La guerra de Irán llega a su primera semana con un país descabezado y un Trump incapaz de involucrar a más países en los ataques
2026-03-07 - 06:53
Tras una semana de conflicto, la única certeza de la guerra en Irán es la incertidumbre. Con sus ataques, Estados Unidos e Israel han descabezado a la cúpula del régimen iraní, neutralizando el avance de sus capacidades militares y la posibilidad de que el régimen desarrollase armas nucleares, una amenaza "existencial" para Tel Aviv e "intolerable" para Washington. Por el camino, su ofensiva y las represalias de Teherán han sumergido a toda la región en una espiral de agresiones que ha alcanzado las fronteras de Europa y de la OTAN. El conflicto amenaza con alcanzar una escala mundial mientras Estados Unidos busca involucrar a sus aliados europeos en la ofensiva contra el régimen de los ayatolás, que también contraataca estrangulando la economía mundial bloqueando el tránsito de petróleo por el estrecho de Ormuz (por donde discurre un 20% del tráfico mundial de crudo). Los primeros siete días de un conflicto dejan un total de 17 países afectados por diferentes incidentes en tres continentes, un total estimado de más de 1.300 muertos (entre ellos 1.230 iraníes, 102 en Líbano, 10 en Israel y 6 soldados estadounidenses), y la incógnita sobre el rumbo de una guerra de consecuencias impredecibles que podría redefinir el futuro de Oriente Medio. Trump se queda solo con Israel en los ataques a Irán El presidente de Estados Unidos ha asegurado durante la última semana que el desarrollo militar y nuclear de Irán estaba cerca de convertirse en una "amenaza intolerable", lo que precipitó el inicio de la ofensiva conjunta con Israel con el objetivo final es poner fin al régimen iraní y su capacidad militar. Trump cumple con una de las grandes reivindicaciones de Israel y liga gran parte de su capital político al éxito de esta campaña, pero el apoyo de sus aliados ha sido más desigual de lo previsto por la Casa Blanca. Ante la amenaza de una escalada del conflicto por las represalias iraníes por toda la región, Alemania, Francia y Reino Unido anunciaron su disposición a "coordinarse" con Estados Unidos para acabar "con las capacidades de Irán" desde el punto de vista nuclear. Sin embargo, el compromiso de unos y otros a apoyar la ofensiva no ha sido homogéneo: Alemania ha respaldado expresamente la operación y ha dado vía libre a EEUU para usar la base de Ramstein (la mayor base estadounidense fuera de Norteamérica) para cualquier tipo de operación (condicionado a la ratificación del Bundestag), mientras que Francia se ha mostrado ambigua y dispuesta a cooperar únicamente en tareas defensivas si Irán amenaza a sus aliados o sus intereses. En el polo opuesto están Reino Unido y España. Londres rechazó en un primer momento cualquier apoyo a la ofensiva estadounidense y a permitir el uso de sus bases militares con ese fin. Después, el primer ministro británico, Keir Starmer, argumentó un cambio de posición (tras las represalias iraníes) y garantizó que Londres autorizará el uso de sus bases (como la de Akrotiri, en Chipre, o la de Diego García, en el Índico) siempre que sea con propósitos defensivos, unas tareas a las que cazas británicos se han sumado en Chipre y en Catar. España, por su parte, ha dejado clara su oposición a la ofensiva estadounidense-israelí sobre Irán, prohibiendo el uso de las bases estadounidenses en su territorio (Morón de la Frontera y Rota) como apoyo para esas operaciones. Una postura que ha provocado una crisis diplomática y las críticas reiteradas de la Casa Blanca. Respuesta unánime de Europa en la defensa La unidad europea, sin embargo, sí se ha dado a la hora de prestar un apoyo inequívoco a la defensa del territorio europeo después de que las represalias iraníes acercaran la guerra a las fronteras del continente. Para defender Chipre tras ser atacada por un dron iraní (según los indicios, procedente del Líbano), varios países han enviado naves y cazas para defender la isla de eventuales réplicas. Grecia envió fragatas y cazas justo después del incidente, y Reino Unido aumentó su presencia militar en la isla. A finales de semana, España (con su fragata más avanzada, la Cristóbal Colón), Francia (con el portaaviones Charles de Gaulle) e Italia han correspondido enviando efectivos para asegurar la defensa de la isla ante ataques de drones y misiles procedentes de Irán o Líbano. Dada la división estratégica de sus miembros en el apoyo a la guerra, la Unión Europea ha pedido, en palabras de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, estar "preparados para las consecuencias de la guerra", apostando por acciones respaldadas por el derecho internacional. El régimen iraní, por su parte, ha asegurado tener capacidad para alcanzar Europa y ha avisado a las naciones del continente que "habrá consecuencias" si entran en la guerra del lado estadounidense-israelí. Hezbolá reaviva el frente de Israel en el Líbano Las represalias iraníes han reactivado uno de los frentes de la guerra entre Israel y Hamás. Tras el ataque estadounidense-israelí, la