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La Europa de la Salud no estará completa sin la atención a la dependencia

2026-02-03 - 12:15

Europa ha logrado algo extraordinario: que vivamos más años. Hoy, más del 22% de la población europea supera los 65 años y la esperanza de vida alcanza los 81,5 años. Sin embargo, este éxito colectivo ha traído consigo un reto que aún no estamos afrontando con la ambición necesaria: el aumento de la cronicidad y de las situaciones de dependencia, y en consecuencia, la necesidad de unos cuidados de larga duración adecuados, continuados y de calidad. Pese a ello, la dependencia sigue siendo la gran olvidada cuando hablamos del sistema de bienestar europeo. Hemos avanzado en medicamentos, tecnología o asistencia sanitaria, pero los cuidados continúan considerándose una cuestión secundaria. El desafío es enorme y, sin embargo, estamos llegando tarde. Conscientes de esta urgencia, en la presentación del estudio Una visión española de la Europa de la Salud, en el que la Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia (Aeste) ha contribuido con el capítulo dedicado a la Atención a la Dependencia, trasladamos un mensaje claro ante las autoridades españolas y europeas: la atención a la dependencia debe convertirse en un pilar estratégico formal de la Europa de la Salud, al mismo nivel que la sanidad. Porque sin cuidados, no hay salud, o la Europa de la Salud está incompleta. Es imprescindible que se dé este cambio de mirada en lo referente a la importancia estratégica de la dependencia porque implica poder hablar de derechos europeos, estándares comunes y una financiación estructural, entre otros, con el objetivo claro de evitar las desigualdades que existen entre los ciudadanos europeos en el acceso a los apoyos cuando los necesitan. Por otro lado, en un contexto donde existen distintos modelos de dependencia en Europa, en países como España, los cuidados siguen recayendo en gran medida en el entorno familiar y, especialmente, en las mujeres. Este modelo además de generar desigualdades de género, provoca pérdida de empleo y cotizaciones, empobrecimiento de los hogares y una economía sumergida vinculada al cuidado, por lo que no es sostenible. Priorizar los cuidados y situarlos en el centro de la política comunitaria permitiría también afrontar uno de los mayores fallos estructurales del sistema: la falta de coordinación sociosanitaria. Sanidad y servicios sociales funcionan de manera separada. Hospitales, atención primaria, residencias y atención domiciliaria no comparten información ni objetivos, y las personas dependientes pasan de un sistema a otro sin continuidad asistencial. Las consecuencias son conocidas: ingresos hospitalarios evitables, estancias prolongadas, saturación de urgencias, duplicidades y mayor gasto público. La coordinación sociosanitaria contribuye claramente a la sostenibilidad del sistema, por lo que no puede existir una Europa de la Salud funcional sin una coordinación real. Convertir la dependencia en un pilar estratégico europeo permitiría también mejorar la realidad de un sector hoy claramente infrafinanciado. En España, el gasto público en dependencia representa apenas el 0,9 % del PIB, muy por debajo de la media europea. Pero los cuidados no pueden seguir tratándose como un servicio low cost. Priorizar la dependencia implica dejar de verla como un gasto social, para entenderla como lo que realmente es: una inversión estratégica europea, ligada a la cohesión social, la equidad y la sostenibilidad del estado del bienestar. Sin embargo la sostenibilidad del sistema no está en riesgo solo por la falta de recursos, sino también por la escasez estructural de profesionales de cuidados. Y sin profesionales, no hay cuidados. Para el periodo 2018-2030 ya se estimaba que la UE necesitaría cerca de 11 millones de profesionales sanitarios y asistenciales para cubrir la demanda, y aún estamos muy lejos de cubrir este déficit. Estamos sin duda ante un sistema de cuidados que no es sostenible ni social, ni económica, ni demográficamente. En este sentido, el envejecimiento de nuestras sociedades nos exige crear ya un marco europeo de cuidados de larga duración, basado en la igualdad de derechos, coordinación sociosanitaria real, financiación estructural y garantías para la profesionalización del sector. Si queremos una Europa de la Salud verdaderamente completa, los cuidados deben estar en el centro. No pueden seguir siendo el eslabón más débil. El reto demográfico no espera. Y Europa tampoco debería hacerlo.

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