La fraternidad hay que cultivarla
2026-02-15 - 08:15
En momentos de turbulencias electorales resulta más sencillo y menos eficaz el enfrentamiento interno y la división que la autocrítica sobre las causas que nos llevan a esos resultados. Cada uno de nosotros sabe cuál es el grado de responsabilidad que tiene y qu suele ser proporcional a la capacidad de decidir y actuar en esta situación. Tras los resultados de Aragón y Extremadura no ha habido espacio para el análisis sosegado. En cambio, el tiempo para los reproches y los excesos verbales ha sido ingente. Demasiada testosterona suelta y poco sentido común. Todo lo contrario que se necesita en estos momentos, que en lugar de facilitar la cohesión interna ahonda en la desunión. No he podido dejar de pensar en estos días en el 38 congreso del PSOE. Teníamos que elegir entre dos compañeros por los que sentía y sigo sintiendo, aunque ya no estén entre nosotros, una enorme admiración y un profundo cariño. Quizás mi manera de sentir la militancia y de ver el partido se asemejaba más a la visión de Alfredo Pérez Rubalcaba pero creía que era la hora de apostar por primera vez por una mujer para romper el techo que aún hoy sigue cerrado para los liderazgos femeninos en la política española Y apoyé a Carmen Chacón. Alfredo venció y además nos convenció a todos, que diría Unamuno. Lo decisivo llegó tras la votación durante toda una madrugada. No quería imponer la mitad del partido sobre la otra mitad sino recomponerlo. Nombró Presidente a Pepe Griñán buscando esa necesaria integración. Elena Valenciano fue nuestra vicesecretaria general y Oscar López secretario de organización. Rubalcaba defendía un proyecto de amplias mayorías, donde cabía quien pensaba diferente y sobre todo, buscaba integrar todas las sensibilidades desde la lealtad al proyecto común del PSOE. Os preguntaréis porqué me remito a aquellos momentos, y la explicación resulta muy sencilla. Mi apoyo explícito a Carmen no fue obstáculo para contar con el apoyo de Alfredo desde ese momento en adelante y contar con su amistad hasta el final de sus días. Era ese último teléfono que siempre estaba ahí, con el que conversaba cada noche y en el que encontré el sentido profundo del compañerismo y la fraternidad socialista. Por eso me ha impactado y contrariado, aún más, lo ocurrido esta semana. El señalamiento a Javier Lambán, los excesos verbales de distintos miembros del Gobierno contrastan con lo que los mismos protagonistas vivieron y ejercieron al lado de Alfredo, la cultura del respeto. Quién tiene más poder tiene más responsabilidad y capacidad de integrar. Orillar el rencor es más complicado a veces que orillar al compañero que discrepa. Pero sin lugar a dudas, lo primero, aunque más difícil es más gratificante. La fraternidad hay que cultivarla y somos muchos los que estamos convencidos que es el mejor camino para recuperar la confianza de la gente, reconstruyéndose primero entre nosotros. Ya nos decía Ramón Rubial que "no tememos el veredicto del pueblo porque sabemos ser arquitectos de las ideas de progreso". Quizás reflexionar desde el respeto, analizar las causas sin prescindir de nadie y construir los puentes que devuelvan la confianza mayoritaria en nuestro proyecto de progreso puede cambiar el veredicto y la tendencia que hasta ahora en los últimos comicios se ha impuesto. Ojalá sea posible.