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La dermatitis atópica se dispara en invierno: «Es una enfermedad crónica, pero hoy es tratable»

2026-02-23 - 06:53

Hay un porcentaje de adultos y niños a los que el invierno les sienta especialmente mal. Se trata de aquellos pacientes que sufren dermatitis atópica , a los que esta estación les desencadena brotes intensos y, en casos de gravedad, incapacitantes. Eso sí, desde el Hospital Universitario de Valme tienen claro un mensaje: «es una enfermedad crónica , pero hoy es tratable ». Para los desconocedores de esta dolencia, la dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica, no contagiosa, que se manifiesta en el cuerpo del que la padecen en forma de brotes que generan un picor intenso, enrojecimiento , descamación y lesiones eccematosas. Un estudio estima que afecta a entre el 15% y el 20% de los niños ; y entre el 3% y el 10% de los adultos de los países desarrollados. Si bien la mayor parte de los casos presenta una evolución leve, entre un 10 y un 20% desarrolla formas moderadas o graves con un impacto notable en la calidad de vida del paciente. La dermatitis atópica no es sólo un problema de la piel. También tiene derivaciones en sus formas más graves que se manifiestan en alteraciones severas del descanso nocturno, provoca insomnio crónico y afecta al rendimiento escolar y laboral. Además, es la enfermedad dermatológica con mayor asociación a la depresión y ansiedad , afectando negativamente a las relaciones interpersonales. También favorece la aparición de otras enfermedades alérgicas como asma, rinitis, alergias alimentarias o esofagitis eosinofílica. En la consulta monográfica Hospital Universitario de Valme trabajan dos especialistas en la materia como Juan Manuel Morón Ocaña (dermatólogo de la población adulta) y M.a Luisa Martínez Barranca (dermatóloga de la población pediátrica). Esta unidad atiende una media de 24 pacientes al mes con dermatitis atópica severa y realiza un seguimiento exhaustivo e individualizado, adaptando los tratamientos a la edad, las enfermedades asociadas y las necesidades específicas de cada persona. «Esta era una enfermedad huérfana de tratamientos eficaces en su nivel severo hasta hace apenas cinco años; sin embargo, el avance en el conocimiento de los mecanismos de la enfermedad ha supuesto una auténtica revolución», indica Juan Manuel Morón. Y es que ahora existen tratamientos innovadores, como los fármacos biológicos y nuevas terapias dirigidas, capaces de controlar la inflamación , reducir de forma drástica el picor y devolver una calidad de vida prácticamente normalizada a muchos pacientes. Eso sí, estos especialistas insisten en un mensaje claro: «no hay que normalizar el picor intenso, el insomnio ni el sufrimiento, especialmente en invierno. La dermatitis atópica es una enfermedad crónica, pero hoy es tratable . Un diagnóstico precoz, el seguimiento especializado y el acceso a tratamientos avanzados pueden cambiar radicalmente el curso de la enfermedad y la calidad de vida de los afectados». El Hospital Universitario de Valme se ha consolidado como centro de referencia en el abordaje de la dermatitis atópica severa. La unidad atiende una media de 24 pacientes al mes con formas graves, lo que supera los 300 casos anuales , con un seguimiento individualizado y adaptado a la edad, las comorbilidades y las necesidades de cada paciente, tanto para los pacientes adultos como los pediátricos. Cuestionado por los motivos por los que el invierno afecta más a los pacientes con esta dermatitis, Valme señala que durante dicha estación la enfermedad tiende a empeorar por la combinación de varios factores ambientales. Así, las bajas temperaturas y la disminución de la humedad ambiental aumentan la sequedad cutánea y debilitan la función protectora de la piel. Todo en una piel que no tiene un equilibrio perfecto entre las células cutáneas, el sistema inmunitario y los microorganismos que viven sobre la misma, sino en la que se produce una alteración de la 'microbiota cutánea' por el predominio de bacterias como Staphylococcus aureus, que favorecen la inflamación y las sobreinfecciones. Además, el uso de calefacción intensifica esta pérdida de hidratación , mientras que la menor exposición solar provoca la pérdida del efecto inmunomodulador y antiinflamatorio de la radiación ultravioleta. A ello se suma el roce de ropa más gruesa o tejidos irritantes, que favorecen el picor y la inflamación. El resultado es un aumento de los brotes, más intensos y duraderos en los meses fríos.

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