La discreta y trágica vida de Athina Onassis: de la maldición de su familia a su duro matrimonio
2026-02-01 - 08:35
Han sido 41 años los que ha cumplido este pasado jueves 29 de enero Athina Helene Roussel Onassis. A pesar de su conocido apellido, quizá su nombre sea el de alguien que ha buscado activamente desaparecer de los medios. Que nadie la busque. Y repasando su vida cualquiera puede comprender el porqué una joven nacida en Neuilly-sur-Seine, en Francia, en 1985, siendo sus padres dos personas tan ricas como Christina Onassis y el empresario Thierry Roussel, ha preferido refugiarse en sus amistades y en una rutina que no la obligue a estar en el foco de atención. De alguna forma, Athina puede pensar que nada es al azar, sobre todo porque su infancia, y lo que luego ha sido su vida, se define como un cúmulo de pérdidas y de desdichas que hacen de su biografía casi una enumeración de páginas de sucesos. Y no solo porque su trágica vida estuviese ligada también a la de otra rama familiar con un amplísimo catálogo de desgracias como fueron los Kennedy, sino porque, desde bien pequeña conoció la muerte, porque todo en su árbol genealógico se lo recordaba. La de sus abuelos habían sucedido una década antes de que ella naciera. El mítico Aristóteles Onassis, de insuficiencia respiratoria, había perdido la vida en marzo de 1975. Su primera esposa y abuela de Athina, también llamada Athina —aunque era conocida como Tina Livanos—, se había quitado la vida unos meses antes, en octubre de 1974, empleando una sobredosis de barbitúricos en la casa de París que compartía con su tercer marido, el empresario griego Stavros Niarchos, viudo de su hermana Eugenia y, curiosamente, competencia de Onassis en el negocio del transporte naviero. No había podido superar la muerte de su heredero, su hijo, Alejandro Onassis, tío de la pequeña, que había fallecido en un accidente de avión también unos meses antes, con apenas 24 años. Siendo todavía una niña, por si fuera poco, hubo de lidiar con la muerte de su madre, que fue encontrada sin vida en su bañera. Según las fuentes oficiales, sufrió un edema pulmonar que derivó en paro cardíaco. Esta maldición de la familia Onassis, sin embargo, convertía a Athina en la heredera directa de una de las mayores fortunas del siglo XXI. Criada en Suiza por su padre y su madrastra, como recuerdan desde Lecturas, creció en un ambiente tan estable como estricto, dado que su abuelo y su madre habían dejado su herencia al control de un consejo de administradores, dado que desconfiaban del padre de Athina y le impidieron en sus testamentos que pudiera gestionarla libremente, de manera que fuese a parar prácticamente íntegra a la pequeña. Pero eso no fue lo que sucedió. Cuando cumplió la mayoría de edad, Athina dispuso de una parte de esa fortuna —hoy valorada en más de 2.700 millones de dólares—, pero el control total jamás llegó. Y la razón fue la Onassis Foundation y su consejo directivo. En teoría, a los 21 años, ella debía asumir la dirección de la organización creada por su abuelo para preservar el patrimonio cultural y social de su apellido para beneficio de la sociedad griega. Pero su elección fue bloqueada, aduciendo la falta de vinculación de Athina con Grecia, que no conociese ni el idioma ni la cultura helena y su ausencia de formación universitaria o experiencia profesional más allá del ámbito deportivo. La joven impugnó legalmente esta decisión, pero sus intentos fueron infructuosos. Ello hizo que se acabase su vínculo con Grecia y, sobre todo, siendo además lo que más le afectó, su exclusión del apellido familiar, alejándose del entramado empresarial y filantrópico que este conllevaba. Se centró, por tanto, en su mayor afición, la hípica. Y, en especial, en el salto de obstáculos, compitiendo en campeonatos ecuestres de gran nivel. Si bien jamás llegó a ser una de las mejores del mundo, sí logró el respeto de otros competidores. De hecho, en 2018, impulsó la creación del Athina Onassis Horse Show, un ya afamado concurso hípico celebrado en Saint-Tropez. Si bien ella, desde 2023, ha reducido de manera significativa su presencia en el circuito internacional, no así lo han hecho sus caballos, codiciados por el más alto nivel en todo el mundo y siendo por algunas de las mejores amazonas del presente. Huelga decir, además, que se negó a formar parte de cualquier competición bajo la bandera griega. La hípica también fue la clave para que conociese al amor. A Doda, como se conocía al jinete brasileño Álvaro de Miranda Neto, quien en sus comienzos pareció ser su gran apoyo, dado que se casaron cuando ella era muy joven, con apenas 20 años. Él era 12 años mayor que ella y ganador de dos medallas olímpicas, ambas de bronce por equipos, en Atlanta 1996 y en Sídney 2000. Fue una boda en 2005 en São Paulo, bajo unas estrictas medidas de seguridad. Pero allí no estaba su padre, Thierry Roussel. Este se negó a acompañarla al altar, temiendo que Doda solo fuese tras la fortuna familiar. Y eso que habían firmado un contrato prematrimonial que dejaba al jinete sin posibilidad alguna de ejercer ningún derecho sobre la fortuna de Athina. Pero la intransigencia paterna no desarmó la insistencia de Athina, que compartía su vida con el brasileño e, incluso, se convirtió en una segunda madre para Viviane, la hija que su marido había tenido con su anterior pareja, la modelo Cibele Dorsa. Pero a pesar de que entrenaban e iban a competiciones juntos, el matrimonio comenzó a fracturarse en 2011, de nuevo por la tragedia. En 2010,había comenzado una nueva relación, con el presentador de televisión Gilberto Scarpa. En teoría, iban a casarse en abril pero Scarpa se suicidó antes, saltando desde su apartamento a finales de enero de 2011. Cibele, que además había sufrido un importante accidente de coche en 2008 sobre el que escribió un libro, no soportó el golpe y en marzo ella también saltó desde el séptimo piso de su apartamento. Por si fuera poco, dejó en Twitter y en una nota de suicidio durísimas palabras contra Doda y contra Athina. Athina y el jinete brasileño acabaría divorciándose unos años más tarde, en 2016, cuando salió a la luz pública una larga infidelidad de Doda, que se volvería a casar más tarde, con Denize Severo, con quien ha tenido un hijo y una hija. Por su lado, Athina ha preferido llevar una vida lejos de las cámaras —aunque recientemente, por sorpresa, acudó a un evento de moda en París—, sin que se haya hecho pública ninguna otra relación, completamente ajena a todo lo que ha rodeado siempre a su apellido y replegada en sus caballos y en sus amistades. Una de ellas, Alexis Mantheakis, la definió con una frase que ya se le ha quedado como si fuera su sobrenombre: "Muñeca de acero".