La Fundación ARCO celebra treinta años de Premios «A» al Coleccionismo
2026-03-03 - 11:03
En su trigésima edición , los Premios A al Coleccionismo confirman que el mecenazgo ha dejado de ser un gesto discreto para convertirse en un dispositivo cultural de primer orden. Hagamos un repaso por su historia y analicemos lo que llevan aportando desde que, en 1997, cuando se comenzó a distinguir a coleccionistas nacionales e internacionales, para descubrir quiénes son los agraciados esta vez y por qué. No se trata de celebrar patrimonios privados, sino de señalar modelos de actuación que inciden en la circulación de las obras en beneficio de la sociedad. Por eso, la Fundación ARCO torna esta cita anual en una especie de termómetro que mide la salud ética e intelectual del coleccionismo a ojos de la crítica. La ceremonia de entrega de los premios es hoy en el Museo Reina Sofía, escenario para recordar que muchas de las piezas que hoy consideramos imprescindibles llegaron a las instituciones gracias a la mediación de coleccionistas con visión. La posterior cena benéfica, con la colaboración de Cartier, busca recaudar fondos para nuevas adquisiciones destinadas a la colección que la Fundación deposita en el CA2M. Ese engranaje, que une feria, filantropía y museo, revela una comprensión madura del entramado artístico. Porque, cada vez más, el mercado no se percibe cual territorio aislado del interés público; es evidente que puede convertirse en un aliado para todos los agentes culturales. No es baladí que se haya prestado especial atención al aspecto intelectual recientemente. Entramos en la lista de premiados en la presente edición con El Premio A Helga de Alvear, que recae en Juan Antonio Pérez Simón, cuyo acervo supera las cuatro mil obras y se apoya en una biblioteca monumental de más de cincuenta mil volúmenes. La dimensión cuantitativa impresiona, aunque lo que destaca es la coherencia histórica que sostiene el conjunto. En el apartado internacional, Laurent Dumas recibe el galardón por una colección que ilumina la evolución del arte francés desde los años sesenta hasta la actualidad. Formada durante más de dos décadas, presta especial atención a formatos monumentales y a una figuración que interroga la sociedad mediática y la memoria. Desde Jean Michel Alberola o Annette Messager, la inclusión de artistas extranjeros establecidos en Francia revela una escena permeable, lejos del ensimismamiento que en otras épocas la caracterizó. Dumas ha impulsado la Bourse Révélations Emerige para apoyar a jóvenes talentos y prepara la apertura del centro Pointe des Arts en Île Seguin, diseñado por RCR y Baumschlager Eberlé. El premio subraya que el coleccionismo puede generar infraestructuras y no solo inventarios. El reconocimiento al coleccionismo nacional distingue a Gabriel Calparsoro, cuya trayectoria comenzó hace quince años desde una convicción íntima y se ha consolidado en una colección de alrededor ciento setenta obras. Fotografía, escultura, pintura y videocreación conforman un conjunto marcado por la atención a discursos sociales y políticos. La biografía del coleccionista, con una etapa en Nueva York vinculada al activismo de Act Up, ayuda a comprender esa sensibilidad. La reciente creación de la Fundación Calparsoro apunta a una voluntad de activar las obras mediante colaboraciones con instituciones y colectivos que raramente acceden al arte contemporáneo. El premio reconoce una forma de mecenazgo que asume el arte como herramienta de conversación pública. En la categoría de Coleccionismo Joven, el jurado distingue a MACBA Studio, iniciativa impulsada por la Fundació MACBA en 2022 para involucrar a menores de treinta y cinco años en la construcción de la colección del museo barcelonés. Este grupo combina a quienes se inician en la adquisición con otros de mayor experiencia, todos vinculados por una programación que incluye visitas a estudios y encuentros con comisarios o visitas a ferias. Este panorama nos lleva a afirmar que la evolución de los Premios A refleja transformaciones profundas en el ámbito cultural español. Mientras que en sus primeras ediciones predominaban las colecciones corporativas y fundaciones para legitimar su presencia en el sector, con el paso de los años se han incorporado perfiles más diversos, desde grandes patrimonios privados hasta iniciativas de filantropía latinoamericana o proyectos de investigación ligados al coleccionismo. Más de noventa colecciones reconocidas desde 1997 componen un archivo de prácticas que documenta cómo el arte contemporáneo ha encontrado apoyos fuera del marco estrictamente institucional. Este itinerario pone en valor una progresiva internacionalización y una mayor conciencia de la responsabilidad pública que acompaña a la propiedad privada de obras significativas. En la edición de 2026, la coexistencia de un coleccionista enciclopédico como Pérez Simón, un promotor de escena como Dumas, un activador social como Calparsoro y una comunidad joven como MACBA Studio ofrece una imagen poliédrica del mecenazgo actual. Cada premiado encarna una modalidad distinta de compromiso, desde la custodia histórica hasta la creación de plataformas, desde la investigación íntima hasta la acción colectiva. Esa diversidad constituye quizá el mayor acierto de los premios. Al evitar un único modelo, se sugiere que el coleccionismo puede adoptar múltiples formas, siempre que mantenga un vínculo real con la producción artística y con la sociedad. Definitivamente, estos premios funcionan como espejo de un ecosistema que ha aprendido a mirarse con mayor exigencia. La celebración en el Reina Sofía y la recaudación destinada a nuevas adquisiciones recuerdan que la cadena del arte no se completa sin la intervención de quienes asumen el riesgo de comprar y conservar. El coleccionista, lejos de ser un mero propietario, puede convertirse en mediador entre creación y ciudadanía. Esa es la lección que la presente edición pone sobre la mesa.