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La guerra en Irán desata una tormenta perfecta sobre el euro que amenaza a Europa

2026-03-08 - 07:53

Primero se disparó el precio del gas. Después el dinero empezó a salir de Europa. Y ahora el euro está cayendo con fuerza. El punto de inflexión llegó el 28 de febrero. Ese día, tras el ataque de Estados Unidos contra objetivos iraníes, el mercado de divisas reaccionó con una velocidad poco habitual. En apenas unas sesiones el euro pasó de moverse con relativa estabilidad cerca de los 1,18 dólares a iniciar una caída que lo llevó hacia la zona de 1,15. Una caída del 2,5% puede parecer pequeña, pero en el mundo de las divisas rara vez lo es. Las monedas no suelen comportarse como las acciones o las criptomonedas. Sus cambios suelen ser más lentos, más discretos. Por eso cuando una divisa relevante empieza a moverse con rapidez suele haber algo más detrás. Esta vez el detonante ha sido geopolítico. La escalada militar en Oriente Medio disparó el precio de la energía y activó un reflejo muy conocido en los mercados. Cuando aumenta la incertidumbre, los inversores reducen riesgos y trasladan capital hacia activos considerados más seguros. El dólar estadounidense ha vuelto a ocupar ese lugar, incluso por delante del oro. El capital empezó a desplazarse hacia Estados Unidos. Los grandes fondos redujeron exposición en activos más vulnerables y aumentaron posiciones en el mercado estadounidense, que sigue siendo el más líquido del mundo. Y ese movimiento empezó a notarse enseguida en el mercado de divisas. Pero la presión sobre el euro no viene solo del lado financiero. La energía vuelve a estar en el centro del problema. Europa sigue dependiendo en gran medida del gas y del petróleo que llegan del exterior. Cuando los precios suben, el impacto se transmite rápidamente al crecimiento económico, a la inflación y a las expectativas sobre los tipos de interés. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido en los últimos días. Eso empezó a verse primero en la deuda. "La renta fija europea se ha visto sometida a una presión considerable a medida que los acontecimientos en Oriente Medio impulsaban con fuerza el precio del gas", señala Mathieu Racheter, responsable de investigación estratégica en Julius Baer. El rendimiento del Bund alemán a diez años subió alrededor de veinte puntos básicos desde el inicio de la semana hasta el 2,85%. En los países periféricos el movimiento ha sido todavía más intenso a medida que ha ido aumentando la prima exigida por los inversores, y en el caso del bono español el salto ha sido del 3% al 3,26%. Según Racheter, el mercado ha pasado de asumir una pausa en los tipos a empezar a descontar una probabilidad elevada de subida antes de que termine el año. Mientras tanto los inversores han empezado a centrar su atención en una variable muy concreta. El precio de la energía. Los analistas coinciden en que la evolución del petróleo y del gas será determinante para los próximos movimientos del mercado. Si el crudo superara el umbral de los 100 dólares por barril o si las interrupciones en el estrecho de Ormuz se ampliaran, el impacto sobre la inflación y las condiciones financieras podría ser mayor. Lale Akoner, analista global de mercados en eToro, apunta que "si la inflación permanece estable pese a la escalada de la energía, es probable que el principal riesgo provenga de las valoraciones en vez de los beneficios". En otras palabras, el problema no estaría tanto en el deterioro inmediato de las empresas como en el cambio de expectativas de los inversores. Y la presión energética sigue creciendo El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo que se consume en el mundo, ha vuelto a convertirse en uno de los puntos más vigilados del planeta. La paralización parcial de rutas energéticas y las advertencias sobre infraestructuras petrolíferas han elevado el temor a nuevas interrupciones en el suministro. Y el impacto no se limita al petróleo. QatarEnergy, uno de los mayores exportadores de gas natural licuado del mundo y responsable de alrededor del 20% del comercio global de GNL, ha reducido operaciones en algunos de sus complejos, e Irak también ha frenado parcialmente la actividad. Incluso Israel ha detenido temporalmente operaciones en Leviatán, un campo gasístico clave para el suministro del Mediterráneo oriental. El resultado es una reducción de la oferta en una región que concentra una parte esencial del comercio energético mundial. Buena parte de ese gas estaba destinado a Asia. Cerca del 80% de los hidrocarburos que atraviesan el estrecho de Ormuz tienen como destino las economías asiáticas. Pero cuando el suministro se tensiona en un mercado global, el impacto termina trasladándose a todas las regiones. Europa incluida. Y en el caso europeo el efecto puede ser más intenso. La región depende en gran medida de las importaciones de gas natural licuado desde la crisis energética de 2022, cuando el suministro ruso se redujo drásticamente. Eso significa que cualquier interrupción o encarecimiento en los mercados globales obliga a los compradores europeos a competir por el gas disponible. A cualquier precio.

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