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La «depresión posparto» de los padres se dispara tras el primer cumpleaños del bebé

2026-03-23 - 17:10

Durante el embarazo y los primeros meses de vida de un bebé, el foco de atención del sistema sanitario y del entorno familiar se sitúa, por razones evidentes, en la madre y el recién nacido . Sin embargo, una investigación masiva liderada por el Instituto Karolinska de Suecia sugiere que estamos ignorando una bomba de relojería en la salud mental de los padres . Los hombres, que parecen transitar el periodo de gestación bajo un manto de aparente estabilidad psicológica, experimentan un empeoramiento drástico de su bienestar emocional mucho después de lo que se pensaba: justo cuando el niño sopla su primera vela. El estudio, publicado en la revista ' JAMA Network Open ', ha seguido la pista de más de un millón de padres en Suecia cuyos hijos nacieron entre 2003 y 2021. Al cruzar los registros nacionales de salud, los investigadores descubrieron un patrón paradójico. Durante el embarazo y el puerperio inmediato, la probabilidad de que un hombre reciba un diagnóstico psiquiátrico es incluso menor que antes de ser padre . Pero esa «luna de miel» diagnóstica se rompe al cabo de un año, cuando los casos de depresión y trastornos relacionados con el estrés repuntan más de un 30% respecto a los niveles previos a la paternidad. Esta curva ascendente en los problemas de salud mental ha sorprendido a los propios autores del trabajo. Mientras que diagnósticos como la ansiedad o los problemas derivados del consumo de alcohol y drogas regresan a sus niveles base tras el primer año, la depresión y el estrés crónico rompen el techo previo . Los investigadores apuntan a que el desgaste acumulado y la falta de atención específica hacia el rol masculino en la crianza podrían estar detrás de este fenómeno tardío. «La transición a la paternidad suele implicar experiencias positivas, pero también una serie de nuevas tensiones», explica Jing Zhou, investigadora del Instituto de Medicina Ambiental del Karolinska y coautora principal del artículo. Según Zhou, el contraste emocional es una de las claves del desgaste: «Muchos aprecian los momentos íntimos con su hijo, pero al mismo tiempo la relación con la pareja puede verse afectada y la calidad del sueño suele deteriorarse considerablemente , lo que contribuye a un mayor riesgo de mala salud mental». A esta vulnerabilidad temporal detectada en Europa se suma un factor de riesgo individual crítico identificado recientemente en Australia. Según el informe público Ten To Men, del Instituto Australiano de Estudios de Familia (AIFS), el mayor estudio longitudinal sobre salud masculina del mundo, los hombres con antecedentes de depresión tienen ocho veces más probabilidades que sus pares de sufrir un episodio depresivo durante su primer año como padres. Los datos australianos refuerzan la idea de que la salud del varón antes de la concepción es un predictor infalible de su capacidad de adaptación. Aquellos que ya lidiaban con obesidad o falta de sueño antes de la llegada del bebé tienen muchas más papeletas para que estos problemas se cronifiquen. «Sabemos que la salud y el bienestar de un hombre antes de la concepción pueden tener un impacto significativo en cómo afronta la transición a la paternidad», afirma el doctor Constantine Gasser , investigador principal del AIFS, quien apuesta por conversaciones tempranas con el médico de cabecera antes incluso de buscar el embarazo. Además, a pesar de que el 84% de los nuevos padres acuden al médico de cabecera (por diversos motivos, no necesariamente de salud mental) en el primer año, el sistema no siempre está preparado para recibirlos. El estudio australiano denuncia que un tercio de los padres se topa con muros infranqueables: tiempos de espera excesivos, falta de disponibilidad de servicios y la dificultad de conciliar las citas con las obligaciones laborales. Esta desconexión es especialmente sangrante en padres jóvenes o que viven en entornos desfavorecidos , donde el riesgo de depresión es mayor. El estudio del Karolinska publicado esta semana advierte de que las cifras podrían ser solo la punta del iceberg . Al basarse exclusivamente en diagnósticos registrados, la investigación deja fuera a todos aquellos hombres que sufren en silencio, un comportamiento todavía muy prevalente debido a los estigmas de género. La realidad es que, mientras la sociedad suele centrar sus recursos en la madre, el padre se dedica a «aguantar el tirón» en solitario hasta que el agotamiento hace mella un año después. La identificación de estos periodos de vulnerabilidad —tanto el factor de riesgo previo como el pico de incidencia al año del parto— permitiría a los servicios de salud intervenir de forma preventiva. Como concluye Jing Zhou, el bienestar del padre es fundamental «tanto para ellos mismos como para la estabilidad de toda la familia ». No es solo una cuestión de igualdad doméstica, sino de salud pública: cuando el padre está bien, la familia progresa.

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