La mayoría de los que dejan Ozempic recuperan el 60% del peso: así se evita
2026-03-04 - 20:13
La nueva generación de fármacos contra la obesidad, basados en el receptor GLP-1, ha transformado el abordaje de esta enfermedad, permitiendo pérdidas de peso drásticas de hasta el 20% en algunos pacientes. Sin embargo, la gran incertidumbre para los usuarios de estos fármacos, también para el sistema sanitario que lo financia, es qué ocurre cuando se suspende el tratamiento , ya sea por efectos secundarios, coste o fin de la prescripción. Esta semana, un exhaustivo estudio de la Universidad de Cambridge, publicado en la revista ' eClinicalMedicine ' (del grupo The Lancet) pone cifras a esa inquietud: la recuperación de peso es rápida , pero existe una «ventana de éxito» que permite conservar parte de la pérdida. Tras analizar 48 estudios previos y realizar un complejo modelo estadístico aplicado a más de 3.200 pacientes, el equipo de investigadores británicos ha determinado que, doce meses después de dejar de pincharse fármacos como Ozempic o Wegovy, los usuarios recuperan de media el 60% de los kilos perdidos . No obstante, el hallazgo clave del estudio es que esta ganancia tiende a frenarse. Según las proyecciones de los científicos, el rebote toca techo en torno a las 60 semanas , permitiendo que los individuos mantengan, de forma sostenida, una cuarta parte de la pérdida de peso inicial. Para Steven Luo, investigador de la Facultad de Medicina Clínica de Cambridge y coautor del trabajo, la diferencia entre recuperar todo el peso o salvar ese 25% reside en cómo se gestione el periodo de tratamiento . «Es fundamental que las personas reciban asesoramiento para mejorar su dieta y realizar ejercicio, en lugar de confiar únicamente en los medicamentos», advierte Luo. Según el investigador, la verdadera clave para no volver al punto de partida es aprovechar el efecto de saciedad del fármaco para consolidar nuevos hábitos que perduren cuando la ayuda química desaparezca. Los investigadores sugieren que si el paciente ha logrado reducir el tamaño de sus porciones o ha equilibrado nutricionalmente sus platos mientras tomaba la medicación, esos hábitos pueden actuar como un contrapeso al hambre que regresa tras el abandono del fármaco. Además, existe la posibilidad de que el tratamiento logre «resetear» parcialmente los mecanismos de control del apetito en el cerebro, permitiendo que el rebote no sea total. Sin embargo, el estudio también lanza una advertencia seria sobre la composición corporal. Brajan Budini , otro de los autores principales, señala que durante la pérdida de peso inicial una parte importante (hasta el 40%) es masa muscular. El peligro real aparece en el rebote : «Si el peso recuperado es desproporcionadamente grasa, los individuos podrían terminar en una situación peor que la inicial en cuanto a su salud metabólica», explica Budini. Este hallazgo refuerza la tesis de que el fármaco no debe ser una terapia aislada . Dado que la mitad de los pacientes abandona el tratamiento antes de cumplir el primer año, los médicos deben preparar al paciente para el «día después», enfatizando que el ejercicio de fuerza y la reeducación alimentaria son los únicos seguros de vida para evitar que el 60% de recuperación se convierta en un 100%.