La aventura espiritual de Ignacio Caballero
2026-03-03 - 12:33
Ignacio Caballero nos sorprendió a todos con su primer libro, 'Siempre promete amanecer', y lo vuelve a conseguir con este segundo titulado 'Hijos del polvo'. El título hace referencia a que, en verdad, somos hijos de todo lo que nos va sucediendo en nuestro caminar, de todo aquello que la vida nos depara; pero a la vez nosotros estamos hecho de polvo, como las estrellas y el universo entero. Este libro no es un viaje, sino una peregrinación, una búsqueda de respuestas a preguntas biográficas, culturales y espirituales. Quizá también un viacrucis, en el sentido de que Caballero va a relatarnos las cruces que se encontró en su camino para acceder a una luz final , el niño que fue, la llamada de algo alto y grande que podíamos llamar una resurrección. Decía Lezama Lima que la verdadera poesía habla de la resurrección, y quizá todo lo que escribió María Zambrano o Juan Ramón Jiménez fue para crear las condiciones en que esa resurrección podía revelarse. La poesía de Ignacio Caballero está siempre buscando el camino en el que él como hombre, como ser humano, responda a esta pregunta del poeta polaco Czeslaw Milosz : «¿Resucitó? ¿En verdad resucitó?». Su estructura obedece a eso: umbrales que nos llevan a estados de conciencia, estado de conciencia que nos acercan a alguna verdad. Un umbral es el amor como el estado supremo, como el sentimiento que lo mueve todo. Ese ardor, ese «fuego primordial que nos llama a recordar, a batallar y a regresar». Otro tiene que ver con aquellos momentos en que se revela la memoria de nuestra cultura, de nuestros mitos y de aquellos hombres que se convirtieron en mitos, sean los mitos nórdicos y orientales, la memoria de Grecia, Roma y de Castilla. Y, al fondo, una vivencia del tiempo como circular, no lineal, donde el pasado sigue viviendo en el presente. Otro umbral es el de la palabra. La palabra como verbo que funda la realidad, pero sobre todo como hecho que intensifica la realidad , en que es solo aliento, no literatura, como quería Miguel de Unamuno en el poema titulado 'El armador aquel de casas rústicas'. ¿Por dónde peregrina Caballero en este libro? Pues como Dante por esos reinos de las sombras, y como San Juan de la Cruz por noches, heridas, purgaciones, silencios y salvación. La salvación de acercarse a un Dios que nos funda, que nos resucita. Que finalmente nos hizo de su mismo polvo. El libro es muy potente y muy hermoso. Hace lo que es más difícil en poesía: hablar desde una aventura. Hay en él una especie de aliento épico, la lamentación de los Salmos, crea imágenes de enorme potencia, combina la cultura y la vida, es decir, hace que la cultura sea vida, que sea vida la mitología y las presencias de escritores que le dan voz: Walt Whitman y García Lorca , Emili Dickinson, Santa Teresa, y el magisterio de Tolkien que además de su inolvidable narrativa fue un gran poeta. Voces, sí, que forman la voz de este joven poeta que con este libro da una nueva dimensión a la poesía de raíz espiritual. La hace presente y presencia y la pone como centro de la experiencia personal y de la experiencia humana.