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La estatua de Colón

2026-03-26 - 05:40

Existen en el mundo más de medio millar de monumentos dedicados a Cristóbal Colón. La mayoría están en América, España e Italia (tierra natal de aquel marino), pero los hay también en Egipto, Bélgica, Japón o el Reino Unido. Como pasa siempre con estas cosas, algunos son verdaderamente hermosos, como los de Madrid o Barcelona; otros son auténticos espantos. Uno de los más feos, original de un torpe georgiano llamado Zurab Tsereteli, lo acaba de colocar Donald Trump frente al solemne edificio Eisenhower, en la Casa Blanca. Es una estatua recuperada: hace seis años, los manifestantes antiesclavistas del Black Lives Matter destrozaron la estatua y la tiraron al mar en Baltimore. Ahora Trump la ha puesto en un lugar de honor (de milagro no la ha pintado de purpurina dorada, que es lo que le chifla) argumentando que Colón fue "un auténtico héroe estadounidense". Es decir, que se trata de una decisión política, no histórica ni mucho menos artística. No es fácil discernir quién tiene la cabeza más a pájaros: si los que se cargan las estatuas de Colón por "esclavista y colonizador" o este zampatortas anaranjado que lo reivindica porque cree que era estadounidense. No fue ni lo uno ni lo otro. Colón no colonizó nada, no le dio tiempo. Y hace 520 años que se murió sin sospechar que, mucho más al norte de las islitas que él encontró, había una tierra que, dos siglos y medio después, sería llamada Estados Unidos. Así que ¿héroe estadounidense? ¿Seguro? A decir verdad, Colón fue un acontecimiento más que una persona. Cuando zarpó de Palos de la Frontera, en 1492, y puso rumbo a Poniente, hacía siglos que algunos sabían que más allá del "Mar tenebroso" había tierra y había gente. Lo de los vikingos está muy contado. Pero es menos conocido lo que demuestran los documentos del archivo de la casa de Medina-Sidonia: muchísimo tiempo antes del viaje de Colón, pescadores norteafricanos habían cruzado el océano, habían hallado tierra y se habían encontrado con seres humanos. Algunos regresaron. La mayoría no. ¿Qué es lo que hace singular a Colón? Pues su época. A finales del siglo XV, en Europa se había desarrollado ya una tecnología naval que hacía posible cruzar el Atlántico... y volver, algo inimaginable hasta entonces. Eso se logró con la carabela, la brújula, el astrolabio náutico, el cuadrante y otros trastos parecidos. Con ellos ya era posible no solo llegar a lo que hoy llamamos América, sino establecerse, sobrevivir, comerciar un poquito y sobre todo regresar para contarlo y animar a otros a hacer lo mismo. El "descubrimiento" no fue, pues, llegar. Fue poder quedarse y poder retornar. Y hacerlo, desde luego, a un estado con la suficiente solvencia económica –la corona de Castilla– como para permitirse costear aquellas aventuras, que eran carísimas. Colón, pues, fue fruto de su tiempo. El buen hombre, que sin duda se murió sin tener ni idea de lo que había encontrado, es una figura histórica porque su viaje cambió el mundo para siempre. Pero si no lo hubiese hecho él, lo habría hecho otro poco tiempo después. Los monumentos que se levantan porque la mayor parte de la sociedad así lo quiere suelen sobrevivir Esto lo han entendido generaciones enteras de personas que han levantado estatuas al animoso genovés. Y nunca ha habido problemas. Solo ahora, cuando la multiplicación de la ignorancia nos ha hecho creer el terrible disparate de que se puede juzgar el pasado con los criterios éticos, morales, sociales y políticos de nuestro tiempo, las estatuas de Colón (y muchas más) se han convertido en un problema. Medio milenio después de su muerte... Es un error. Los monumentos que se levantan porque la mayor parte de la sociedad así lo quiere suelen sobrevivir. Pero los que se alzan para imponer las propias ideas sobre las de otros; es decir, para provocar o humillar a otros, son derribados. Un día u otro lo veremos. Y Colón seguirá sin tener la culpa de nada.

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