milicia chií Hezbolá, satélite militar del régimen iraní, atacó el norte de Israel. En respuesta, las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) atacaron el sur del país fronterizo y el distrito de Daniyeh, en los suburbios de Beirut, la zona más poblada de la capital y el conocido bastión de la milicia. El enfrentamiento se intensificó hasta convertirse en un frente más del conflicto iraní, con Israel anunciando evacuaciones masivas del sur del Líbano hacia el norte del río Litani para continuar atacando posiciones de Hezbolá. Paralelamente con sus ataques en Irán, las fuerzas israelíes han cerrado la primera semana de guerra con la orden de evacuaciones masivas sobre el sur de Beirut, escenario de intensos bombardeos con el objetivo de eliminar al mando de la milicia chií. Atascos kilométricos y familias caminando por los arcenes de las carreteras han protagonizado los últimos días en los suburbios de la capital, mientras el Ejército israelí ha avisado a los evacuados que no acudan al sur del país, donde se prevé que los enfrentamientos se intensifiquen mientras Israel busca eliminar por completo la amenaza de Hezbolá sobre sus fronteras. Una amenaza que también afecta directamente a territorio europeo: las armas iraníes en manos de Hezbolá podrían utilizarse para atacar territorio europeo, como Turquía, Grecia o Chipre. Irán desata la guerra en toda la región mientras elige un nuevo líder Los ataques del 28 de febrero, directos al corazón del poder político y militar de la República Islámica. se saldaron con la muerte del ayatolá Alí Jamenei, el líder supremo iraní y jefe de Estado de la República Islámica. Y con él, más de 40 mandos clave del régimen, como el Jefe del Estado Mayor, Abdolrahim Mousavi, y altos cargos de la inteligencia iraní, seguridad del Estado y la Guardia Revolucionaria. Con el aparato del Estado descabezado, el régimen iraní lanzó de inmediato un contraataque contra Israel y declaró como objetivo cualquier activo estadounidense en la región de Oriente Medio. En una furibunda ola de represalias, Irán ha atacado prácticamente todos los países de la región: Catar, Baréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Irak y Jordania, donde hay bases e intereses estadounidenses, pero también refinerías clave para el tráfico mundial de petróleo. Al mismo tiempo, el régimen maniobra para elegir al sucesor de Jamenei como nuevo líder supremo. Con un consejo de liderazgo interino—formado por el presidente de Irán, Masud Pezeshkian; el jefe del Poder Judicial iraní, Golamhosein Mohseni Eyei; y un jurista del Consejo de Guardianes, el ayatolá Alireza Arafi—dirigiendo el país, debe ser la Asamblea de Expertos, el máximo órgano del clero chií, quien elija al nuevo jefe de Estado iraní. Contra todo pronóstico, en las quinielas ha entrado con fuerza Mojtaba Jamenei, el hijo del fallecido ayatolá Jamenei. Con 55 años y considerado del ala más cercana a la Guardia Revolucionaria —la estructura militar de Irán que garantiza la continuidad de la República Islámica, bajo estricta obediencia al líder supremo—, su nombramiento rompería con la tradición de evitar una sucesión hereditaria en la República Islámica, y genera fricciones entre el clero chií al no ser un líder religioso de alto rango (un Gran Ayatolá). La sucesión debe iniciarse, según la tradición, lo antes posible, aunque Israel impidió esta semana la elección al bombardear antes del encuentro el edificio de la ciudad iraní de Qom donde los clérigos debían reunirse. Trump exige elegir al nuevo líder del futuro de Irán Pese a que el propio mandatario ha reconocido que la ofensiva podría durar más de las "cuatro o cinco semanas" que esperaba en un inicio, Donald Trump ya ha planteado un escenario en el que su operación conjunta con Israel consigue su objetivo de derrocar el régimen de los ayatolás. El presidente estadounidense ha asegurado que, depuesta la República Islámica, él mismo debe participar del nombramiento de un nuevo (o nuevos) líderes que sucedan a Jamenei y den forma al nuevo Irán, acorde a los intereses de Estados Unidos y sus aliados. "Tengo que participar en el nombramiento, como con Delcy (Rodríguez) en Venezuela", ha llegado a asegurar en una entrevista telefónica. En ningún caso, el presidente estadounidense cree que el hijo de Jamenei, Mojtaba Jamenei, deba ser el nuevo líder del país. "Es insignificante e inaceptable, están perdiendo el tiempo. Queremos a alguien que traiga armonía y paz a Irán", ha destacado Trump, asegurando que una Irán con el hijo del ayatolá como nuevo líder obligaría a EEUU a atacar de nuevo el estado persa "en cinco años". En cualquier caso, Trump ha asegurado que "no habrá ningún acuerdo" de paz y que solo aceptará de Teherán "la rendición incondicional". "Después de eso, y de la selección de un gran y aceptable líder (o líderes), nosotros, y muchos de nuestros maravillosos y muy valientes aliados y socios, trabajaremos incansablemente para sacar a Irán del borde de la destrucción, haciéndolo económicamente más grande, mejor y más fuerte que nunca", ha expuesto