La crisis de los informativos de TV en tiempos de 'pseudoperiodismo'
2026-02-26 - 07:13
El agua potable es lo primero que falta en una inundación. Esta imagen es una perfecta representación gráfica del problema de la sobreinformación en la que estamos inmersos y que está desvirtuando la función de los informativos de las cadenas de televisión. El espectador llega a los ‘Telediarios’ conociendo lo que ha ocurrido. O creyendo que sabe lo que ha ocurrido, que esa es otra. Lo ha visto a través de su móvil, que no da tregua de impactos audiovisuales, y de la propia emisión clásica de la televisión, donde las técnicas de Sálvame se han contagiado a los magacines de "actualidad". En demasiadas mesas políticas, se prioriza las rimbombancias del espectáculo de la tertulia con "famosos opinadores" al rigor de la prudencia, la entrevista a expertos y el aplomo del periodismo real. El yoísmo por delante de los protagonistas de la noticia. Y, claro, cuando empieza la emisión del informativo, el espectador ya está fatigado de "noticias" contadas con fanfarrias y rótulos falsos de ‘última hora’. Entonces, toca ordenar esas ideas. Y desmontar bulos. Sin embargo, a ojos de la audiencia la información veraz parece aburrida. El público se está habituando a la adrenalina de una programación repleta de pseudoinformación narrada con un tono melodramático, digno de culebrón. Mucha sugestión con músicas de fondo y con un lenguaje épico, construido a base de eslóganes fáciles, que simplifican la complejidad en buenos o malos. Así se azuza la intensidad de la emoción y se frena la calma que permite pensar. Lo que empobrece la conciencia crítica, que es base de los cimientos de una democracia. Tampoco ayuda el mal uso de la inteligencia artificial en redes sociales. Se está favoreciendo un vertedero de vídeos fake que recrean de manera hiperrealista catástrofes, accidentes y todo tipo de imágenes sensacionalistas. Nuestra cabeza quiere cada vez algo más fuerte que ver. O le parece poca cosa. Estos factores, sumados a la velocidad impaciente con la que consumimos el trajín informativo, propicia que exista un espectador medio que sienta que ya no necesita un espacio que resuma las noticias a las 9 de la noche. ¿Qué hacer para recuperar la atención en tiempos de desantención? Ya no basta con sintetizar la informaciones del día, hay que contextualizar las abreviaturas de la jornada, que es bien distinto. Se necesita ahondar con mayor visión y riesgo en la autoría, tantas veces confundida con la previsibilidad del posicionamiento ideológico. Pero no, hay otro tipo de autoría periodística más decisiva: la del divulgador que no solo te recapitula, sobre todo explica con un carácter reconocible, justo y solvente. Comunicadores identificables en plató y, también, reporteros en contacto directo con las historias. Nos hemos acostumbrado a replicar la información detrás de la pantallas. Información que viene ya cocinada por otros. En cambio, el periodismo es el género del reportaje: estar en el lugar, encontrarse con la realidad y que la pregunta con los auténticos protagonistas te desmonte la documentación previa. Ahí es fundamental la especialización periodística. Invertir en que cada redacción tenga profesionales que son unos estudiosos de su área y te la analizan desde el detalle al que los todólogos del trazo grueso jamás se aproximarán. En un momento en el que recibimos tanto mensaje anónimo, la sociedad necesita prescriptores que asocia a la honestidad que te abre la mente. Y te permite entender. Los informativos, después de unos años caminando por los decorados para intentar llegar a la audiencia con mayor ritmo escénico, deben volver al primer plano que te permite ver los ojos del comunicador. Ya lo están haciendo las principales cadenas. Pepa Bueno, Vicente Vallés y Carlos Franganillo son los autores visibles del informativo principal de las tres grandes cadenas de televisión nacional. Su nombre propio asegura credibilidad y pedagogía a la hora de explicar la noticia. Cada uno en su estilo, pero todos percatándose de que necesitamos voces contrastadas de las que fiarnos. Ahora las cadenas no los deben dejar solos. Como últimos mohicanos de la parrilla. Hay que cuidar, impulsar y visibilizar la elaboración periodística como sello de calidad que marca la distinción de los medios de comunicación de siempre de la riada de choques visuales de las redes sociales. Agotados de la hiperconexión digital que no da tregua, a medio plazo la sociedad va a demandar como nunca la serenidad que te da herramientas y no comercia con los sustos. O estaremos perdidos, aturdidos en vez de informados. Lo que nos hace menos críticos, más dóciles. Menos ciudadanos, más consumidores creyendo que podemos obtener las certezas como quien compra y, luego, descambia una camiseta en Zara.