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Irán y el lado correcto

2026-03-08 - 08:03

Es la frase de "más hondo calado" que, junto con los famosos piropos a Sánchez, soltó Susan Sarandon en la rueda de prensa que precedió a la gala de los Goya: "Está en el lado correcto de la Historia". Para empezar, ¿qué significa esa expresión? ¿Significa entender la Historia como un relato de buenos y malos, no como una ciencia que se revisa, rectifica y desmiente a sí misma en nombre del rigor y la busca, nunca plenamente satisfecha, de la verdad? Vivir para la Historia, entendida de ese maniqueo modo, sería vivir para dicho relato y por lo tanto renunciar al presente y a la propia vida. Sería vivir para lo que se contará en el futuro y se dejará de contar, en función de lo que se sabrá y no se sabrá del pasado. Pero ¿no ha ocurrido en muchas ocasiones que ha variado la visión, que se creía objetiva, de ciertos hechos y personajes a la luz de nuevos datos y descubrimientos historiográficos? ¿No es más útil y ético que vivir para lo coquetería de lo que se dirá de nosotros estar en el lado de lo que consideramos más justo y cabal, a sabiendas de que la conducta humana nunca se mueve en unas categorías absolutas? ¿No es más aconsejable estar en el lado correcto de la búsqueda del bien para tus compatriotas a los que representas y del propio sentido común? Estar en el lado del sentido común es desconfiar de aquel que parece no tenerlo y que cuestiona pruebas que sabemos contrastadas y objetivas. Una de éstas es que Irán se halla bajo un régimen criminal basado en el fanatismo religioso que lleva cuatro décadas sumido en un programa de enriquecimiento de uranio y que constituye un serio motivo de alarma desde 2002 en que se hicieron explícitas las advertencias del Organismo Internacional de Energía Atómica, cuyos últimos informes ya lo señalan como una amenaza inminente. Es en este contexto en el que se produce la ofensiva bélica de los Estados Unidos. Frente a la clásica y exasperante pasividad de la Unión Europea, el argumento que se repite a favor de Trump es el "por lo menos hace algo". Es la misma lógica que se manejó ante su intervención en la detención de Maduro y la sensación de que las eurosanciones al régimen venezolano eran tímidas e inefectivas. Asistimos, así, al beneplácito ciego, desesperado y populista de la impotencia que aplaude "al que hace algo" sin preguntarse "qué es exactamente lo que hace" y "si lo que hace es lo correcto" desde la óptica de la sensatez, la eficacia y las consecuencias menos graves, no desde el relato de la Historia del que se sienten algunos legítimos propietarios. ¿Es mejor hacer algo, aunque sea insuficiente o temerario, malo o erróneo, incorrecto o chapucero, a no hacer nada? El acrítico mecanismo que llevaría a algunas mentes a asentir ante esa pregunta es el mismo que, en la clave interna de nuestra vida nacional, conduce al callejón populista de variado signo. Cuando quien encarna el centro político logra que éste sea identificado con desistimiento, pusilanimidad, inoperancia, conformismo, inmovilismo, cesión e inacción, crecen los populismos de modo recurrente por la izquierda y la derecha. Sí. Irán es una amenaza a la paz mundial, pero Trump no encarna esta última de modo indiscutible. No cuela como su tranquilizador y democrático garante. Ni siquiera cuela como espíritu de un atlantismo al cual ha desafiado ni como aliado de una Europa a la que martiriza con sus aranceles, ni como adalid de un orden internacional de matriz liberal que ha tratado de subvertir como apóstol de un falso "Nuevo Orden" basado en la fuerza y en los dientes largos cada vez que mira a Groenlandia. En un contexto tan inquietante como éste, la posición más recomendable y cabal para España sería la que tomó Alemania en la segunda guerra de Irak. Oficialmente, no apoyó a Bush Junior, pero en la práctica, puso discretamente a su disposición sus servicios de Inteligencia y le permitió el uso de sus bases militares. Con ese perfil bajo y esa doble actitud de 'no a la coalición' pero 'sí a la cooperación', Schröder se libró de las represalias que se ganó Zapatero al no levantarse ante a la bandera de las barras y estrellas. Es lo mismo que hoy están haciendo Portugal o Italia, y con menos cautelas pero todo tipo de matices, los mayores aliados que Trump ha encontrado en Europa. Es, en fin, lo que no parece capaz de hacer un Sánchez narcisista, ajeno a la suerte de los españoles y arrobado por los piropos goyescos o las lágrimas de cocodrilo de la Sarandon, que donde está realmente es en el lado correcto del cuento de hadas, el melodrama rosáceo y el empacho de colesterol. Por cierto, Goya es una marca de mantecados y confituras.

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