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La cadena de borrascas invernales dificulta el control poblacional de jabalíes

2026-03-02 - 15:13

Nunca había visto la laguna del Hito con tanta agua y llevo cuarenta años pasando asiduamente por allí. La última vez, camino de una batida al jabalí, el agua inundaba las zonas de cultivo del otro lado de la carretera y las vocingleras grullas parecían celebrarlo. El Záncara, por lo general poco más que un arroyo en esa zona, venía desbordado como nunca lo había visto, inundando vegas y cultivos. Pero hubo suerte y, a pesar del vendaval provocado por Pedro, uno de los diez temporales atlánticos consecutivos que han cruzado la península este invierno, la montería pudo celebrarse. Las consecuencias en el campo de estas borrascas son variadas. Temí en el puesto que me aplastara al caer por efecto del viento alguno de los árboles que me rodeaban, ya que había visto varios tumbados con todo el cepellón al descubierto, un fenómeno que favorece el terreno reblandecido por el agua. Las lluvias pueden arruinar los cultivos por asfixia radicular, además de erosionar las laderas; también la nieve y el hielo en estas fechas son temibles para la agricultura, problemas que se unen a las dañinas piaras de guarros. El desequilibrio en los ecosistemas que provocan estas borrascas altera las costumbres de la fauna. En el caso del jabalí, una especie adaptable para la que la búsqueda de alimento, casi cualquier alimento, es su mayor prioridad, las heladas y nevadas hacen que busque sustento y cobijo en zonas resguardadas y bajas, mientras que las inundaciones de esas zonas por las lluvias lo empujan a hacer lo contrario. En cualquier caso, la consecuencia durante los efectos de estos fenómenos meteorológicos es que aumentan los desplazamientos y, por lo tanto, los accidentes de tráfico, el riesgo de contagio entre animales enfermos y el acercamiento a núcleos urbanos, así como el aumento de daños a la agricultura motivado por la mayor facilidad para hozar con el suelo reblandecido. Esto, unido al mal estado de los caminos debido a estos episodios y otros condicionantes que dificultan su caza, ha llevado a la cancelación de muchas cacerías y a que varios Gobiernos autonómicos adopten medidas extraordinarias para seguir gestionando su sobrepoblación y facilitar su control, como la ampliación de periodos de caza hasta finales de marzo, así como los días hábiles por semana; incluso la autorización de visores térmicos en esperas, lo que pone de manifiesto la preocupación de las Administraciones por la creciente población de este ungulado y sus muchos efectos nocivos. Esperemos que sirva para algo y se pueda reducir también la predación de nidadas de aves esteparias y de pequeños mamíferos en el ya próximo periodo de cría.

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