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La última víctima del clan de los 'afiladores': «Ya no podía más, les pagué 9.000 euros y me pedían otros 10.000»

2026-01-30 - 01:15

Javier (nombre ficticio) tiene 44 años y trabaja desde siempre en el sector de las instalaciones industriales, primero en el negocio familiar y desde hace unos años al frente de su propia empresa. Entre su cartera de clientes aparecen sobre todo firmas de alimentación, con las que mantiene encuentros periódicos tanto en su nave, ubicada en un polígono del sur de Madrid, como en las sedes y oficinas de tales compañías. Una circunstancia clave para explicar el porqué cayó en la trampa del clan de los ‘afiladores’ , una banda de extorsionadores a la que la Policía Nacional asestó un duro golpe gracias, entre otras, a denuncias como la suya. Todo comienza en marzo del año pasado, cuando Javier está fuera manteniendo una de las citadas reuniones. «El primer día que se presentan tenía a dos trabajadores en el taller», recuerda, antes de que uno de estos empleados le llame por teléfono para contarle que estas personas se habían ofrecido para afilar una serie de brocas. «Yo la verdad es que no les hice ni caso, de esto que no sabes bien ni que es lo que quieren», añade, antes de decirle a los suyos que rechacen cualquier propuesta. Pero los inesperados visitantes no van a cejar en el empeño. Días después, acuden de nuevo a la nave para insistir en su propósito, pero esta vez con una demostración gratuita para establecer una relación de confianza. Javier tampoco está en el taller, por lo que vuelve a ser contactado por un compañero y ahí, con la cabeza puesta en otras cosas, le dice a este que haga lo que crea. Craso error. Los supuestos afiladores, expertos en marear la perdiz, consiguen llevarse una hoja de sierra y varias brocas y coronas. A partir de ahí, y a diferencia de otros casos en los que realizan una llamada intermedia (para advertir a su víctima que durante el afilado han tenido un percance con su propia maquinaria), a Javier directamente le piden dinero por el supuesto trabajo. Para ello, regresan solo con las brocas y le desgranan un presupuesto a todas luces desproporcionado: entre 1,80 y 2 euros por cada milímetro cuadrado que tenga la herramienta en cuestión. «Un disparate, y más cuando todo el material que se llevaron no supera los 500 euros», resume el damnificado, sin salir de su asombro al conocer la cifra que le exigen abonar: más de 3.000 euros. Su interlocutor, un tal Francisco (también nombre ficticio), justifica la cantidad en base al mal estado de las brocas y a la necesidad de aplicarles un tratamiento con un aceite especial, algo totalmente infundado. La conversación sube de tono y no tardan en salir las primeras amenazas. «Me empieza a decir que él no quiere mandar a los drogadictos que tiene en la Cañada a

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