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La dura confesión de Amanda Peet: "Supe que tenía cáncer de mama cuando mis padres se estaban muriendo"

2026-03-24 - 22:00

Desde el pasado verano, la vida de Amanda Peet cambió por completo al ser diagnosticada con cáncer de mama. Una enfermedad a la que se sumó la muerte seguida de sus padres, que se encontraban en cuidados paliativos: él por un cáncer terminal y ella por Parkinson. Este trágico relato lo ha plasmado recientemente en el periódico The New Yorker, donde se ha sincerado sobre todo lo que vivió durante esos meses. "Durante muchos años, los médicos me han dicho que tengo los senos 'densos' y 'con mucho volumen', no como un cumplido, sino como una advertencia de que requieren un seguimiento especial", comenzó con la historia sobre su enfermedad. "Me hacía revisiones con un cirujano de mama cada seis meses. Un día, fui a lo que pensé que sería una ecografía de rutina. La Dra. K. solía charlar conmigo mientras me examinaba, pero esta vez se quedó en silencio. Me dijo que algo no le gustaba en la ecografía y que quería hacerme una biopsia", continuó la actriz. Después del procedimiento, me dijo también que llevaría la muestra a Cedars-Sinai y la entregaría personalmente al departamento de Patología. Fue entonces cuando lo supe", detalló sobre el momento en el que se enteró que tenía cáncer. En el momento en el que iba a contárselo a sus hijos, Peet recibió una llamada de su hermana con la peor de las noticias: su padre se moría. Esta noticia les pilló de imprevisto, ya que su madre se encontraba en peor estado de salud, pues estaba en la fase terminal del Parkinson. "Ambos estaban en cuidados paliativos en diferentes hospitales", apuntó la intérprete en el texto, ya que llevaban años divorciados. Peet viajó hasta Nueva York para despedirse de su padre, pero no le dio tiempo de hacerlo "antes de que diera su último aliento". "Pero pude ver su cuerpo antes de que lo sacaran de su apartamento. Me quedé allí, en un estado de morbosa fascinación. Su cabello seguía siendo el mismo: espeso, mayormente castaño. Sus pulgares magullados, que eran lo único gordo y brutal que tenía, seguían igual que siempre. Pero su boca estaba abierta y caída de forma peculiar hacia un lado, y su piel estaba succionada hacia su esqueleto como una bolsa de almacenamiento al vacío", describió. "Me sentí culpable por no llorar, pero al menos me libré de la incertidumbre de cuánto tiempo más me quedaba a mí de vida. En cuanto el cuerpo de mi padre desapareció de mi vista, volví a entrar en pánico por mi cáncer", fue lo que pensó Amanda Peet en ese duro momento. Y, al volver a casa, le dieron una nueva noticia relacionada con su enfermedad: un nuevo bulto en la mama. Tras llevar a cabo las pruebas pertinentes, los médicos le dijeron que el tumor era benigno, por lo que pudo respirar algo más aliviada. La actriz fue diagnosticada con cáncer de mama en estadio I, por lo que no iba a necesitar quimioterapia; solo una lumpectomía y radioterapia. El pasado enero le hicieron una tomografía, en la que los médicos no encontraron ningún tipo de anomalía. La mala noticia fue que, a los días, su madre falleció. La mujer fue tratada con morfina para morir, expuso Peet en su testimonio: "Tardaba una eternidad en hacer efecto, y ella miraba al techo y sollozaba, así que me subí a su cama de hospital alquilada para ponerme en su campo de visión". "Nuestras miradas se cruzaron y se calmó, y entonces ella y yo seguimos mirándonos fijamente durante lo que parecieron varios minutos", agregó sobre los últimos momentos de la vida de su madre.

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