Jason Bateman revela cómo el alcohol y las drogas casi arruinan su vida personal
2026-02-20 - 10:53
Hubo un momento en el que Jason Bateman lo tuvo todo y, al mismo tiempo, estuvo a punto de perderlo todo. El actor, que alcanzó la fama siendo apenas un adolescente, ha mirado atrás y ha reconocido que el alcohol y las drogas casi dinamitan su vida personal, incluido su matrimonio con Amanda Anka. En una entrevista con 'The Hollywood Reporter', Bateman se sincera sobre la década de los noventa, una etapa marcada por el parón profesional y el desenfreno. «Fue una gran bofetada de humildad. Daba miedo saber que tenía mucha vida por delante», confiesa. El intérprete admite que, cuando dejaron de llegar los proyectos, buscó la evasión fuera de los platós. Lo que empezó como hedonismo terminó convirtiéndose en una amenaza real para su estabilidad emocional y de pareja. Bateman fue encadenando trabajos desde niño en series como La casa de la pradera y Silver Spoons. El ritmo era constante y la exposición, intensa. Pero cuando el trabajo comenzó a escasear en los noventa, el vacío fue difícil de gestionar. Según relata en la entrevista, consumía cualquier sustancia que estuviera a su alcance: alcohol, cocaína o lo que apareciera. La publicación resume su mentalidad de entonces con claridad: si no iba a divertirse actuando, encontraría diversión en otra parte. El propio actor matiza ahora que era más hedonista que adicto. «Por suerte vivía en una época sin redes sociales, ni teléfonos, ni cámaras. Así que me salí con la mía en muchas ocasiones», reconoce. Aun así, asegura que nunca faltó a una audición ni incumplió un compromiso profesional cuando surgía trabajo. Pero esa dinámica era insostenible a largo plazo. La falta de rumbo profesional y el exceso permanente empezaban a pasar factura, no solo a su carrera, sino también a su entorno más cercano. El punto de inflexión llegó en 2001, cuando conoció a Amanda Anka, quien más tarde se convertiría en su esposa y madre de sus dos hijas. Fue entonces cuando la fiesta empezó a tener fecha de caducidad. «Amanda y yo tuvimos varias negociaciones sobre el punto en el que la fiesta se cortaría por completo. Ella decía: 'Este goteo [de fiestas] es irritantemente impredecible'», explica Bateman en The Hollywood Reporter. No hubo una exigencia tajante, pero sí una conversación constante sobre límites y futuro. El actor recuerda ese momento como una decisión consciente: «No me exigió que lo dejara por completo, pero fue un tira y afloja. Y yo pensaba: 'Bueno, siento que mi tiempo estimado de sobriedad es de seis meses. Pero si pudiera aterrizar este avión ahora, aliviaría mucha tensión, así que hagámoslo, joder'». Hoy afirma estar «Cali sober»: se abstiene de alcohol y drogas duras, aunque sigue consumiendo marihuana. Más allá de la etiqueta, lo que subraya es la disciplina que logró imponerse. «Tuve la suerte de reconocer: 'Probablemente este sea el límite si aún quiero lograr lo que quiero'». Durante esos años de sombra, Bateman observó la industria desde fuera y redefinió sus prioridades. «Después de haber estado tanto tiempo observando desde fuera, tenía una idea muy clara de qué era lo que me daba la longevidad. No era la fama ni el dinero, sino el respeto», afirma. Ese cambio de enfoque coincidió con su regreso al primer plano gracias a Arrested Development, serie que le valió premios y nominaciones internacionales y consolidó una segunda etapa mucho más sólida. Mirando atrás, el actor reconoce que la incertidumbre fue determinante para no repetir errores: «Si no hubiera sido por esos momentos de incertidumbre al principio de mi carrera, no sé si sería tan bueno aprovechando estas oportunidades. Pero he visto y sentido lo que es no tener muchas perspectivas, y eso te mantiene con ganas de más». Hoy, lejos de aquella década turbulenta, Bateman habla sin dramatismo, pero con claridad: el exceso casi le cuesta su matrimonio y su futuro. Y fue precisamente ese riesgo el que le obligó a frenar antes de perderlo todo.