La miniserie francesa más seductora de Apple: reparto de lujo y tensión cocinada a fuego lento en este thriller
2026-03-20 - 17:10
Si uno echa un vistazo a los últimos años de desembarco de Apple TV en Europa, se puede constatar la filia británica de Jay Hunt, que venía de Channel 4, canal público británico, antes de convertirse en la directora creativa de Apple para todo el contenido de la zona europea. Fuera de la industria anglófona, los intentos de la manzana mordida por hacer producciones que atraigan nuevos suscriptores hacia su plataforma son escasos, tímidos y, en algún caso, un tanto torpes. En España tuvimos Now & Then, discretísima serie de Bambú producciones que pasó sin pena ni gloria, y luego Tierra de mujeres con la misma productora y el fichaje de Eva Longoria, pero también mismo resultado. No le fue mejor a la comedia romántica A muerte, intento de resucitar cierto espíritu buenrollista-albert-espinosiano pero con Dani de la Orden, sin mayor recorrido. Más suerte ha tenido Alemania, cuyas Buscando a Wanda y KRANK: Berlín al límite están ambas renovadas para una segunda temporada, con su comedido pero existente fidelización. ¿En Francia? Pues un poco entre el caso español y el alemán. La Maison, serie sobre la alta costura al calor estético de El hilo invisible, pero sin el talento de Cristóbal Balenciaga, se lució en la pasarela para desaparecer acto seguido. Algo parecido le ocurrió a Carême, chef de reyes, que sigue en el limbo de producciones caras que no terminaron de convencer. Por su parte el live-action del manga Las gotas de Dios parece vivir un buen momento, con una buena acogida de la segunda temporada y un final abierto a posibles continuaciones. En este panorama se estrena Furtivo, un thriller rural a los pies de los Alpes con un plantel de lujo: al veterano Benoît Magimel le acompañan una estrella internacional como Mélanie Laurent, y unos sólidos secundarios interpretados por Damien Bonnard, Cédric Appietto y Manuel Guillot. Un thriller cocido a fuego lento, con no pocas virtudes especialmente en el terreno actoral que, sin embargo, se ve lastrada por un guion demasiado celoso de sí mismo. Una serie de catastróficas desdichas En la pequeñísima comuna francesa del departamento de Saboya, Allondaz, que no llega ni a los doscientos habitantes, un grupo de hombres de mediana edad curtidos en la vida rural, sale a cazar para pasar el finde. Un plan muy de hombres: le pegan un tiro a algún jabalí, dan buena cuenta de la pieza con un civet, un estofado tradicional, y luego se emborrachan en una cabaña. En uno de esos findes reservados para dilatar una masculinidad tensa y férrea, algo sale terriblemente mal. Adentrados en los riscos, bosques y senderos a los pies de los Alpes, alguien les dispara en repetidas ocasiones. Una bala roza el cráneo de uno de ellos: apuntaban a matar. En respuesta, y para ahuyentarlos y ganar tiempo para escapar del asedio cazador, Franck (Benoît Magimel) devuelve los disparos y uno de ellos da con uno de sus perseguidores. De vuelta a sus hogares todos se preguntan: ¿Qué ha pasado en el bosque? ¿Quién les intentaba cazar? El 'accidente' pone en marcha un dominó fatal. Una bala activa un mecanismo narrativo que, como buen thriller rural, desvela una red de mentiras, trifulcas, secretos, drogas y criminales de la que no se libra nadie. Y la aparentemente pacífica vida de Franck y la de sus amigos, hombretones de pueblo, empieza a desmoronarse. Parece inevitable que la sangre llegue al río. Basada en la novela del americano Douglas Fairbairn, Furtivo maneja con oficio muchas de las bondades de un buen thriller rural. Un paisaje abrumador se cierne sobre la psique de personajes que siempre tienen algo que esconder. Las relaciones se establecen más por cercanía y necesidad que por libre elección y afinidad. El afecto y la lealtad son puestos a prueba al mínimo revés porque todo pende, siempre, de un hilo. Y un cadáver altera la vida de una comunidad hasta cambiarla completamente. El guionista y realizador francés Cédric Anger acierta con un casting divino. Las tiranteces del matrimonio formado por Benoît Magimel y Mélanie Laurent se convierten en el nexo de más interés, porque ambos ofrecen una interpretación más que sólida, seductora. Mientras que el primero —que por cierto repite con el realizador tras el thriller L’avocat (2010)— ve cómo se resquebraja su fachada de padre de familia y dueño de un negocio respetado, perdiendo los estribos y la razón a medida que se ve envuelto en asuntos cada vez más turbios, la segunda ofrece un contraste de razón y realismo. Laurent, en su papel de única doctora de la zona, va ganando peso narrativo con el desarrollo de la historia, ofreciendo un rol cuyo desgaste no le impide hacer lo correcto. Es la brújula moral del espectador frente a las decisiones erráticas y erróneas de Franck. Y su arco dramático, que investiga la desaparición de una joven huérfana que puede estar relacionada con un oscuro asunto de trata, llega incluso a ser más interesante que el declive del grupo de cazadores de Franck. Y ahí, la historia empieza a descompensarse. A la caza del hombre Furtivo está dispuesta en su guion como una auténtica cacería, en el cual la presa es el grupo de amigos de Franck. Él intenta responder sin saber bien cómo, acorralado por sus propios errores de juicio y sus demonios y mentiras, pero a su alrededor sus amigos se desmoronan. El personaje de Manuel Guillot siente que le acosan, como un gato a un ratón, y juegan con su mente hasta hacerle perder el juicio. El de Damien Bonnard carga con la herida de bala, pero también con la culpa de creer que todo lo que ocurre es debido a sus vicios, mientras que el de Cédric Appietto lidia con una rabia y un malestar masculinos que le convierten en una persona violenta que jamás pensó que sería. Así, Furtivo es también la caída en desgracia de una manada de hombres con modelos de masculinidad reaccionaria, incapaces de afrontar los problemas de otra forma que no sea la autodestrucción o la violencia. Sumiendo la trama en una espiral tan hipnótica como lenta en su movimiento rotatorio. Furtivo ofrece revelaciones e información relevante a cuentagotas y, a veces, deja caer destacados elementos de la trama de forma torpe. Y eso lastra su desarrollo, poniendo a prueba la paciencia de cualquier espectador, hasta el más avezado. Su ritmo se vuelve errático pero implacable por momentos. De tal forma que uno, o decide conscientemente perderse en Allondaz, o se arma de paciencia, pues el guion compensa solo a su debido tiempo. Por el camino, este thriller rural galo ofrece sin duda algunas interpretaciones de altura, destacando unos estupendos Magimel y Laurent, convertidos en una dupla interpretativa magnética cuanto más se separan sus caminos, y más se enfrentan sus posiciones. ¿La trama criminal? Con sus altibajos, cumple el objetivo de poner en aprietos a personajes cuya vida respirando el aire de montaña tras una dura jornada laboral se viene abajo de formas sorprendentes.