La Constitución más longeva
2026-02-24 - 06:13
Se ha celebrado el pasado martes, 17 de febrero, en el Congreso de los Diputados, el acto institucional de celebración de su 48 aniversario, todavía no cumplidos, para conmemorar su periodo de vigencia, que supera ya a la constitución canovista de 30 de junio de 1876, vigente hasta 1923, tras el golpe del General Primo de Rivera, que dió paso a la Dictadura del tal nombre, hasta 1930. Estuvo vigente, la de 1876, 47 años, durante el breve reinado de Alfonso XII, la Regencia de María Cristina y durante el reinado de Alfonso XIII. La historia constitucional de nuestro país está lleno de claroscuros. Solo dos momentos constitucionales han permitido hacer brillar al constitucionalismo patrio. El primero en 1812 con la Constitución, popularmente conocida como La Pepa (se aprobó el día de San José), que pese a su efímera vigencia constituyó un rayo de luz liberal que iluminó e influyó en muchos textos constitucionales europeos y todavía hoy tiene su reflejo en el Derecho constitucional iberoamericano. El segundo momento hace referencia a nuestra transición política tras la obra del Rey Juan Carlos I y del presidente Suárez, sin olvidar a Torcuato Fernández Miranda, arquitecto jurídico de la transición (de la Ley a la Ley), ni el relevante papel de Landelino Lavilla y otros próceres de su tiempo. Muchos se preguntarán, porqué ahora la celebración algo precipitada de este aniversario, todavía no cumplido, pues como se sabe la fecha del referéndum constitucional que se celebra todos los años es el día 6 de diciembre así como la fecha de su aprobación, refrendo regio y publicación fue el 27 de diciembre 1978. Parece que una exposición conmemorativa lo justifica, y el socorrido problemas de agenda, pues desde un punto de vista político la CE/78 no pasa por sus mejores momentos, no por razón de sus postulados y contenido, recuérdese que se denominó la constitución de la concordia, sino como señaló en su día el recordado historiador y ensayista, Santos Juliá, por la acción de sus aplicadores y detentadores actuales del poder. Es de recordar el poco aprecio y respeto que el presidente Sánchez y su Gobierno la tienen en consideración con su política de muros y enfrentamientos refractaria a la superación de las dos Españas de Machado y por el escamoteo del régimen de gobierno parlamentario que los constituyentes diseñaron para la España Constitucional. Con todo, el acto ha sido lucido con la presencia del Gobierno, diputados y senadores, la del presidente Felipe Gonzalez y de los dos ponentes constitucionales vivos, Miguel Herrero de Miñon y Miquel Roca Junyent así como algunos diputados y senadores constituyentes La intervención del Rey Felipe VI ha constituido, desde una perspectiva institucional, una llamada de atención sobre determinados aspectos de su vigencia y aplicación. Ha recordado sus aspectos más positivos, como el referido al que las generaciones posteriores a 1980 no entenderían vivir sin Constitución (living Constitution) y todo lo que representa, en cuanto a derechos y libertades, acceso a servicios públicos y el ingreso en la CEE, hace ya 40 años. Se ha referido también a la arquitectura constitucional, clave de bóveda del sistema vigente, destacando cómo el marco de la CE/78 no puede entenderse como una habitación vacía, sino que requiere de su actualización constante. Ha calificado el camino recorrido en estos cercan de 50 años como brillante, sin olvidar en su parlamento la figura del presidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente, asesinado por ETA en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid hace ahora 30 años, así como el rechazo del terrorismo, concluyendo sobre que el mejor modo de celebrar su ya larga vida, es cumplirla a diario. Menos institucional en su intervención ha estado la presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol, (debería cambiar de speechwriter) que ha querido contrabalancear el discurso institucional del monarca con sus alusiones a la Constitución republicana de 1931, como hacedora de la democrática II Republica, pues aunque estemos en periodo revisionista de nuestra historia reciente, propiciada por las leyes poco ecuánimes de memoria democrática, no es correcto hacer lectura interesadas desde el marco institucional que preside.