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La guerra en Irán empuja al petróleo a su mayor subida semanal desde la invasión de Ucrania

2026-03-07 - 07:03

Efecto 'bola de nieve' en los mercados de materias primas a medida que los riesgos de la guerra en Oriente Próximo se hacen más evidentes. El precio del petróleo Brent, la referencia para Europa, se disparó un 10% el viernes en plena escalda bélica y cerró en 92,82 dólares, su nivel más alto en dos años. El miedo a que el conflicto desemboque en una crisis energética global (y a que esta dispare los precios, desde la logística a la cesta de la compra) ha provocado la mayor subida del crudo desde la invasión rusa de Ucrania. Desde el viernes previo, horas antes de que Estados Unidos e Israel atacasen Irán, se ha encarecido un 27,8%. El estrecho de Ormuz permanece bloqueado de facto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado claro que "no habrá acuerdo" sin la rendición incondicional de Teherán, el Gobierno de Qatar advierte de que el barril de crudo puede alcanzar los 150 dólares si el conflicto se extiende en el tiempo, Iraq ha parado la mayor parte de la extracción de petróleo y los expertos temen que Arabia Saudí, el mayor productor de la región, se vea obligado a seguir el mismo camino si la guerra se prolonga. El impacto en el precio de la energía es especialmente notable por la importancia logística del estrecho de Ormuz. En este sentido, el anuncio de Trump señalando que ayudará a los buques a transitar por el paso con apoyo militar y en los seguros (sus primas se han disparado o incluso se han cancelado las coberturas), "no está teniendo ningún impacto efectivo, porque los buques consideran que el riesgo es demasiado grande", explican desde la consultora de análisis de mercados MacroYield. En la firma entiende que el precio del petróleo "podría tener todavía margen para subir", teniendo en cuenta el cariz que está tomando el conflicto. El problema es que el cierre de Ormuz -por donde transita algo más del 20% del consumo de petróleo mundial y cerca del 30% del comercio marítimo- y los ataques de Irán a las refinerías de sus vecinos del Golfo han neutralizado el mensaje de la OPEP+, que anunció la pasada semana un "acuerdo preliminar" para aumentar el bombeo en 206.000 barriles diarios desde abril y buscaba con ello infundir algo de calma en los mercados. Sin embargo, la escalada de tensiones limita mucho la capacidad de acción de la mayor parte de los miembros del cártel. El atasco de petroleros en el Golfo Pérsico provoca cada vez más cierres de la producción a medida que el almacenamiento comienza a desbordarse (como es el caso de Iraq y podría serlo en breve el de Kuwait). A esto se suma otro factor impredecible. Los precios del combustible para transporte por carretera se han disparado en la última semana, especialmente en Estados Unidos (en dos días han registrado su mayor incremento desde 2005), lo que podría mover a la administración estadounidense no solo a esforzarse para reactivar el comercio en la zona de Ormuz, sino también a "implementar restricciones a la exportación de petróleo", advierte Norbert Rücker, director de Investigación Económica del banco privado suizo Julius Baer. Esta visión es similar a la de los analistas de Bank of America. Prevén que las tensiones entre EEUU e Irán sean relativamente breves por el impacto que un alza de los costes energéticos podría tener en los electores de cara a las elecciones de medio mandato. "Permitir que la inflación se consolide nuevamente parece poco deseable", apuntan. Sin embargo, advierten sobre el riesgo de que el conflicto se prolongue y que los precios de la energía "suban aún más". El impacto del petróleo y el gas en los bancos centrales Otra de las derivadas económicas de la guerra, ante las dudas sobre su duración y el potencial impacto en inflación y crecimiento económico, ha sido el giro en las expectativas de política monetaria por parte de los bancos centrales. Los analistas ya no descartan una subida de tipos si la crisis energética arrecia y se produce una subida generalizada de los precios de la cesta de la compra. En sus últimas previsiones económicas, el Banco Central Europeo (BCE) estimaba que el barril de Brent rondaría los 62,5 dólares este año y que el TTF, referencia para el gas en Europa, se estabilizaría en el entorno de 29,6 euros por megavatio hora (frente a los cerca de 53 dólares a los que ha despedido la semana). El vicepresidente de la entidad, Luis de Guindos, advertía esta misma semana de que las previsiones económicas de la Eurozona dependen ahora del conflicto en Irán.

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