La guerra de los Beckham: el poderoso e inquietante consuegro, socio de Epstein
2026-02-06 - 09:15
Nicola es la niña de sus ojos, la menor de diez hermanos, la última pasión de Nelson Peltz, un hombre que, a sus 83 años, se considera un pilar de los valores familiares tradicionales, un empresario hecho a sí mismo que ha amasado una de las mayores fortunas de Estados Unidos. Así que cuando alguien amarga la vida de su hija debe esperar represalias... Todo empezó cuando Nicola Peltz y Brooklyn Beckham, el mayor de los cuatro hijos de David y Victoria, intimaron en la fiesta de Halloween de Leonardo DiCaprio en 2019. Tres años después, la pareja se casaba. La boda de Nicola y Brooklyn –ella con 27 años, él con 23– iba a ser el evento más fastuoso del año en Palm Beach, Florida, con un presupuesto que superó los tres millones de dólares. Se celebró en la mansión de los Peltz, vecina a la de Trump, e iba a ser, y fue, un derroche de lujo. Pero la boda se convirtió en una pesadilla. Antes de empezar, ya fue un desastre organizativo. Nelson Peltz despidió a dos equipos diferentes de wedding planners porque no satisfacían sus deseos... ni los de su hija. El vestido de la novia fue otra de las 'tragedias' de las semanas previas. Aunque finalmente vistió de Valentino, se había dado por hecho que llevaría un diseño de su suegra, Victoria Beckham. Que no fuese así ha tenido numerosas versiones en la prensa del corazón: desde que Nicola se negó a ponérselo hasta que, como dice ahora Brooklyn, Victoria canceló la confección en el último momento. Hasta ahora, todas las versiones sobre los problemas de la boda parecían favorecer a los Beckham porque tanto Nicola como Brooklyn aparecían como unos niños mimados con pocas luces. Brooklyn se ha presentado a sí mismo como fotógrafo, modelo o chef, aunque esas actividades solo se registren en sus propias redes sociales... y en su propia cocina. Nicola Peltz se define a sí misma como «actriz, escritora, directora y activista canina». En su rol de actriz ha hecho algunos papeles menores; y en 2024 dirigió y protagonizó la película Lola , en la que interpreta a una stripper drogadicta, filme que financió ella misma (o su padre). Pero ahora el 'culebrón' de los Beckham y los Peltz ha dado un giro de guion. Empezó el año pasado cuando, solo tres años después de casados, Nicola y Brooklyn renovaron sus votos en otra fastuosa (aunque menos que la anterior) ceremonia. Otra vez, críticas a los novios por sus derroches y, de paso, su cursilería. A ello se sumaba que Brooklyn rompió todo trato con su familia e incluso no participó de la celebración cuando el rey Carlos nombró a su padre Caballero. Un gesto 'feo'. Seguían ganando la batalla de la imagen los Beckham. Hasta que hace unas semanas, Brooklyn decidió contar su versión de los hechos. Según él, su madre, Victoria, arruinó su boda. Estropeó el que iba a ser el primer baile con la novia al forzar que Marc Anthony, el cantante que amenizaba el evento, lo llamase al escenario y lo invitase a bailar con su madre. Ella bailó, dice Brooklyn, «de forma muy inapropiada» con él, hasta el punto de que «nunca me había sentido más incómodo y humillado en toda mi vida». Según testigos que han hablado ahora, el baile no fue tan expresamente inapropiado o sexual como cientos de miles de memes de redes sociales se encargan de sugerir, pero el hecho de que Anthony llamase a «la mujer más bella de la fiesta» y subiese Victoria en lugar de Nicola fue humillante para la novia, quien, tal y como cuentan, salió del salón llorando. El ataque de Brooklyn ha calado. De repente, los Beckham ya no son una familia feliz y ejemplar. Y Victoria, que nunca ha caído muy simpática, se ha convertido directamente en Maléfica. La rentable 'marca Beckham', de la que vive toda la familia y que depende de su imagen más que del talento de Victoria como diseñadora, se ve seriamente amenazada. NO MEDIR BIEN AL ENEMIGO Y es que los Beckham no han medido bien al enemigo. Nicola puede ser tan simple como su hijo Brooklyn, pero su padre, Nelson, no lo es... ni le faltan medios. Los Beckham son, sin duda, ricos con su patrimonio de 500 millones de libras, pero en Palm Beach son apenas clase media. Los Peltz, según la revista Fortune , tienen una fortuna de unos 1600 millones de dólares. Para el biógrafo de los Beckham, Tom Bower: «David y Victoria creían que su estatus de celebridad les daría el pasaporte al mundo de la gente realmente importante, pero en Palm Beach, donde los multimillonarios se pasean en Rolls-Royce y se codean con Trump, realmente no importan nada». La propiedad de los Peltz está, de hecho, muy cerca del resort Mar-a-Lago del presidente Trump. Nelson es uno de los grandes donantes de las campañas de su vecino y ahora presidente. De hecho, resultó clave en su reelección porque fue quien le presentó a Elon Musk. El encuentro tuvo lugar en una mansión de Peltz en Palm Beach, según The Wall Street Journal , cuando un domingo de marzo de 2024 un grupo de poderosos hombres de negocios, Musk entre ellos, se reunieron con Trump para desayunar y discutir cómo «garantizar los resultados electorales» y el papel que podría desempeñar Musk si llegaban a la Casa Blanca. El resto es historia... Nelson sigue siendo uno de los financieros más exitosos, temidos y despiadados de Wall Street. Su técnica, perfeccionada durante décadas, consiste en identificar grandes empresas que se han vuelto ineficaces o de bajo rendimiento, comprar una participación, exigir un puesto en el consejo y forzar un ajuste brutal que eleva el precio de las acciones, lo que le proporciona una ganancia considerable. Es famoso por asediar a gigantes como Unilever, Heinz, Procter & Gamble y hasta Disney. No siempre le han salido bien las operaciones, pero le han servido para hacer fortuna. Su problema es que la cúpula empresarial estadounidense aún lo ve como un inversor depredador, no como un auténtico creador de negocios. Jamie Dimon, CEO de JPMorgan y rey indiscutible del mundo empresarial estadounidense, se pronunció en su contra en su intento de entrar en el consejo de administración de Disney en 2024. Nelson finalmente tuvo que admitir su derrota. SOCIOS 'SOSPECHOSOS' Nacido en Brooklyn, en el seno de una familia de clase media-alta, el padre de Nelson regentaba un negocio de alimentación con el que financió los estudios de su vástago en la exclusiva escuela de negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania. Antes de terminarlos, Nelson ya se unió a la empresa familiar con su hermano Robert. Nelson dirigió la empresa llevando a cabo ambiciosas adquisiciones, que le permitieron salir a Bolsa en 1972, y organizando fiestas desenfrenadas en su casa de verano de Long Island en los años setenta y ochenta. Incluso se habló de que organizaba una competición de tenis en topless con las asistentes a la fiesta, un rumor que no desmintió en una entrevista reciente en el Financial Times. En la década de 1980 empezó a ganar mucho dinero. Junto con el llamado 'rey de los bonos basura', Michael Milken, fue pionero en el uso de enormes cantidades de deuda para comprar empresas. Milken fue a la cárcel en 1991 por fraude y delitos fiscales. Peltz esquivó el golpe. Pero no ha estado exento de controversias, varias por acoso laboral tanto en sus empresas como en sus mansiones, donde algunos miembros del personal convienen, como los organizadores de la boda de Nicola y Brooklyn que lo demandaron tras el despido, en que es un «matón multimillonario». Pero nada ensombrece tanto el currículum de Nelson Peltz como haberse asociado a principios de los 2000 con dos de los personajes más infames del siglo: el pederasta Jeffrey Epstein y el violador Harvey Weinstein. Bien es cierto que entonces sus crímenes no eran públicos, pero los tres estuvieron implicados en un intento fallido de comprar la revista New York a través de un consorcio que hoy Peltz preferiría no haber integrado. Desde su entorno se ha hecho hincapié en que nunca fue amigo personal de los delincuentes. ¿CREANDO UNA MARCA? En lo familiar, los Peltz parecen otro clan feliz. La tercera esposa de Nelson, la exmodelo Claudia Heffner Peltz, de 70 años, es la matriarca: tiene con él ocho hijos, que se suman a los dos que tuvo con su segunda esposa. Los hermanos de Nicola o se presentan como 'actores' y 'gurús del bienestar' o trabajan en la empresa familiar, Trian Partners. El primogénito, Matt, de 41 años y graduado en Yale, trabajó para Goldman Sachs antes de unirse a la empresa familiar. Ahora trabaja para una filial especializada en pequeños negocios. Diesel, de 31 años, también trabajó en la empresa, aunque ahora se dice que su principal interés son las compañías tecnológicas. Según la prensa económica, no se espera que ninguno de los dos se haga cargo del negocio familiar. Sus hijos no parecen haber heredado talento para las inversiones. Pero quizá el movimiento de Brooklyn y Nicola contra los Beckham no sea tanto el lamento de un hijo dolorido como una maniobra comercial. Al fin y al cabo, la marca Beckham puede estar envejeciendo y no ser tan eficaz como antes. Un escenario que conoce muy bien el 'tiburón' Peltz, que huele la sangre como nadie. El publicista Mark Borkowski apuesta en esa dirección: Brooklyn tiene 17 millones de seguidores en las redes, que, unidos a los 3,4 millones de Nicola, no es una cifra nada desdeñable. Borkowski argumenta que la pareja podría crear nuevas marcas de moda o cosméticos que compitan con las de los padres de Brooklyn, que ya son 'mayores' y no llegan al público más joven. Esa podría ser una razón para que quieran ser propietarios de la marca registrada de su nombre: Beckham-Peltz. En cualquier caso, esta historia –o, mejor dicho, este negocio– no es nueva: Meghan y Harry han hecho fortuna con el mismo 'culebrón'... Pero de algo tienen que vivir los hijos de los ricos y famosos.