'Jugar con fuego': no hay fuera de juego, según el VAR
2026-03-26 - 19:20
El planteamiento con el que Marina Bollaín salta al terreno de juego de esta zarzuela, ' Jugar con fuego ', es arriesgado: llevar una obra de mediados del siglo XIX (se estrenó en 1851) ambientada en el Madrid de la época (música y lenguaje incluido) a un estadio de fútbol en nuestros días -no se dice cuál, pero la vitrina con las quince copas de Europa ofrecen una pista-. Pero hay que decir en primer lugar que la directora de escena y autora de la versión sale más que airosa del reto y abandona el campo con los tres puntos en el bolsillo y la eliminatoria resuelta. 'Jugar con fuego' es la primera 'zarzuela grande' (en tres actos) de la historia; Francisco Asenjo Barbieri -sobre un libreto de Ventura de la Vega basado en una comedia de los franceses François Ancelot y Alexis Decomberousse- vertió en su partitura su inspiración, conocimiento y habilidad -las tres extraordinarias- para lograr una obra que bebe fundamentalmente de la ópera italiana imperante en aquel tiempo -sobre todo de Rossini-, aunque introduce ya con cuentagotas los acentos castizos que tomarían carta de naturaleza ya en su obra maestra, ' El barberillo de Lavapiés ' (1874), y sentaría las bases de la zarzuela moderna. Pero hay números brillantísimos en 'Jugar con fuego': los concertantes con los que concluyen los dos primeros actos; la romanza de la soprano, 'Un tiempo fue'; o el número del barítono y el coro de locos, '¿Quién me socorre?', son buenos ejemplos de ello. La obra cuenta, básicamente, una historia de amor interclasista entre la duquesa de Medina y Félix, y otra de acoso sexual por parte del marqués de Caravaca a la propia duquesa, y cuyos actos transcurren respectivamente en la verbena de San Juan, el Palacio del Buen Retiro y un manicomio. Marina Bollaín une los tres escenarios en un estadio de fútbol durante la celebración de un partido , en una puesta en escena detallista y llena de inteligencia; ha modificado las partes habladas para adecuar el lenguaje a nuestros días -la obra está escrita en verso- y ha respetado, lógicamente, los números musicales, pero consigue que palabras y melodías no resulten extrañas cantadas por personajes contemporáneos. Solo cojea el abrupto desenlace; el partido merece otro final, pero esto no empaña el resultado conjunto. Buena parte del mérito reside en la alineación: la MVP del encuentro es, sin duda, la soprano Ruth Iniesta , una artista luminosa, brillante y poderosamente comunicativa. Suyos fueron los goles, pero a ellos contribuyeron en el centro del campo, con solvencia y calidad, Alejandro del Cerro, José Antonio López o Manuel de Diego, magníficos también en su doble faceta de cantantes y actores -uno de los grandes méritos de la detallista dirección de Marina Bollaín es que las partes habladas suenen naturales y no engoladas como suele ser frecuente en este género-. El necesario equilibrio entre defensa y ataque (entre foso y escena) lo brindó la zaga (la orquesta), capitaneada por la delicada y fina dirección de Álvaro Albiach . La espléndida actuación de todo el equipo logró la goleada y el aplauso de todo el estadio... del teatro, perdón.