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Javier Cámara y las barbaridades que se dicen en familia

2026-03-24 - 18:20

La vida es eso que pasa mientras se discute de cosas banales. Esta camisa o la otra, un libro, unas anchoas, una bombilla que hace chiribitas. Se escupen los miedos, las inseguridades. Nos olvidamos del mundo, pero el tiempo sigue corriendo ajeno a los problemas cotidianos y la vida termina pasando por encima. Es lo que sucede en '53 domingos' , que se estrena en Netflix el viernes, una adaptación de la obra teatral homónima de Cesc Gay sobre tres hermanos que se reúnen para debatir sobre los cuidados de su octogenario padre y, entre pulla y pulla, pasa lo inevitable. Los hermanos son el exitoso y arrogante Javier Gutiérrez , la más intelectual pero reprimida Carmen Machi y Javier Cámara , el pequeño de la familia que se enfrenta con humor cínico, ácido, a los complejos, a las expectativas, a los fracasos. El actor riojano, de 59 años, repite por quinta vez con el director de 'Truman' y 'Sentimental', y quizás por exceso de confianza o por pura inercia, porque fuera de pantalla solo acumula éxitos, vuelve a interpretar a un perdedor. «Soy una persona que me porto bien, que genero cierto humor y cierta relajación en el rodaje», reconoce en una entrevista con ABC Javier Cámara, que justifica el tándem con el director en la sintonía, algo tan sencillo pero al mismo tiempo tan difícil de lograr. «Me pasa con muy poca gente: Félix Sabroso, Diego San José, Isabel Coixet . Por fin estoy trabajando con gente de mi generación y estamos hablando de lo que nos pasa ahora», cuenta. Y Cesc Gay, claro. «Me apetece seguir currando con él porque hace todo lo que me representa. Hemos tenido pérdidas familiares, hijos. Hablamos de lo mismo, de lo que nos duele, de lo que nos preocupa. Parte siempre de la familia, del entorno, de la pareja, de la soledad, de la masculinidad. Y eso habla de nosotros, de mi generación», reconoce. A su lado, Gay lo contempla. «Hay una cosa en este trabajo que se basa mucho en la confianza, en estar a gusto. No es fácil hacer películas. Hay algo de crear un poco lo que antes en el teatro eran las compañías. Gente que se ayudaba, se conocía (...) Como actor, Javi está en ese lugar tan difícil de encontrar, tiene un abanico de tonos posibles muy grande. Y eso no pasa siempre. Hay grandes actores de drama o grandes actores de comedia, Javi es un 2x1», enfatiza. En '53 domingos', que se desarrolla casi por completo en un piso, en una estancia, con Alexandra Jiménez rompiendo la cuarta pared, haciendo de anfitriona, de narradora, no había espacio para la improvisación. Todo venía pulido del teatro, medido por el guión. Si se olvidaban una frase, un chiste, un reproche, podía hundirse el barco. «No hemos dicho una sola palabra que no esté en el guión. Hay películas, como 'Truman', que opinamos mucho, quitamos cosas. 'Ficción' también. Son películas más en proceso. Aquí, como en 'Sentimental', llegaba todo muy construido. Javi Gutiérrez decía que trabajó muy a gusto, Carmen igual estaba un poco más como diciendo '¡coño, qué claro lo tiene este hombre!', y yo pues ya estoy acostumbrado. A mí lo que me pida lo hago. Es verdad que soy más caótico en texto. A veces no sé si tengo que saber todo perfecto para poder hacer lo mío porque si me lo sé todo como que me queda demasiado teatral», reflexiona Cámara. Improvisado o no, todo fluye en '53 domingos' con naturalidad, quizás porque, cuenta Gay, escribe «sobre las emociones y los sentimientos, lo que sentimos y cómo manejamos, cómo nos relacionamos con eso. La cotidianidad te nutre de ideas». También la familia, motor y excusa de la película de Netflix. «Todo iba de intentar entender por qué entre tres hermanos las cosas pueden ser tan complicadas», dice Cesc Gay. «Entre los hermanos nos decimos muchas barbaridades (...) Hay entornos donde conoces demasiado a las personas con las que convives. Los hermanos, los padres, la infancia, la adolescencia... todo eso compartido en una casa es una caja de bombas. Uno huye de esos lugares para volver muy de vez en cuando a una cena de Navidad», se excusa Cámara. En la reunión fraternal entre Machi, Gutiérrez y Cámara, el orden del día lo encabezan los cuidados de su padre, que vive solo y enseña los genitales a las vecinas. Pero, antes de tratar el tema, llegan las críticas, las envidias, el trabajo de gazpacho o de chófer de un suegro. La orientación sexual, incluso. Y al final, la prioridad, la excusa, se pierde en el camino. Hasta que pasa lo inevitable, y la vida, o su término, se abre camino.

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