TheSpaineTime

La comedia más legendaria de Fernando Esteso es una película de terror, y no te habías dado cuenta

2026-02-02 - 12:46

Tras la muerte de Fernando Esteso el 1 de febrero, una de sus películas más citadas ha sido Los bingueros. Y no siempre para elogiarla: dependiendo de a quién le preguntes, la cinta dirigida por Mariano Ozores en 1979 puede ser, bien una reliquia de tiempos felizmente superados, bien el mejor ejemplo de lo mucho que molaba el humor español antes de que feministas y demás especies lo sometieran a la corrección política. Todo el mundo coincide, sin embargo, en que la cinta fue un fenómeno comercial sin precedentes. Con un presupuesto de 15 millones de pesetas (en torno a 90.000 euros, no ajustados), Los bingueros recaudó casi 200 millones (1,2 millones de euros) y fue vista por más de un millón y medio de espectadores, derrotando en España al Superman de Richard Donner. Ni siquiera éxitos tan sonados como Airbag (1997) u Ocho apellidos vascos (2014) han logrado superarla en rentabilidad. Así, no es extraño que Los bingueros convirtiese en megaestrellas a Esteso y Andrés Pajares, quienes protagonizarían otros ocho filmes dirigidos por Ozores en tan solo cinco años. Los energéticos (1979), Yo hice a Roque III (1980), Los liantes (1981), Agítese antes de usarla (1983) y la postrera La Lola nos lleva al huerto (1984) son algunos pilares de una saga marcada por los bajos presupuestos, el humor sexual y la producción estajanovista. Sin embargo, nosotros proponemos examinar Los bingueros desde otra perspectiva, más allá de la nostalgia y de las cifras: visto con ojos de 2025, este epítome del humor español produce una incomodidad que diríase propia de Michael Haneke, Ulrich Seidl, Ruben Östlund y otros representantes de ese cine de la crueldad que arrasa en los festivales. ¿No te lo crees? Echémosle un vistazo. Una película 'muy de su época' Los orígenes de Los bingueros están bien documentados, y en su raíz no se halla Mariano Ozores, sino el empresario José María Reyzabal. Este magnate del espectáculo, que tenía bajo contrato a Pajares y Esteso para actuar en sus salas de fiestas, también estaba casado con una señora que, tras la legalización del juego en España (1977), se había aficionado a eso de tachar cartones. Así pues, las instrucciones de Reyzabal y del productor José Luis Bermúdez de Castro al ya fogueado Ozores fueron sencillas: "Haz una comedia en la que Pajares y Esteso jueguen al bingo". Palabras inocentes en apariencia, pero que marcarían la historia del cine español. Ahora bien: por cómica que fuera su intención, Los bingueros retrata un contexto de lo más churretoso. Captadas por el director de fotografía Hans Burmann (Los santos inocentes, Abre los ojos), las salas de bingo por las que se mueven Amadeo Saboya (Pajares) y Fermín Cejuela (Esteso) están muy lejos de esos palacios del juego que podemos ver en Casino u Ocean's Eleven: más bien son entornos tirando a miserables cuyo olor a desinfectante y colillas atraviesa la pantalla. Y, si Ozores quiso escribir a sus protagonistas como truhanes simpáticos, se pasó de frenada. El director y guionista no solo aprovechó el fin de la censura para llenar la película de chistes verdes y pechos femeninos al aire, sino también para imaginar a dos personajes bastante despreciables cuyas únicas motivaciones son el sexo, el dinero y ese afán, tan ibérico él, por salirse con la suya. Empatizar con ellos, según veremos, resulta muy difícil. Humillación, violencia y cartones de bingo A lo largo de Los bingueros, los personajes interpretados por Pajares y Esteso ejercen sin descanso la violencia sobre aquellos inferiores a ellos en la escala social... pero también la reciben a troche y moche. Y esta doble relación da lugar a los momentos más impactantes de la película, que son unos cuantos. Como ejemplo de lo primero, recordamos esa escena donde que los protagonistas arrojan agua hirviendo sobre la entrepierna de una mujer trans cuando esta intenta seducirlos haciéndose pasar por parturienta (dentro de la historia, esto tiene sentido... pero tampoco mucho). Algo que debió resultar descacharrante para buena parte del público en 1979, pero que ahora resulta extremadamente cruel, y muy poco cómico. Como ya hemos dicho, el dúo de bingueros también se lleva lo suyo. Y el brazo de la justicia (por decir algo) no es otro que Florinda Chico. Gerarda, el personaje encarnado por la actriz de Cría cuervos, es la señora de la limpieza del bingo, y también una usurera que le chupa la sangre a los ludópatas mediante préstamos abusivos. Tras endeudarse con la limpiadora-prestamista, Amadeo y Fermín tratarán de darle esquinazo (vestidos de mujer, que eso siempre hace gracia). Pero no lo conseguirán, llevándose en cambio una monumental paliza, propinada por los hijos de Gerarda y filmada por Ozores con tanto regodeo que uno no puede evitar tragar saliva conforme van cayendo los golpes. Más que humor slapstick, parece sadismo. Una España negra como el betún De esta manera, la sinopsis de Los bingueros rezaría como sigue: "Dos bastardos sin entrañas aspiran a hacerse ricos mediante un juego de azar, se vuelven ludópatas en el proceso y acaban humillados y destruidos tras endeudarse hasta las cejas". Descripción que, según se mire, podría corresponder tanto a un dramón premiado en Cannes como a una comedia de color alquitrán. Y humor negro, en Los bingueros, tenemos de sobra. De hecho, es el rasgo dominante en los mejores momentos de la película, como las intervenciones del gran Antonio Ozores, la subtrama acerca del dedo momificado de san Nepomuceno (infalible imán de bingos y líneas) o esa escena, digna de Rafael Azcona, en la que Pajares y Esteso arman una sesión de bingo en un velatorio. Está claro que el valor de un chiste puede venirse abajo con el tiempo. Pero el hecho de que algunos gags de Los bingueros sigan haciendo reír, y otros todo lo contrario, acentúa una sensación paradójica: la comedia más rentable del cine español ha dejado de provocar risas para despertar, durante buena parte de su metraje, un mal rollo considerable. Si tenemos esto en cuenta, la película de Mariano Ozores plantea muchas preguntas acerca tanto de la España que la encumbró como sobre aquellos que hoy suspiran por recuperar sus maneras. Claro que si, según algún diputado que otro, el José Luis Torrente de Santiago Segura no es una alimaña irrisoria sino "un simpático antihéroe", está claro que de este país (o de según qué rincones del mismo) podemos esperarnos cualquier cosa.

Share this post: