La historia de Kaley, la joven que ha ganado a Meta y Google en los tribunales por su adicción a las redes sociales
2026-03-28 - 07:20
De vez en cuando, David gana a Goliat. Ha ocurrido esta semana en Los Ángeles, donde una joven de 20 años ha podido no con un gigante estadounidense sino con dos, Meta y Google. Las dos compañías han sido condenados a pagar seis millones de dólares a Kaley G.M. por daños a su salud mental por adicción a las redes sociales. El pasado miércoles, después de más de 40 horas de deliberación en nueve días, el jurado de la Corte Superior del Condado de Los Ángeles declaró a Meta y YouTube (propiedad de Google) responsables de haber perjudicado gravemente a Kaley. Lo hicieron, dice la sentencia, mediante el diseño deliberadamente adictivo de sus plataformas. También fueron denunciadas TikTok y Snapchat, pero llegaron a un acuerdo extrajudicial antes del juicio. Los seis millones que tendrán que pagar a esta joven se reparten entre tres para compensarla y otros tres para castigar a Meta y YouTube por haber actuado con malicia o fraude. La compañía de Mark Zuckerberg asumirá el 70% de la indemnización, mientras que Google pagará el 30% restante. "Discrepamos con el veredicto y estamos evaluando nuestras opciones legales", ha declarado Meta en un comunicado. Todo el día en Instagram y YouTube Kaley tiene hoy 20 años, pero los hechos que se han juzgado se remontan a cuando era una niña de 10 años. Aunque, según ha explicado ella, todo empezó incluso antes: comenzó a usar YouTube con 6 años y con 9 ya estaba en Instagram. Poco a poco dejó de existir el mundo. Se pasaba todo el día en Instagram y YouTube, desde que se despertaba hasta que se dormía. "Dejé de relacionarme con mi familia porque estaba pasando todo mi tiempo en las redes sociales", dijo la joven al jurado en Los Ángeles. A Kaley le dejó de importar la realidad, la física, la de las interacciones hunanas. Importaba gustar en redes. Para ello no se limitó a tener un perfil sino varios, cuenta BBC News. Creó decenas de cuentas en ambas plataformas para gustar y gustarse: en Instagram, selfies y en YouTube, vídeos en los que cantaba. Cuando no publicaba, veía fotos y vídeos en ambas redes sociales durante horas y horas. Y así fue que comenzó a salir menos, de casa y hasta de su habitación. El resultado es que, de hecho, cada vez le costaba más interactuar con seres humanos de carne y hueso, incluida su familia. Kaley vivía para obtener likes y si no los conseguía, o no en número que ella considerara suficiente, su autoestima se derrumbaba. Fallar en redes comenzó a generarle ansiedad, inseguridad y hasta depresión (le fue diagnosticada años más tarde). Tenía 10 años. Eso fue el inicio, porque detrás vinieron el desarrollo de dismorfia corporal y las autolesiones. Comenzó a obsesionarse con su apariencia física. Lo que no le gustaba de sí misma —su nariz le parecía demasiado grande y sus ojos, demasiado pequeños— lo modificaba con los filtros de Instagram. Le diagnosticaron dismorfia corporal, una condición que hace que la persona se preocupe tanto por su apariencia física que no se vea a sí misma. Kaley empezó a ir a una terapeuta cuando sólo tenía 13 años. Durante el juicio, cuando a Kaley se le preguntó si su vida sería mejor si nunca hubiera usado plataformas como Instagram, su respuesta fue clara: "Sí". Hoy, con 20 años, sigue usando las redes sociales, pero ha recuperado a su madre, con quien tiene una relación cariñosa, y trabaja mientras estudia. De hecho, no descarta hacer una carrera en la gestión de redes. Un precedente que amenaza las cuentas de Meta y Google El dinero que tendrán que Meta y Google tendrán que pagar a esta joven es poco para estas compañías, dos de los mayores vendedores de publicidad del mundo (Zuckerberg se acaba de gastar 170 millones en una mansión). El problema para estos gigantes es el precedente que sienta el caso de Kaley. La victoria judicial de esta joven, señalan los analistas, puede alterar décadas de precedentes legales y culturales que han tratado a las plataformas como meros repositorios de lo que generamos los seres humanos. El fallo de Los Ángeles envía a la industria tecnológica un mensaje: pueden ser responsables ante la ley, tal vez no de lo que publican los usuarios, pero sí de cómo han diseñado sus plataformas para "engancharlos". Miles de otros casos similares al de Kaley están ya en proceso en el sistema judicial estadounidense. Se calcula que allí hay más de 1.500 demandas similares presentadas por familias, distritos escolares y fiscales estatales. Será inevitable que todos ellos se vean afectados en mayor o menor medida por el resultado de este primer juicio, la victoria de Kaley.