La cárcel de Tefía, primer lugar que dignifica al LGTBI: "Fue un centro de humillación y torturas"
2026-03-07 - 07:13
"Me llevaron a Fuerteventura por ser invertido". Así lo manifestó en una entrevista hace dos décadas Juan Curbelo Oramas, un hombre homosexual que, al igual que otros 300 presos, estuvo recluido en la antigua Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, el "principal centro de represión de las disidencias sexuales bajo el régimen franquista", según el Gobierno. Entre 1954 y 1966, la dictadura sometió a decenas de personas a trabajos forzados y torturas por su orientación o identidad sexual en este espacio, motivo por el que la semana pasada fue declarado Lugar de Memoria Democrática, el primero en Canarias y también el primero que repara la dignidad del colectivo LGTBI+ por la represión. "Fue un paraje de humillación, torturas y dolor", aseguran los expertos. El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, defendió durante el acto de designación que España tenía "una deuda con las personas que defienden su condición sexual", a las que debía una ceremonia de reparación y desagravio. "La libertad, en el más amplio sentido de la palabra, es amar a quien se quiere y no sufrir persecución por ello, ni humillaciones, vejaciones o torturas como tuvieron que sufrir. Hoy es un día de alegría porque se repone algo fundamental, la dignidad de las personas", subrayó. La Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía se estableció para albergar a personas condenadas bajo la Ley de Vagos y Maleantes, una norma que clasificaba como "peligrosos sociales" a vagos habituales, rufianes, mendigos profesionales, ebrios, toxicómanos o delincuentes reincidentes, entre otros perfiles. "La homosexualidad no estaba incluida en la ley, pero fue añadida como una nueva categoría de peligrosidad en 1954, ya durante la dictadura franquista", explica a 20minutos Víctor Ramírez, historiador y exdirector general de Diversidad del Gobierno de Canarias. El internamiento en la Colonia podía oscilar entre uno y tres años, dependiendo del preso. "Los declarados peligrosos eran sometidos a lo que se llamaban medidas de seguridad, que en teoría no eran penas propiamente dichas", señala Ramírez. En el caso de los homosexuales que este investigador ha estudiado, la estancia media rondaba el año y nueve meses, aunque algunos permanecieron el máximo de tiempo, como ocurrió con Juan Curbelo Oramas. Un lugar de destierro Fuerteventura es hoy conocida por sus playas, pero durante décadas fue sinónimo de aislamiento. El propio escritor Miguel de Unamuno fue desterrado a la isla en 1924, un precedente que ilustra el uso de este territorio como castigo. Esta característica llevó al franquismo a instalar en Tefía, una zona desértica cerca de un antiguo aeródromo militar, un centro penitenciario donde recluir y, teóricamente, rehabilitar, a quienes los tribunales consideraban "peligrosos sociales", entre ellos homosexuales y personas trans. "Tefía se eligió por ser un lugar de destierro. La Colonia no tenía barrotes, las vallas eran la propia isla en aquella época, aislada y prácticamente imposible de abandonar", comenta a este medio Miguel Ángel Sosa, autor de Viaje al centro de la infamia (Anroart Ediciones, 2006), novela que rescata los testimonios de dos homosexuales recluidos y que inspiró la serie Las noches de Tefía (2023). El libro recoge las experiencias vividas por Juan Curbelo Oramas y Octavio García Hernández, ya fallecidos, quienes contaron públicamente las condiciones que sufrieron durante su cautiverio. Juan, conocido como Juanito el Pionero al ser considerado el primer drag del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, ingresó en la cárcel con solo 16 años y estuvo recluido de 1955 a 1958. "Me maltrataban, sufría, era un niño". "Yo nunca fui, jamás en la vida, vago ni maleante", fueron algunas de sus declaraciones cuando aún vivía. Por su parte, Octavio tenía 23 años y permaneció 16 meses. Si bien convivieron con personas condenadas por otros motivos, ambos aseguraron que ser del colectivo era un estigma e implicaba un grado mayor de humillación y desprecio. "Siempre recordaré su desconfianza y miedo", rememora Sosa sobre los encuentros que mantuvo con ellos para documentar la historia. "Intentaban hacerme ver que lo que vivieron no era mentira, que la Colonia existió y que habían estado allí", añade. Como él, Ramírez pudo entrevistar a Octavio: "Su testimonio estaba lleno de recuerdo especialmente duros, hasta el punto que prácticamente los revivía mientras los narraba. Los