La ciencia desmonta el mito del gato indiferente: nos entienden y eligen cómo responder
2026-02-07 - 07:35
Durante mucho tiempo, la imagen del gato como un animal distante, poco comunicativo y ajeno al lenguaje humano ha dominado el imaginario colectivo. Frente al entusiasmo expresivo de los perros, los gatos han sido descritos como independientes hasta el desinterés. Sin embargo, investigaciones científicas reciente están obligando a revisar esa idea. Los gatos no solo perciben nuestras palabras, sino que las procesan, las memorizan y deciden conscientemente cuándo responder. Así lo explica la Dra. Paula Calvo, primera doctoranda en Antrozoología de España, a través de su blog Antrozoología, donde divulga avances clave sobre la relación entre humanos y animales. "El problema no es que los gatos no entiendan", señala. "Es que hemos interpretado su silencio como ausencia de cognición". Uno de los estudios que ha contribuido a cambiar esta percepción se publicó en 2024 en la revista Scientific Reports. Investigadoras de la Universidad de Azabu, en Japón, analizaron la capacidad de los gatos para asociar palabras con imágenes, utilizando términos inventados para evitar aprendizajes previos. Cuando las combinaciones eran alteradas, los animales mostraban un aumento significativo de atención visual, un indicador habitual de detección de incongruencias cognitivas. El dato más llamativo fue la rapidez con la que se producía el aprendizaje: en tiempos mucho más breves que los observados en estudios equivalentes con bebés humanos. El experimento aportó además una clave fundamental. Cuando las palabras humanas fueron sustituidas por sonidos electrónicos, la respuesta prácticamente desapareció. Para Calvo, este resultado refuerza la idea de que "los gatos no procesan el lenguaje como un estímulo neutro, sino como una forma de comunicación social", en la que la voz humana desempeña un papel esencial. Esta sensibilidad al lenguaje se manifiesta también en el reconocimiento del propio nombre. En 2019, la investigadora Atsuko Saito, de la Universidad Sofía de Tokio, demostró que los gatos distinguen su nombre de otras palabras fonéticamente similares, incluso cuando son pronunciadas por personas desconocidas. El nombre no se percibe como un sonido más, sino como una unidad con significado asociado a su identidad. La ausencia de respuesta visible, frecuente en estos experimentos, no indica desconocimiento, sino una elección conductual. El problema no es que los gatos no entiendan, sino que hemos interpretado su silencio como ausencia de cognición Lejos de ser un animal poco comunicativo, el gato ha desarrollado estrategias específicas para interactuar con las personas. El maullido es una de las más claras. En la edad adulta, los gatos apenas utilizan esta vocalización entre ellos; su uso se limita casi exclusivamente a la interacción con humanos. Estudios recientes muestran que los gatos que viven en hogares humanos presentan una gran variabilidad acústica en sus maullidos, adaptándolos para provocar reacciones concretas, como atención o alimento. "El maullido es una herramienta social aprendida fruto de generaciones de convivencia y refuerzo positivo", explica Calvo. La comunicación felina, no obstante, no se limita al plano vocal. Buena parte de su lenguaje es visual y suele pasar desapercibido para las personas. El parpadeo lento, por ejemplo, ha sido identificado como una señal de confianza y ausencia de amenaza. Investigaciones de la Universidad de Sussex demostraron que los gatos responden a este gesto tanto con personas conocidas como desconocidas, e incluso tienden a acercarse más tras ese intercambio visual. En el contexto felino, cerrar los ojos de forma pausada equivale a comunicar seguridad. Estos hallazgos obligan a replantear nuestra forma de interpretar el comportamiento de los gatos. Según la Dra. Paula Calvo, "no estamos ante animales indiferentes, sino ante una especie que se comunica de manera distinta y que no ha sido seleccionada para obedecer o responder de forma constante". Comprender este lenguaje implica abandonar la idea de que entender significa obedecer y la ciencia es cada vez más clara: los gatos nos escuchan, nos observan y nos leen. Que decidan no responder como esperamos no es un fallo de comunicación, sino una expresión de su propia forma de relacionarse con el mundo.