el republicano este viernes, en un post en redes sociales. Washington no descarta el envío de tropas con Irak y Afganistán en la memoria... Una de las grandes preguntas es cuánto durará la guerra y, de complicarse el objetivo para Estados Unidos e Israel, si Washington desplegará tropas sobre el terreno. Una posibilidad que centra la atención de la opinión pública estadounidense después de que se conocieran las primeras bajas de militares norteamericanos en la guerra contra Irán. El recuerdo de los más de 300 muertos durante la guerra del Golfo en 1991 y la interminable campaña de Afganistán (con más de 2.000 bajas en 20 años) hacen que la Casa Blanca tema una nueva contienda larga que desgaste el capital político del presidente. Por esa razón, la administración Trump se ha mostrado ambigua sonre la posibilidad de desplegar soldados estadounidenses en territorio iraní. El Pentágono insiste en que las capacidades militares de Irán han quedado neutralizadas y su espacio aéreo y marítimo controlado, por lo que enviar tropas sería "una pérdida de tiempo", como reconocía el propio Trump. Sin embargo, el mandatario republicano tampoco ha querido descartarlo, asegurando que no le "temblaría el pulso" para hacerlo. La Casa Blanca aseguraba el 4 de marzo, en el quinto día de guerra, que "todas las opciones estaban sobre la mesa", y el jefe del Pentágono, el secretario de la Guerra Pete Hegseth, evitaba hablar de una hipotética invasión. Esa ambigüedad calculada permite a Trump no cerrar la posibilidad de enviar tropas sin comprometerse expresamente a ellos, lo que suma presión al régimen iraní, pero también a los aliados europeos, cuya falta de apoyo puede derivar en una escalada mayor con la presencia de tropas sobre el terreno. Pero sobre todo, Trump busca desviar el foco sobre esa idea, centrándose en el éxito de la campaña aérea. Al conocerse las primeras bajas estadounidenses, el propio presidente tuvo que admitirlas como el coste de una "misión de naturaleza noble". Los kurdos, la vía terrestre para derrocar el régimen Sin embargo, una de las mayores complejidades de Oriente Medio podría jugar un papel clave para acelerar el final del régimen iraní y evitar la posibilidad de que tropas estadounidenses entren en combate. El propio Trump aseguró que, de ser factible, Estados Unidos apoyaría una ofensiva terrestre de las milicias kurdas contra Teherán, y no descartó la idea de coordinarse con ellos para brindarles apoyo aéreo. Los kurdos, el eterno pueblo sin estado entre las fronteras de Turquía e Irán, y reprimido y marginado por el régimen de los ayatolás desde su implementación en 1979, ven en esta guerra una oportunidad histórica para consolidar su autogobierno en su propio territorio. Por primera vez bajo un mando único, las fuerzas del Kurdistán iraní, con miles de efectivos militares, podrían ser la llave para abrir un nuevo frente contra Teherán. Desde hace tiempo, el Mossad y la CIA han intensificado contactos con ellos, y ahora podrían armar a sus milicias para iniciar una insurrección que ponga en jaque al régimen iraní. Un plan sobre el que la Casa Blanca no se pronuncia de manera oficial por el momento, pese a que Trump ha hablado por teléfono esta semana con el presidente del territorio autónomo kurdo en Irak. En medio de esos contactos, Irán ha atacado con misiles posiciones kurdas en Irak como medida preventiva, según informó el comando central de las Fuerzas Armadas iraníes este jueves. El pragmatismo chino y la debilidad rusa Pese a haber sido uno de sus principales aliados en el concierto internacional y mantener grandes intereses económicos en común, Rusia ha optado por un papel discreto en los últimos días. El Kremlin ha condenado la ofensiva de EEUU e Israel, pero ha descartado intervención alguna en auxilio de su aliado. Se sabe que Moscú tiene cuestiones más importantes que atender en Ucrania, pero su ausencia en la cuestión iraní refuerza la percepción de una Rusia incapaz de atender a sus aliados tradicionales, especialmente tras la intervención estadounidense en Venezuela, y con Cuba a las puertas del colapso. Por otra parte, muchos analistas coinciden en que Rusia podría beneficiarse del cierre del estrecho de Ormuz (ya que aumentaría su demanda de petróleo y gas) y de que la guerra de Ucrania pierda visibilidad en beneficio del conflicto en Oriente Medio. En cualquier caso, la caída de un régimen aliado con el que guardan intereses en común supondría un revés para la voluntad rusa de recuperar la imagen de potencia alternativa al mundo occidental. China, que aspira a ocupar ese mismo papel, también ha condenado la ofensiva de EEUU e Israel, pero ha descartado involucrarse en auxilio de su principal vendedor de petróleo (muchos analistas coinciden en que ese, romper el suministro energético iraní a Pekín, podría ser uno de los objetivos estadounidenses al derribar el régimen de los ayatolás). En cualquier caso, China logra presentarse como una potencia estabilizadora, al optar por la diplomacia y las relaciones internacionales frente al intervencionismo estadounidense.