La miniserie polaca basada en hechos reales: la médica que desafió a un Estado para salvar a niños intoxicados
2026-02-02 - 19:15
El diagnóstico de las series médicas es que están mejor que nunca. Al menos, desde el punto de vista de los premios, ya que The Pitt ha sido elegida la mejor serie de drama, algo que no consiguieron ni House ni Urgencias. El único problema de The Pitt es su gran ventaja: es tan adictiva que te durará poco y te dejará con ganas de más. Y justo ahí entra Niños de Plomo, disponible en Netflix España desde el 11 de febrero. En total, Niños de plomo tiene seis episodios, que estarán todos disponibles en cuanto Netflix libere el primero en su catálogo. La miniserie, en principio conclusiva, es obra de la compañía Orient-Film y todo su equipo es polaco. Sin embargo, eso no significa que no haya nombres, en el elenco, que te resulten familiares. Entre ellos, destaca la actriz Joanna Kulig, presente, quizá, en los dos títulos polacos más celebrados de los últimos años, Cold War, el cual protagoniza; e Ida, con un papel más secundario. También merece mención Zbigniew Zamachowski, protagonista de Blanco, rodada junto a Julie Delpy, y parte central de la soberbia trilogía de Krzysztof Kieślowski. ¿De qué trata 'Niños de plomo'? Basada en un caso real, Niños de plomo recrea un episodio traumático acaecido en la Polonia de los setenta. Durante aquellos años, varios niños comenzaron a presentar síntomas de una enfermedad llamada saturnismo, varias veces considerada como agravante o incluso como enfermedad fatal del pintor Francisco de Goya, y que provoca el contacto con el plomo. El problema es que nadie sabía de dónde provenía ese plomo. Temiendo una contaminación que el estado estuviera encubriendo, este mismo estado se anticipa y, en lugar de paliar su posible culpabilidad con aperturismo total, intenta bloquear la publicación de la epidemia. La doctora central de esta serie, una de las encargadas de detectar los casos de saturnismo, asiste estupefacta a una investigación política del propio hospital con el propósito de tapar cualquier filtración y asegurarse de que los médicos no se inventaban los diagnósticos con tal de dañar al gobierno. La médico protagonista se enfrentará entonces a un dilema entre una ética que pone al paciente sobre todas las cosas y la conservación de su propio empleo, o quizá incluso de su libertad. Y no tarda demasiado en tomar su decisión: en seguida opta por respaldar sus veredictos profesionales, aunque eso la ponga en la lista negra del estado.