sentimientos que destilaban sus palabras fueron, para mí, muestra clara de la veracidad de su historia". "Palizas, trabajos forzados y mucha hambre" Los reclusos eran enviados a Tefía por el Juzgado Especial de Canarias, por lo que la mayoría procedía de las islas, sobre todo de las capitales. "La mayor parte fueron detenidos en Las Palmas de Gran Canaria o en Santa Cruz de Tenerife, donde había más población y también más persecución", explica Sosa, aunque no se descarta que hubiera personas de otros lugares del país. El objetivo oficial de la Colonia era convertir el entorno en terreno cultivable mediante el trabajo de los internos. Sin embargo, las características del lugar frustraron ese propósito. "La diferencia fundamental entre la Colonia Agrícola y las prisiones ordinarias era el hecho de que se establecían en zonas rurales y su intención era integrar socialmente al peligroso mediante el aprendizaje de tareas de carácter agrícola o ganadero", apunta Ramírez. Pero en Tefía, debido a su carácter desértico, aquello resultó imposible. En la práctica, los presos pasaban largas jornadas realizando trabajos duros: tenían que picar piedra, construir muros y gavias —un sistema tradicional de cultivo que aprovecha el agua de lluvia en zonas áridas— o transportar agua desde un pozo para llenar el aljibe. "Había una instrucción casi militar y los funcionarios mantenían un trato humillante, vejatorio y muy duro", describe Sosa. Las investigaciones reflejan que los reclusos sufrieron unas condiciones cercanas a las de los campos de concentración alemanes de la II Guerra Mundial, aunque Ramírez puntualiza que, estrictamente, el centro de Tefía era un establecimiento penitenciario. "Los testimonios de Juan Curbelo y de Octavio García, los dos únicos presos que han hablado de sus vivencias en la Colonia, narran una experiencia de extrema dureza por el rigor disciplinario que sufrieron mientras estuvieron presos y que se manifestaba en palizas, trabajos forzados y mucha hambre", expone. Símbolo de la represión Durante años, la existencia de esta cárcel permaneció prácticamente olvidada y la memoria del lugar se sostuvo gracias a los testimonios de ambas víctimas. "Tefía es un símbolo de la represión contra las disidencias sexuales y de género, especialmente por los relatos de Juan y Octavio", afirma Ramírez, quien considera que la declaración como Lugar de Memoria Democrática "resignifica el lugar": "Dignifica y reconoce el valor de las vidas de quienes allí sufrieron el dolor de un cautiverio injusto por el mero hecho de ser homosexuales". Además, el historiador recuerda que la conversión de la antigua Colonia en un centro de interpretación permite mantener la memoria de esas personas. "La recuperación de la memoria de la disidencia sexo-genérica, en general, ha llegado muy tarde", señala, y recuerda que sobre otras formas de represión franquista se habían investigado mucho antes, pero esta empezó a estudiarse ya entrado el siglo XXI. "Y si tarde se ha llegado a la investigación, también tarde se ha llegado a la significación de lugares de memoria del colectivo LGTBIQ+", agrega. Aun así, considera que el reconocimiento supone un avance. "No se podrá hacer justicia plena a todas las personas que sufrieron represión, pero al menos este gesto simbólico contribuye a reparar, en cierta medida, esa falta de justicia". Asimismo, Sosa coincide en la importancia del gesto: "Repara muchísimo al colectivo LGTBI y a todo lo que fue la represión de la dictadura. Es un reconocimiento muy significativo que ayuda a resarcir, aunque sea simbólicamente, el daño causado y a recordar una época triste, oscura y de persecuciones". La declaración de Tefía como Lugar de Memoria llega además en un contexto político marcado por el auge de la ultraderecha. "Es un momento oportuno, ya que pone en el foco unos hechos poco conocidos que muestran los instrumentos de control y represión del franquismo", valora Ramírez. A su juicio, recordar estos episodios es importante en una época en la que se "banaliza la dictadura" y proliferan discursos "ajenos a la ciencia historiográfica y con claras intenciones de manipulación social". "El pasado fue duro, triste, de persecución de los débiles y de los pobres. Las dictaduras no son buenas. La libertad es maravillosa y hay que respetar cualquier opción política o sexual", sostiene, por su parte, Sosa. Por eso, considera fundamental mantener viva la memoria de lugares como Tefía. "Quienes no conocen la historia pueden volver a repetir los mismos errores. Y no es bueno para nadie que eso suceda".