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La espectacular cascada jamaicana escalable que hizo famosa James Bond en los años 60

2026-02-17 - 10:55

Jamaica es mucho más que Bob Marley y reggae. Esta isla del Caribe , situada en el corazón de las Antillas Mayores, es uno de esos destinos que se te clavan en el alma, de esos a los que no te importaría escaparte a coger aire cuando el mundo se te pone cuesta arriba. Sus postales naturales, para coleccionar, incluyen playas kilométricas bañadas por aguas turquesas, bosques tropicales, ríos, cascadas, y las montañas donde se produce uno de los mejores cafés del mundo, las Blue Mountains. Con el sonido de los tambores como hilo musical se puede descubrir, también, sus pequeños pueblos, sus mercados locales o la arquitectura colonial de Port Royal, en Kingston. Vamos, que posibilidades de tener una escapada de diez no faltan. De esas joyas naturales de las que presumen hay una que ya llamó la atención hace más de 50 años, las cascadas del río Dunn , un paisaje que parece de otro mundo que hizo de decorado en la primera película de James Bond en la década de los 60. Las películas de James Bond se han rodado en más de 100 localizaciones naturales y en países de medio mundo, pero Jamaica ocupa, sin ninguna duda, un lugar especial en esta saga. El novelista inglés Ian Fleming, escritor de las historias del agente secreto más famoso de la historia, quedó prendado de esta isla la primera vez la vio durante una misión para investigar las actividades de los submarinos alemanes en esa zona en plena Segunda Guerra Mundial. Una vez terminó la contienda volvió a este paraíso y se compró una villa en la bahía de Oracabessa, situada a pocos minutos de Ocho Ríos, a la que bautizó como GoldenEye. Es por esto, que no extrañó a nadie que Dr. No, la primera película que vio la luz allá por el año 1962, fuera rodada en este destino. Las localizaciones van desde la mítica y siempre recreada escena de Ursula Andress como chica Bond saliendo de las aguas cristalinas de la playa de Laughing Waters, pasando por el pantano de Falmouth o el aeropuerto de Kingston, hasta las espectaculares cascadas del río Dunn. La escena en la que un jovencísimo Sean Connery en el papel del agente secreto y Andress se refrescaban en estos saltos de agua es una de las que más se clavaron en los ojos y recuerdos de los espectadores. Situadas en la costa norte jamaicana, cerca de la turística región de Ocho Ríos, se encuentran estas cataratas, un espacio natural que se ha convertido por méritos propios en una de las principales atracciones turísticas del país y que destaca por ser uno de los pocos ríos del mundo que desemboca directamente en el Mar Caribe. Se cree que este fue el escenario de la batalla de 'Las chorreras', que enfrentó en 1657 a españoles e ingleses por la posesión de la isla. Los ingleses salieron victoriosos y bajo su dominio pasaron a ser inicialmente propiedad de Charles Pryce. En 1972 paso a formar parte de la propiedad Belmont de 113 hectáreas que adquirió el Gobierno de Jamaica para desarrollar instalaciones recreativas y parques. Cabe destacar que son un espacio vivo y en constante crecimiento que se renueva continuamente a partir de los depósitos de roca travertina, resultado del carbonato de calcio del río que fluye sobre los saltos de agua. La particularidad de estos famosos saltos de agua es que se pueden escalar sus casi 200 metros de caída . La aventura, para la que es necesario ir con escarpines o calzado adecuado, ropa de baño –o que se pueda mojar– y funda hermética para el móvil, comienza desde la playa de arena blanca a la que van a morir. Antes de empezar el ascenso, que durará más o menos una o dos horas, dependiendo de la agilidad de los participantes y de las paradas para hacerse fotos, hay que agarrar la mano al resto de compañeros formando una línea para subir de forma más segura y rápida. Ni que decir tiene que el grupo va en todo momento acompañado de un guía local experto, que es capaz de subirlas dos o tres veces al día sin despeinarse, ni apenas mojarse –lo normal es acabar empapado aun sin nadar o meterse a propósito– y de hacerte un book fotográfico en cada uno de los puntos clave. El complejo cuenta con todo tipo de instalaciones, desde baños y parking, pasando por bares, hasta tiendas de souvenirs en las que los más despistados pueden hacerse, además de con un imán para la nevera, con unos escarpines con la bandera jamaicana o una toalla. Los que no quieran probar suerte con las cascadas, siempre pueden quedarse en la playa o subirse a la tirolina que pasa por encima del parque entre los frondosos árboles y la vegetación. Para los que vayan con niños hay también un parque acuático infantil. Si bien es cierto que reciben miles de visitantes al día y en temporada alta puede estar concurrido, es un paraje natural de los que hay que visitar, pues tal es su importancia que hasta aparece en los billetes de 100 dólares jamaicanos, por lo que se puede optar por ir a última hora, de 15 a 16 horas.

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