Jeff Wall e Ian Wallace, presentes en la escena
2026-03-05 - 16:33
Jeff Wall (1946) e Ian Wallace (1943) coincidieron en el Vancouver de los años setenta, donde su doble condición de artistas y teóricos fue decisiva para dar forma a una escena que la crítica acabaría agrupando bajo la etiqueta de 'Escuela de Vancouver' . En ese contexto, la fotografía dejó de ser un registro documental para entenderse como una construcción y también como un terreno de reflexión sobre las imágenes y sus vínculos con lo real. El diálogo que propone la exposición 'Rehearsing Reality' en la galería Parra & Romero se sostiene sobre ese punto de partida común: ambos artistas han permanecido fieles a esa revisión de lo fotográfico, aunque lo hayan hecho desde caminos muy distintos. La aportación de Wall fue decisiva en la ruptura con el mito de la instantaneidad fotográfica y en el paso de las prácticas fotoconceptuales al modelo del 'phototableau': imágenes de gran densidad visual , cuidadosamente construidas, que conceden a la fotografía una ambición formal y una complejidad tradicionalmente asociadas a la pintura. Sus brillantes cajas de luz remiten a un procedimiento heredado de la cultura de masas que se vuelve esencial en su lenguaje. Como ocurre en la publicidad o en el cine, las imágenes de Wall capturan la mirada de inmediato; pero, en lugar de ofrecer una fantasía cómoda, la devuelven llena de dudas, referencias y capas de sentido . A estas piezas se suman fotografías de gran formato cuya intensidad vuelve a nacer de la ambigüedad: escenas que parecen surgidas de la vida corriente, aunque en ellas se percibe una inteligencia compositiva que no se limita a ordenar la realidad, sino que la convierte en escena. Todo ello parte de una certeza: nuestro presente está atravesado por formas de teatralización social que condicionan la manera en que vemos y nos mostramos. La proyección de Ian Wallace en el canon reciente y en el mercado ha sido menor que la de Jeff Wall , como también lo ha sido su influencia en generaciones posteriores. Quizá porque su obra no entra tanto por la seducción visual como por una complejidad conceptual más exigente: una especie de 'filosofía encarnada', según sus propias palabras, que dialoga con cuestiones centrales de la teoría del arte –modernidad, posmodernidad, historicismo, vanguardia o ideología– a partir de una estructura repetida y en apariencia sencilla: una imagen fotográfica nítida y descriptiva, enfrentada a una superficie pictórica monocroma. Su presencia en la exposición se despliega a través de cinco piezas, realizadas entre 2007 y 2016, que comparten una técnica híbrida –fotolaminado y acrílico sobre lienzo– y una atención sostenida al entorno urbano y, más específicamente, a los cruces de calles, donde articula una lectura de la ciudad como escenario de relaciones en el que interactúan lo privado y lo público, el individuo y el sistema, el acontecimiento y la regulación. Pero 'intersección' nombra, además, una ambición más amplia dentro de su obra: la de situarse en el punto de contacto entre concepto e imagen, en un lugar capaz de sacudir simultáneamente nuestros sentidos y nuestro entendimiento.