La guerra de la verdad
2026-03-04 - 05:23
El algoritmo decidiendo qué es verdad y qué no. Lo que ha pasado con una información de la agencia Efe y la inteligencia artificial de Elon Musk, de la red X, nos demuestra que la verdad, en este mundo loco que nos está tocando vivir, va a ser la más dañada, la más golpeada. A las pocas horas del primer ataque de Israel y Estados Unidos contra Irán, la agencia Efe, con periodistas sobre el terreno, con informadores de larga trayectoria trabajando allí, divulgó imágenes del ataque sobre una escuela infantil, con decenas de niñas heridas y muertas. Las imágenes eran dolorosas, como suele pasar con las guerras: mochilas infantiles manchadas de sangre, restos de escombros mezclados con cuerpos, gritos y llantos... Grok decidió que eso no era verdad. Quizás era una verdad demasiado insoportable para la opinión pública que apoya a Trump y a la guerra que ha decidido iniciar por cuenta propia, sin el respaldo del Congreso, sin el respaldo de la legislación internacional, sin el respaldo realmente de nadie excepto el suyo propio. Era demasiado insoportable para el discurso oficial de acabar con un régimen totalitario así que la inteligencia artificial decidió añadir a esa publicación que las imágenes no correspondían con la noticia, que todo era un bulo: fechaba el vídeo en 2021 y lo situaba, falsamente, en Kabul. Pues bien, esa falsedad se hizo viral, muchos compraron esa «verificación» de Grok y cuando la agencia Efe pidió una rectificación, demostrando la verosimilitud de las imágenes y de la información, Grok y su algoritmo decidieron darle menos visibilidad dañando de una forma irreparable la credibilidad de la agencia, de un medio con oficio y prestigio. La mentira de la primera «verificación» voló en las redes. La verdad fue silenciada por el diseño de la propia plataforma, como denunció la agencia Efe. Pero en esto estamos. Esta es la guerra que debemos combatir también en las redes, la de la verdad, la de desmontar el relato que hombres poderosos, cercanos a otros hombres más poderosos y que aspiran a controlar también cómo pensamos, intentan imponer. La guerra de las bombas va paralela a esta otra guerra, a la del relato de los hechos. A que los medios no pongan la luz sobre lo que esas bombas hacen o buscan. Es un David contra Goliat. Una guerra desigual que muchas veces nos empuja a la frustración, pero ante la que no podemos ni debemos bajar los brazos. No podemos darnos por vencidos. El algoritmo no puede decidir lo que es verdad y lo que no. Sería el fin de todo. Y aunque ese parece ser el camino, habrá que denunciarlo una y otra vez. Y habrá que repensar cómo contamos las cosas. Desplazar periodistas a las zonas, volver al periodismo de calle para que ninguna inteligencia artificial nos haga dudar de lo que nuestros ojos han visto.