La batalla por el krill
2026-03-02 - 20:53
En el silencio helado del océano Austral, donde la vida depende de equilibrios invisibles, una disputa ha comenzado a agitar las aguas. La Coalición por la Antártida y el Océano Austral (ASOC) ha presentado una objeción formal contra la decisión del Marine Stewardship Council (MSC) de volver a certificar como sostenible la pesquería de kril antártico. Lo hace en un momento que considera crítico: el de un ecosistema sometido simultáneamente a la presión industrial y al avance implacable del cambio climático. La impugnación no es simbólica. Abre un proceso de arbitraje independiente que se desarrollará durante los próximos meses y que podría desembocar en cambios sustanciales que van desde nuevas condiciones para la certificación hasta una posible revisión del propio estatus de sostenibilidad de la pesquería. El trasfondo es complejo. El kril —pequeños crustáceos que flotan en los mares fríos del sur— ha pasado de ser un eslabón discreto en la cadena alimentaria a convertirse en un recurso estratégico. Su creciente demanda está impulsada por la búsqueda de nuevas fuentes de proteína para la acuicultura, en un contexto de declive de muchas poblaciones de peces silvestres. Hoy, el mercado del kril está dominado en gran medida por la empresa noruega Aker QRILL, responsable de aproximadamente el 60% de la captura global, destinada principalmente a alimentar salmones de piscifactoría. Junto a ella operan compañías más pequeñas de Chile y Corea del Sur, también bajo el paraguas del sello MSC. Sin embargo, ASOC sostiene que la certificación ignora elementos esenciales del contexto ecológico en el que se desarrolla esta actividad. Según Claire Christian, directora ejecutiva de la organización, la evaluación no ha considerado plenamente «las realidades y riesgos particulares» de una pesquería que actúa en uno de los entornos más sensibles del planeta a las alteraciones climáticas. Las señales de tensión ya han comenzado a aparecer. El año pasado, por primera vez en la historia, la pesquería de kril superó su contingente y se vio obligada a cerrar tres meses antes de lo previsto. Este episodio se produjo tras la expiración de una norma destinada a regular la distribución espacial de la pesca en la península Antártica, región que alberga aproximadamente un tercio de la población mundial de kril. El resultado fue una concentración sin precedentes de la actividad pesquera en un área relativamente reducida. Y no cualquier área, ya que se trata también de una zona clave de alimentación para ballenas, focas, pingüinos y otras especies marinas. Para ASOC, este tipo de concentración revela un problema estructural. Aunque la certificación subraya que la pesquería extrae menos del 1% de la biomasa total estimada de kril, la coalición considera que esta afirmación resulta engañosa. Las estimaciones de biomasa, señala, se basan en estudios escasos y poco frecuentes que no reflejan la rápida evolución de la población en un entorno determinado cada vez más por el clima. Desde la década de 1970, la biomasa de kril ha disminuido entre un 70% y un 80% en algunas zonas del océano Austral. En paralelo, el cambio climático está reduciendo los hielos marinos y contrayendo hábitats fundamentales, lo que, según la objeción presentada, socava la validez de utilizar supuestos históricos para fijar límites de captura. El riesgo, insiste ASOC, no es necesariamente global, sino local. Incluso capturas reducidas pueden generar impactos significativos si se concentran en zonas críticas donde dependen del kril múltiples especies. En la subzona 48.1, identificada como un área de alimentación esencial para pingüinos y ballenas jorobadas, el esfuerzo pesquero aumentó un 118% durante la última temporada. Otros aspectos del sistema de gestión también están bajo escrutinio. El modelo de contingentes compartidos —conocido como sistema «olímpico»— fomenta que las flotas compitan por capturar lo máximo posible antes de que se agote el cupo disponible. Según la objeción, este esquema incentiva una carrera por la pesca que intensifica la presión sobre áreas sensibles. A ello se suman deficiencias en los sistemas de control. Los informes de captura no son verdaderamente en tiempo real: pueden retrasarse hasta cinco días, lo que ya contribuyó al rebasamiento del contingente el año pasado. Además, una parte creciente de la flota carece de observadores independientes, limitando la verificación de los impactos reales sobre el ecosistema. Incluso las medidas de protección voluntarias han sido cuestionadas. ASOC afirma que algunas restricciones diseñadas para proteger a los pingüinos han terminado desplazando el esfuerzo pesquero en lugar de reducirlo. Mientras tanto, las áreas marinas protegidas respaldadas por la ciencia continúan enfrentando obstáculos que van más allá de la propia extracción de kril. La objeción de ASOC no está sola. WWF también ha impugnado la recertificación, señalando preocupaciones similares sobre la creciente presión industrial y los efectos climáticos en el ecosistema. Su directora del Programa de Océanos Polares en Reino Unido, Rhona Kent, ha advertido que la mala gestión de esta pesca está teniendo impactos negativos sobre especies que dependen del kril, y ha pedido una moratoria inmediata hasta que se acuerden medidas más cautelosas en el marco de la Convención sobre la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos. El debate no es menor. El kril antártico constituye la base de la cadena alimentaria del océano Austral. Sustenta a ballenas, pingüinos, focas, aves marinas y peces. Pero su importancia no se limita a la biodiversidad pues también desempeña un papel fundamental en el sistema climático mundial al contribuir a la captura de carbono en las profundidades del océano. En este contexto, la certificación de sostenibilidad adquiere un significado que trasciende lo técnico. MSC sostiene que su etiqueta solo se aplica a pesquerías con altos estándares medioambientales. Sin embargo, para ASOC, este caso pone de manifiesto una brecha creciente entre la certificación y la realidad. Y en el corazón de esa tensión entre conservación y explotación late el kril: tan diminuto como esencial. Un recordatorio de que, en los ecosistemas más frágiles, incluso lo más pequeño puede sostenerlo todo.