La enfermedad incomprendida que padece un 11% de la población española
2026-02-23 - 07:53
El Síndrome de Piernas Inquietas (SIP) o enfermedad de Willis-Ekbom es una dolencia muy incomprendida por el entorno del que lo sufre e incluso por el ámbito sanitario, en el que con demasiada frecuencia, se maneja mal. Así lo ha afirmado en Toledo el neurofisiólogo especialista en medicina del sueño, Óscar Larrosa , invitado por la Asociación Nacional de Síndrome de Piernas Inquietas, que preside Purificación Titos. El doctor Larrosa ha pasado media vida investigando cómo resolver trastornos del sueño, entre ellos el SIP, una enfermedad frecuente que disminuye la calidad del sueño, complica las actividades de ocio y la vida personal, familiar y laboral del afectado, y por la que hay todavía mucha labor por hacer a nivel social y sanitario. «Vamos sabiendo cosas. Es una enfermedad de predisposición genética, o sea, no la tiene el que quiere, sino el que puede tenerla por predisposición genética que puede ser mayor o menor. Y según la cantidad de predisposición genética aparece muy pronto o más avanzada la vida. Y esa predisposición genética produce que el hierro no pase bien al sistema nervioso . En la barrera entre la sangre y el cerebro, este componente no pasa bien. Y el hierro es fundamental para ciertas sustancias cerebrales, neurotransmisores, que si funcionan mal, pues provocan los síntomas de la enfermedad«, explica Larrosa. Eso es más o menos la causa última. Luego cualquier proceso metabólico o ciertas enfermedades pueden desencadenar la enfermedad en los que tienen predisposición genética. «Uno de los peores factores es que no se duerme o es muy difícil la calidad de sueño, es una enfermedad que hiperactivo por la tarde avanzada la noche y cuando el problema es importante machaca la calidad de sueño, la destroza, no se duerme y esa es la principal causa de incapacidad y de alteración de la calidad de vida y de que consulten al médico», apunta el doctor Óscar Larrosa, miembro de la Sociedad Española del Sueño (SES). Para ayudar a estas personas es muy importante hacer un buen diagnóstico porque no todas las molestias de piernas son piernas inquietas. Y una vez que se tiene el diagnóstico, «el tratamiento es muy farmacológico, es un problema crónico, no sé si para toda la vida, pero a largo plazo». Según el especialista en medicina del sueño hay medicamentos que pueden ayudar a llevar los síntomas, pero algunos a largo plazo incluso pueden complicar la enfermedad. «Hay que tener mucho cuidado en qué medicamento se pone según las circunstancias del afectado; es una enfermedad para gente que sabe de ella, que no hay muchos, ese es el problema». Además hay que llevar ciertas normas de vida o de higiene de sueño para controlar que no empeore la enfermedad que padece un 11% de la población en España, de los que solo un 3% tienen tratamiento, un millón y medio de personas. La edad más frecuente de aparición es entre los 25 y los 35 años pero también puede manifestarse en niños y en personas incluso mayores de 65. Es el doble de frecuente en mujeres, quizá por causa hormonal o porque tienen más problemas de metabolismo del hierro a nivel de sangre, pues en edad fértil sangran una vez al mes La charla fue organizada por la Asociación Española de Síndrome de Piernas Inquietas, dentro del proyecto Ruta por España por el SPI, que recorrerá todas las comunidades autónomas con este tipo de charla divulgativa con el fin de dar a conocer esta dolencia y ayudar a las personas que aún no han sido diagnosticadas. «Esta enfermedad es un trastorno del sueño, de hecho nos diagnostican en las unidades del sueño porque ahí es donde llegamos porque no dormimos. La enfermedad nos obliga a movernos cuando estamos en relax, no continuamente, en la tarde-noche más, y justamente si te paras, es decir, si te sientas, quieres relajarte a ver una película, quieres ponerte en el sofá o acostarte en la cama, nuestras nuestras piernas sienten una tensión, una inquietud que solamente se nos alivia caminando», confiesa Purificación Titos. Entonces se ponen a andar y si es la hora de dormir, y una crisis tras otra, les dan las cinco de la mañana. «Podemos estar toda la noche sin dormir, por eso la consecuencia en el sueño», concluye.