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La miniserie británica de época que tienes que ver en cuanto acabes 'Los Bridgerton': un referente exquisito de la BBC

2026-03-28 - 19:30

Es un hecho universalmente aceptado que, entre temporada y temporada de Los Bridgerton, todo espectador buscará otras series románticas de época para paliar su abstinencia. Algo que se vuelve aún más patente este año, con la cuarta temporada del show de Netflix dejándonos huérfanos en espera de su segunda parte. Pero no te preocupes, porque nosotros tenemos el remedio a tus pesares. Si te has bebido la historia de Benedict (Luke Thompson) y Sophie (Yerin Ha) como la última taza de té en el desierto, aquí llega este show (disponible en Prime Video) con el que puedes batir todos los récords de exquisitez british en seis horas. Porque hablamos de nada menos que la mítica adaptación de Orgullo y prejuicio con Colin Firth. El altivo señor Firth y su camisa mojada Aunque ahora le consideremos una estrella por derecho, el Colin Firth de 1995 no llegaba ni de lejos a ese perfil. Si bien había rodado títulos notables en los 80, como su debut Otro país o la serie Los imperios perdidos, el aura de joven promesa le abandonaba y su carrera estaba cerca del punto muerto. Menos mal que Jane Austen acudió a su rescate. En realidad, fue el director Simon Langton (responsable de series clásicas como Los hombres de Smiley y Jeeves y Wooster) quien recurrió a Firth para esta miniserie, escrita por Andrew Davies (guionista de, mira tú, El diario de Bridget Jones). Pero el mérito de imaginar al señor Darcy le corresponde a la reina de la literatura inglesa, así como a Firth el de hacerle justicia al galán. Y esa justicia se traduce en que, durante al menos la mitad de la serie, el Darcy de Firth es un sujeto antipático y clasista que parece moverse por la vida con un palo en salva sea la parte. Claro que esto es solo parte de su caracterización, porque según avanza la historia le vemos desplegar sus encantos, algunos de índole física: para la historia queda esa escena con la camisa mojada que, pese a los años, sigue sacándole los colores al público. A Jennifer Ehle, por su parte, le corresponde dar vida a Elizabeth Bennet. Algo que esta actriz desempeña con mucha más ligereza que otras: en lugar de mostrarse atormentada e intensita, su Lizzy es sonriente, tierna y pacienzuda sin dejar por ello de ser una criticona y una chinche. Lo cual transmite con eficacia las ideas de Austen sobre los peligros del amor a primera vista y sobre unas apariencias que, a la larga, suelen engañar. Menos colores, más emoción (y más risas) Ahora bien: quienes se acerquen a Orgullo y prejuicio tras haberse empapado de Los Bridgerton necesitan tener clara la diferencia entre ambas. Si la serie producida por Shonda Rhimes es un trabajo de fantasía histórica, cuya ambientación es más bien un pretexto para venirse arriba con el vestuario y el diseño de producción, su predecesora se enorgullece tanto de su meticulosidad histórica como de su fidelidad a la novela. En la historia del señor Darcy y la señorita Bennet hay poco lugar para bailes de máscaras a todo lujo y vestidazos que quitan el hipo. Lo que tenemos, en cambio, es una reconstrucción primorosa de la Inglaterra de la Regencia, ajustada a los parámetros de lo que ha venido a llamarse 'cine de tacitas' (o TV, en este caso). Lo que perdemos en 'brilli brilli', todo sea dicho, lo ganamos en sutileza... y también en sonrisas. Porque otro de los grandes méritos de esta serie es no olvidar que la obra de Jane Austen es una comedia. Una comedia basada tanto en las costumbres matrimoniales de su época como en (¡cielos!) las diferencias de clase entre los dos protagonistas. La dirección de Simon Langton y los guiones de Andrew Davies siempre nos recuerdan que, además de por sus personalidades, Darcy y Lizzy chocan porque el primero es un ricachón y la segunda viene de una familia de paletos (bien situados, pero paletos) de Hertfordshire. Los cuales, para colmo, pueden dar mucha vergüenza ajena: te retamos a imaginarte aguantando a la señora Bennet (una formidable Alison Steadman) sin anhelar una muerte piadosa. Una adaptación que hizo historia Durante su emisión en Reino Unido y EE UU, Orgullo y prejuicio se llevó de calle al público y la crítica. Aunque algunos medios estadounidenses, como People, la consideraron "demasiado lenta" para el público del otro lado del Atlántico, las audiencias mostraron hacia ella un entusiasmo que dura todavía hoy: no en vano se la ha mencionado como la mejor adaptación de la novela jamás rodada, y una de las mejores series de época de todos los tiempos. Ese entusiasmo se reflejó, aunque tímidamente, en la temporada de premios. El show fue nominado a cuatro premios Emmy, de los que ganó el de mejor vestuario. A los BAFTA, por su parte, concurrió en seis categorías, que se saldaron con otra victoria para Jennifer Ehle: Firth tuvo que conformarse con su segunda nominación como actor principal en TV (la primera, por la serie Tumbledown, le había llegado en 1989). Hoy en día, Orgullo y prejuicio sigue teniendo legiones de fans. Y es probable que uno de ellos sea Greta Gerwig, si recordamos el memorable guiño que se llevó en Barbie. En cuanto a Colin Firth, es una de las mayores estrellas de cine del mundo, y posiblemente el actor británico más popular de nuestra época: quién le iba a decir que pasearse por la campiña con una camisa empapada iba a llevarle tan alto...

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