racimo iraníes Una bomba de fragmentación explota en el aire y dispersa submuniciones. Los misiles que lanza Irán portan ojivas de racimo que dispersan en el aire bombas de pequeño tamaño, lo que crea un mayor riesgo de impacto por metralla. Su radio de acción, según fuentes del Ejército israelí, es de unos diez kilómetros. Hay varios tipos de municiones de racimo, incluyendo bombas lanzadas desde aviones y sistemas de cohetes de lanzamiento múltiple (MLRS) que pueden dispersar cientos de bombas. En el caso iraní, cada misil va cargado con hasta 5 kilos de explosivos. Sus bombas se liberan a gran altitud desde la cabeza del proyectil antes de llover indiscriminadamente sobre un área amplia, explica CNN News. La mayoría de los misiles balísticos de Irán transportan alrededor de 24 bombas, pero uno de ellos, el Khorramshahr, puede estar equipada con hasta 80, según expertos. "Aunque contienen menos material explosivo que un misil estándar, el impacto puede ser letal", recoge un comunicado publicado en los canales del Ejército israelí. Fue precisamente un proyectil de estas características el que causó los fallecimientos de dos personas tras impactar este lunes en Yehud, cercana del aeropuerto de Ben Gurión. La policía israelí dijo el miércoles que sus artilleros encontraron indicios de municiones de racimo tras la detección de misiles entrantes procedentes de Irán. Pero no hay manera de verificarlo porque las normas de censura militar impuestas por Israel desde el inicio de su guerra con Irán impiden a la prensa acceder a los lugares de impacto. Sortear la Cúpula y fomentar la guerra de desgaste Cuando Irán intenta responder con misiles a los misiles de Israel tropieza con la Cúpula de Hierro, el sistema de defensa antimisiles que protege las ciudades israelíes. Está formado por baterías que emplean radares para detectar cohetes de corto alcance y derribarlos. Hasta hoy, ha interceptado con éxito la mayoría de los misiles balísticos iraníes. Por eso, ante ese muro, la estrategia de Irán parece ser el uso de las bombas de racimo. Estas municiones desafían las defensas aéreas de Israel, que intentan detener las bombas pero sin conseguirlo siempre. Si fallan en ocasiones es por el gran número de proyectiles, su velocidad y su pequeño tamaño. "Los diseñadores iraníes probablemente han recurrido a un enfoque de dispersión a gran altitud en parte para minimizar la posibilidad de una interceptación terrestre exitosa", le explicó a CNN el director de Servicios de Investigación de Armamento, N.R. Jenzen-Jones. Según este experto en municiones, las bombas iraníes "parecen dispersar un número relativamente pequeño de submuniciones sobre un área objetivo mucho más amplia, lo que resulta en un diseño menos eficiente militarmente". Con munición de racimo en el interior del proyectil, el ejército israelí se ve obligado a disparar docenas de veces para eliminar la amenaza de un solo misil. Según Tal Inbar, un experto en misiles que asesora a las compañías de defensa hebreas, con este tipo de armas Irán tal vez esté intentando reducir el stock de interceptores de misiles de Israel. El régimen iraní puede estar buscando un segundo objetivo: ampliar la guerra de desgaste. Con un misil equipado con bombas de racimo, Irán puede enviar a millones de israelíes a refugios antiaéreos. De ese modo, además del impacto psicológico sobre la población, consiguen que Israel y EEUU tengan que seguir gastando en costosos interceptores de misiles. Una pesadilla que ha contaminado 29 países Aunque están prohibidas, las bombas de racimo hieren y matan cada año a decenas de personas. En 2024 fueron al menos 314 en todo el mundo, un 43% más que en 2023, según la organización civil internacional Cluster Munition Coalition (CMC), que hace campaña a favor de la eliminación de este tipo de armamento a nivel mundial. En 2024, se registraron víctimas por bombas de racimo en al menos nueve países: Afganistán, Irak, Laos, Líbano, Mauritania, Myanmar, Siria, Ucrania y Yemen. En casi todos se registraron nuevas víctimas por restos de municiones en racimo. Myanmar, Siria y Ucrania no han firmado la Convención de Oslo. Un total de 29 países están contaminados, o se tienen sospechas de que lo están, por estas municiones, incluidos diez Estados que han firmado el tratado de Oslo: Afganistán, Alemania, Chad, Chile, Irak, Laos, Líbano, Mauritania, Somalia y Sudán del Sur. A la lista se sumó Birmania en 2024, a pesar de no ser miembro de la convención. Según la CMC, en la actualidad 17 países siguen produciendo bombas de racimo o se reservan el derecho a hacerlo. Son Birmania, Brasil, China, Corea del Norte, Corea del Sur, Egipto, Estados Unidos, Grecia, India, Irán, Israel, Pakistán, Polonia, Rumanía, Rusia, Singapur y Turquía. Ninguno de ellos es parte de la convención.

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