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La lucha de María por enseñar primeros auxilios en las aulas tras el atragantamiento de su hijo

2026-03-01 - 08:43

El 2 de enero, mientras la mayoría de los españoles apuraba las últimas celebraciones de Año Nuevo, la cordobesa María Díaz vivía los 30 segundos más largos de su vida. Su hijo, de seis años, cenaba un perrito caliente cuando la salchicha se le quedó atascada en la garganta, impidiéndole respirar. En ese momento, a María se le pasó de todo por la mente: "Incluso pensé en ir a la cocina, coger un cuchillo y abrirle la garganta, imagina la angustia que sentía". En un momento de pánico y desesperación, hizo lo que ahora sabe que no debe volver a repetir en un atragantamiento: "Le metí los dedos en la boca con la intención de hacerle vomitar, palpé la salchicha y tiré con tanta fuerza que logré extraerla", relata a 20minutos. En el proceso, le arañó y salió un poco de sangre pero consiguió que su hijo volviera a respirar. Aquel episodio no ha dejado secuelas físicas ni psicológicas en el menor, de hecho, se quedó dormido poco después del accidente. María, por el contrario, pasó la noche en vela comprobando que su pecho subía y bajaba con normalidad. Tres días después, el 5 de enero, aún con el "runrún" en la cabeza, se acercó a un puesto de Cruz Roja instalado en la cabalgata de Reyes y pidió que le explicaran cómo actuar correctamente ante un atragantamiento. Fue entonces cuando una voluntaria le habló de algo que le sorprendió. Según la profesional, hace años se impartían en los colegios talleres de primeros auxilios adaptados a la edad del alumnado, una práctica que ya no se realiza en la mayoría de los centros. María nunca había sido beneficiaria de dicha iniciativa por lo que no supo como ejecutar los primeros auxilios cuando su hijo se ahogada. Lo máximo que había hecho por su cuenta había sido leer sobre la maniobra pero sin practicarla: "Intenté hacerla porque he leído cosas, pero no la había hecho nunca y no me salió bien". Esa es, según su testimonio, la constante que ha detectado desde que empezó a contar su experiencia a sus conocidos, muchas personas no saben cómo actuar ante esta clase de situaciones: "La mayoría piensan en hacer la maniobra pero no saben ejecutarla. Normalmente es un vecino o un desconocido quien acaba ayudando a la víctima". La mayoría piensan en hacer la maniobra pero no saben ejecutarla" María explica que cuanto más hablaba del tema, más compartían con ella "verdaderas historias de terror". Una madre le contó que vio cómo su hijo de dos años se ponía morado tras tragarse un caracol entero, al final fue un hombre sentado en el puesto quien lo cogió y le dio un fuerte golpe, "entre los omóplatos", salvándole la vida. Otra mujer narró que salió a la escalera pidiendo auxilio y fue una vecina quien realizó la maniobra. También hay relatos con el peor desenlace posible, la muerte del menor. "Si hablo con tres personas, a dos de ellas les ha ocurrido algún accidente similar", asegura. Tras el goteo de testimonios, María se animó a lanzar una recogida de firmas para pedir que la formación en primeros auxilios se imparta en los colegios. En pocas semanas han alcanzado más de 40.000 adhesiones. Su propuesta consiste en realizar talleres breves en las aulas, incluso de un solo día, con recordatorios anuales para fijar los conocimientos aprendidos. "No hablo de una asignatura que ocupe un trimestre, ni que aumente la carga lectiva, estamos pidiendo un contenido anual de entre dos y cuatro horas. Esto puede suponer la diferencia entre que tu hijo viva o no". En el colegio de su hijo, un centro público del barrio cordobés de Ciudad Jardín, el AMPA ya ha movido ficha. Junto con algunos voluntarios de Cruz Roja han organizado un taller gratuito y voluntario por la tarde, abierto a todos los miembros de las familias, en el que se han abordado nociones básicas como la reanimación cardiopulmonar (RCP) y cómo actuar ante un atragantamiento. "Los niños de hoy son los adultos del mañana. Es una forma de que llegue a todos", defiende. Los niños de hoy son los adultos del mañana. Es una forma de que llegue a todos" A su juicio, la formación debería empezar desde infantil, y no tratar solo los primeros auxilios sino también los riesgos de la electricidad, los productos que puedan resultar tóxicos o qué hacer ante un incendio. El caso de su hijo, que ya había sufrido otros sustos domésticos —desde electrocutarse hasta mojarse el pelo con lejía— refuerza su convicción de que la prevención debe enseñarse pronto. "Si de pequeños te están diciendo cuidado con esto, no hagas esto, creo que se evitarían muchos accidentes", afirma. La ayuda profesional para superar el trauma Más allá del susto inmediato, el atragantamiento de un menor puede acarrearle traumas y una mala relación con la comida. Esta madre cordobesa cuenta que la hija de su prima dejó de comer alimentos sólidos durante dos semanas después de atragantarse con un hielo que, por suerte, terminó derritiéndose en su garganta. La menor tuvo que recibir ayuda profesional para superarlo. La psicóloga infantil Raquel Andrés ha explicado a 20minutos que estos sucesos pueden convertirse en una vivencia traumática para un menor. "Se ha comprometido su integridad física por lo que crean una respuesta de protección que cambia por completo la relación que tienen con la comida", remarca la profesional. Ese cambio puede manifestarse en tres niveles: emocional, cognitivo y conductual. El menor puede empezar a evitar ciertos alimentos, rechazar ir a lugares o incluso aislarse en eventos sociales" A nivel emocional, el menor puede experimentar inestabilidad en el estado de ánimo, pesadillas o pensamientos recurrentes que reviven el episodio con intensidad. En el plano cognitivo, "surge un miedo persistente a que vuelva a ocurrir", acompañado de pensamientos catastróficos. El menor también puede "empezar a evitar ciertos alimentos —incluso todos los sólidos—, rechazar asistir a lugares o situaciones que le recuerden al suceso y aislarse en eventos sociales como cumpleaños o meriendas". La psicóloga recalca que si no se trata podría derivar en una fobia específica a masticar o tragar unida a la pérdida de peso, la ansiedad o incluso la depresión. María es consciente de que su hijo tuvo suerte y denuncia que "si hubiera recibido formación probablemente lo habría hecho bien y se habría quedado en un susto mucho más leve". Mientras tanto, su iniciativa sigue creciendo en el portal de Change.org. Lo que empezó con un accidente doméstico se ha convertido en una pregunta colectiva: qué sabemos hacer cuando, de pronto, alguien deja de respirar frente a nosotros.

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