La ciudad con fachadas renacentistas y un Ayuntamiento con los vinos más antiguos de Alemania
2026-03-28 - 11:30
A la hora de planificar un viaje con destino a Alemania es verdad que Munich, Berlín o Hamburgo son apuestas realmente interesantes. Pero queremos añadir a esta lista una ciudad poco conocida y con un rico patrimonio que, además, sirvió de inspiración a los hermanos Grimm para escribir uno de sus famosos cuentos. Se trata de Bremen, uno de los secretos mejor guardados de este país donde todo se hace a pie, al ritmo de los adoquines, las fachadas renacentistas y con el río acompañando el paseo. Y seguro que también sacarás tiempo para disfrutar de la gastronomía y de sus vinos, que cobran especial protagonismo en la bodega de su histórico Ayuntamiento. Primera parada, en la Marktplatz Los principales monumentos de la ciudad los encontrarás en el Alstadt, el compacto casco antiguo de Bremen que está rodeado al sur por el río Weser y al norte por los restos de las antiguas murallas medievales (Wallgraben). Y es justo aquí, en la Marktplatz donde, además de la Catedral, podrás ver algunos de los iconos de esta ciudad, como la estatua de los músicos de Bremen, la de Rolando y el fabuloso Ayuntamiento. El Ayuntamiento y la Rastskeller Tras su maravillosa fachada renacentista, en los sótanos del Ayuntamiento se encuentra otra de las joyas de la ciudad: una bodega medieval (la Ratskeller) que es una de las más antiguas de Alemania (de 1405) y alberga más de 650 tipos de vino guardados en barriles del siglo XVIII. También cuenta con un restaurante donde disfrutar de la gastronomía típica y probar alguno de estos vinos que son exclusivamente alemanes. Pero el que seguro no catarás y te tendrás que conformar con fotografiarlo en el barril es el del Rüdesheimer (de 1653). Está en el interior de la Cámara del Tesoro (un espacio de 26 metros de largo) junto a otros 150 vinos diferentes. Pero los atractivos de esta plaza no terminan aquí. Junto al Ayuntamiento podrás ver una famosa estatua de bronce representando el burro, el perro, el gato y el gallo del cuento de los hermanos Grimm. Y como manda la tradición, no te vayas sin tocar la pata del burro porque dicen que trae buena suerte. Eso sí, tiene que ser con las dos manos. Schnoor, la parte más antigua de la ciudad En el centro histórico de Bremen todo son trayectos cortos que te conducirán por calles con edificios renacentistas, callejones medievales y rincones que parecen sacados de un cuento. Solo tendrás que recorrer unos cuantos metros desde la Marktplatz para llegar a uno de los barrios más interesantes: el de Schnoor, un antiguo pueblo pesquero que entre sus estrechas calles y coloridas casas de entramado de madera ahora alberga galerías y coquetos cafés. Esta zona peatonal, que solo se puede recorrer a pie o en bicicleta, es también un buen lugar para disfrutar de la gastronomía en alguno de los restaurantes de la zona. El Museo de Arte Moderno de Bremen Bremen no solo es pasado, también es vanguardia y modernidad que podrás descubrir sobre todo si te pasas por el barrio bohemio de Das Viertel donde entre calles residenciales con mucho encanto, los grafitis y el arte callejero acampan a sus anchas. Pero sobre todo, no te puedes ir de Bremen sin haber visitado el museo más importante de la ciudad. Rodeado por las aguas del río Weser, se encuentran cuatro viejos almacenes que albergan el Weserburg, uno de los mayores museos de arte moderno de Alemania. En sus 6.000 metros cuadrados ofrece exposiciones de arte europeo que van desde la década de los sesenta hasta la actualidad, con destacadas muestras también de las grandes colecciones privadas de Europa.