TheSpaineTime

La miniserie que más recomiendo a todo el mundo es una historia de amor que me hizo sentir como una auténtica villana

2026-03-19 - 19:10

El ser humano tiene un don especial para compadecerse de los desgraciados y ser, a su vez, la causa misma de su desgracia. Dua Lipa y Callum Turner no pueden pasear sin que los paparazzis les corten el paso, y Zendaya y Tom Holland lidian con imágenes hechas por IA de su supuesta boda. Vivimos enganchados a las redes sociales, consumiendo esas imágenes exclusivas que todos queremos ver, y después ponemos Love Story en Disney+ y criticamos cómo medios y público trataron a John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette. Es lo que pasa cuando se humaniza a aquellos que, solo por salir en una pantalla, en anuncios, en escenarios y en periódicos, se ha decidido que no son gente normal y que, por alguna razón, nos deben sus vidas privadas al resto, que sí somos gente de a pie. La propia serie, que repasa la historia de amor entre el hijo de JFK (Paul Anthony Kelly) y la publicista de Calvin Klein (Sarah Pidgeon), es una contradicción en sí misma, pues ahí está, avisándonos del daño que podemos llegar a hacer, pero volviendo a recrearse en el resultado trágico de todo aquello. Dice la ficticia Jackie Kennedy (Naomi Watts) a su hijo al inicio de la serie que el público siempre tiene una rosa en una mano y una piedra en la otra. No hace falta irse a los años 90 para recordarlo ¿verdad, Timothée Chalamet? Tan rápido adoramos a alguien como desatamos nuestra ira contra él y, aunque para nosotros solo sea una fotografía en redes sociales o un meme en internet, fácilmente olvidamos que, para ellos, es su propia vida a la que nos asomamos, muchas veces sin permiso, solo con el fin de pasar el rato. Sí, Love Story es la historia de uno de los Kennedy, de aquel apuesto y galán soltero que encontró el amor en la chica más elegante e inesperada, pero es, sobre todo, la historia de cómo el mundo del entretenimiento se cargó la carrera de una mujer que pudo haber alcanzado el éxito en la industria de la moda cuando todavía no era un nombre en los periódicos. Es, también, nuestra propia historia como eternos espectadores, esa llena de errores que no paramos de repetir, incluso tras ver series como esta. Esa podrías haber sido tú "Aviso para puristas", parece decir el inicio de cada episodio, cuando aparece esa frase en pantalla en la que se afirma que cada capítulo puede contener escenas dramatizadas a favor de la trama. La propia ex de JFK Jr., la actriz Daryl Hannah, ha criticado la manera en la que se la presenta, en definitiva y resumiendo, como la mala de la película. Ni esas fiestas con drogas de por medio fueron reales, ni tampoco comentarios insensibles comparando la muerte de una madre con la de su perro. Pero ya sabemos que todo lo que se muestre entre cuatro paredes no tiene por qué haber sucedido. Aquellos que consideren que una serie va a poder recrear todo lo que pasó, cuando la realidad es que solo hemos visto unas cuantas fotografías robadas en vacaciones o en el portal de casa, allá ellos. Love Story es, claramente, una dramatización, pero una que se justifica cuando se trata a los protagonistas con tanto respeto -lo sentimos por Hannah, la única a la que le ha fallado- y consigue remover algo en nosotros, los verdaderos villanos de la historia. Pedir que gracias a ella dejemos de acosar a los famosos seguramente sea, aunque muy injustamente, demasiado. Y menos ahora que cualquiera puede contribuir al discurso en redes sociales. Nosotros mismos lo estamos haciendo al escribir sobre ello, y la propia serie lo vuelve a hacer al devolvernos a aquellos trágicos años 90. Pero ¿cómo sacar estos temas a relucir sin recrear la historia? Al menos lo hace con gusto, con una cinematografía muy cuidada, una banda sonora preciosa y unos protagonistas muy bien escogidos, completamente hipnotizantes y con los que aprovechamos para celebrar que se dé la oportunidad a caras no tan conocidas hasta el momento -Hollywood sufre mucho de la falta de ellas y está demostrado que no siempre son necesarias para llevar una producción al éxito-. En uno de los epsiodios, Carolyn ve en un escaparate una fotografía de su marido y un vestido de novia en un maniquí, acompañados de la frase "Podrías haber sido tú". Una tortura para ella, una esperanza para el resto de mortales de aquella época y un recordatorio para nosotros de que, efectivamente, la triste y humana vida de Carolyn Bessette podría haber sido la de cualquiera. Porque, repetimos, era humana, y lo único que nos separa de ella es la suerte de que nosotros somos personas anónimas.

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